sábado, 30 de septiembre de 2006

Razonamiento lógico y falacias

Últimamente le he agarrado el gusto a la idea de la lógica. Digo idea porque, salvo por la construcción cotidiana en mi cabeza de la compleja retícula de ideas y recuerdos y aparatosos ejercicios empíricos de argumentación racional que rigen mi pensamiento, mis conocimientos acerca de la lógica como ciencia y como proceso son bastante limitados.

Me gusta particularmente el hecho de que la lógica puede proveer, cuando se emplea con fundamento, un acercamiento preciso a aquello que solemos conocer como "la verdad". Cuando el razonamiento es inadecuado y las premisas sobre las cuales éste se basa son concatenadas de forma incorrecta las conclusiones no son ciertas. O pensamos bien o caemos en el oscuro mundo de las falacias.

Existen muchos tipos de falacias y a todas ellas estamos expuestos, bien por nuestros interlocutores, por algún medios de comunicación o por nuestros propios cerebros, quienes, querámoslo o no, a veces se empeñan en autoengañarnos . Quien se interese por este asunto puede revisar esta página que encuentro muy ilustrativa (en inglés): http://www.nizkor.org/features/fallacies.

viernes, 29 de septiembre de 2006

El Camino de El Dorado

Estoy terminando de leer "El Camino de El Dorado" de Arturo Úslar Pietri. Es la historia del malvado Lope de Aguirre y la desventurada expedición en la que acompañara a Pedro de Ursúa en la búsqueda del mítico reino de los Omaguas.

En 1560 un nutrido grupo de codiciosos aventureros, junto con sus indios y bestias, se aventuró río abajo por el Marañón y el Amazonas con la esperanza de hacerse con las incalculables riquezas que se hallaban en El Dorado, con su capital de oro y su rey todo cubierto de este precioso metal.

Lo notable no fue que encontraran nada más que agua, selva interminable, muerte y penurias en su travesía, sino que muchos lograran escapar de la verde vastedad. Aguirre eventualmente llegó al Océano Atlántico, zarpando hacia la Isla de Margarita. Afianzando su figura de tirano y, guiando a su tropa, sembró la ira de Dios por tierras venezolanas.

Es un libro históricamente preciso, fácil de leer, recomendable para los que quieran saber un poco más sobre esta cruenta faceta de nuestra historia pasada.

jueves, 28 de septiembre de 2006

Capsaicina y satisfacción

Un cuentico:

Mi amigo Gonzalo y su novia vinieron recientemente a Venezuela desde México y entre otras cosas trajeron una provisión abundante de chiles (ajíes) deshidratados; chupetas de fresa con chile en polvo; diversas variedades de pasta de tamarindo con sal, azúcar y chile (bien ricas por cierto); y algunas otras menudencias con chile propias de ese país, lugar donde la gente pareciera no tener la más mínima compasión con sus aparatos digestivos.

Me dejé arrastrar por este asunto y conseguí en la Internet que los chiles reciben su picor característico gracias una sustancia química denominada capsaicina que irrita los nervios de la nariz, la lengua y la garganta. Leí que la concentración de capsaicina se mide en unidades Scoville - la cual a su vez provee una idea de cuan picante es uno de estos chiles. Pero lo que más me interesó de estas lecturas no es tanto que el ají picante pique, sino que la gente esté dispuesta a someterse con gusto al dolor que produce su consumo.

Al respecto existen diversas teorías, una de ella señala que el picante induce a la perspiración y ésta reduce el calor corporal (muy útil en los climas cálidos). Otra teoría apunta hacia que el picante hace que el cerebro libere endorfinas, poderosos químicos que bloquean el dolor y crean una sensación de bienestar, lo que convertiría a los chiles en una especie de droga legalizada. Un profesor de psicología de la Universidad de Pensilvania tiene aún otra teoría: Comer ají picante es una forma de "masoquismo benigno" comparable con montarse en una montaña rusa o practicar un deporte de riesgo bajo condiciones seguras. En estas situaciones el cuerpo responde como si estuviera en peligro aunque conscientemente la persona sabe que no es así, lo que proveería cierta satisfacción del hecho de que la mente conoce algo que el cuerpo no. Cosas de los psicólogos.

Esto me puso a pensar y vi que, aunque difieren un poco en sus enfoques, todas esas teorías apuntan hacia una cuestión: Cómo una persona está dispuesta a asumir el sacrificio como elemento para conseguir satisfacción personal. Este quizás es un ejemplo tonto, pero da una idea de lo complejo que son nuestros comportamientos, sobre todo cuando se trata de perseguir aquellas cosas que en verdad nos gustan. En un plano más personal me atrevo a hacer una analogía sobre este comportamiento sencillo y la consecución de metas en nuestro proyecto de vida: Los retos son fuertes al principio, pero luego nos vamos habituando y si perseveramos un poco eventualmente obtenemos beneficios placenteros.

No les voy a decir que vayan por ahí autoflagelándose para ser más felices (aunque están en su derecho, por supuesto). Ojalá que todos puedan conseguir eso que que los haga sentirse satisfechos. No me refiero tan sólo a esos momentos ocasionales de placer intenso, sino a despertarse en la mañana tranquilos y serenos sabiendo que, a pesar de las preocupaciones cotidianas y las obligaciones, somos uno con el Todo.

Suena fácil, pero es un trabajo de todos los días y sí, a menudo requiere sacrificios de nuestra parte...

Consuelo dijo...

me ha gustado lo picante de este post...jejeje

pero tengo una duda, que puede que me la resuelvas con tu amigo, tengo unos chiles viejisiiiiiimos, muy viejos, diria que tiene como seis años (por cierto un regalo del Tachira) y quisiera saber si aun los puedo usar para hacer un picante? No sera nocivo, estan sequiiitos pero tienes sus pepitas todavia :) haran daño?

12:39 PM
Anónimo dijo...

Consuelito: No te recomiendo que uses un ají de tan larga data, pues ya debe haber perdido todo su aroma ,aunque posiblemente siga siendo picante.Nada como el bouquet del chile habanero fresco...

miércoles, 27 de septiembre de 2006

La curiosidad del otro

NA: Esto lo escribí hace un tiempo a una amiga que - frustrada por la irresponsabilidad de alguno de mis congéneres masculinos (¿la mía inclusive?) - declaró vehementemente su odio hacia todos nosotros.

La curiosidad es una cosa extraña, insaciable para muchos aunque no siempre placentera. En esta ocasión, sin embargo, el resultado sí fue gratificante y me pareció apropiado compartirlo contigo...

Según el DRAE, androfobia es la "aversión obsesiva hacia los hombres" y sería el equivalente masculino de "misoginia", palabra cuya raíz etimológica significa "odio hacia las mujeres".
La palabra androginia, aunque se parece más, no resulta apropiada dado que su significado es la "cualidad de las personas cuyos rasgos no se corresponden con los de su sexo" (de donde surge el término "andrógino" y que en mi código de comunicación coloquial-familiar suelo sustituir por la frase "niño-niña"). Un término parecido - "misantropía" - tampoco equivale exactamente a la forma masculina de la misoginia, puesto que el sufijo "antropía" hace referencia al ser humano en su conjunto.

Se me ocurre que pudiera emplearse este término - misantropía - para hacer referencia al hombre como género si apelásemos a la figura literaria de la sinécdoque, una especie metáfora que consiste en designar una cosa con el nombre de otra que no es más que una parte de ella o que constituye la materia de la ésta está hecha, etc. ¿Quién sabe? quizás en otro arrebato de curiosidad pueda determinar esta cuestión.

En cualquier caso el odio no es bueno, y en el mejor de ellos tampoco es divertido... por más que las palabras que sirvan para identificarlo suenen tan elegantes.