jueves, 28 de septiembre de 2006

Capsaicina y satisfacción

Un cuentico:

Mi amigo Gonzalo y su novia vinieron recientemente a Venezuela desde México y entre otras cosas trajeron una provisión abundante de chiles (ajíes) deshidratados; chupetas de fresa con chile en polvo; diversas variedades de pasta de tamarindo con sal, azúcar y chile (bien ricas por cierto); y algunas otras menudencias con chile propias de ese país, lugar donde la gente pareciera no tener la más mínima compasión con sus aparatos digestivos.

Me dejé arrastrar por este asunto y conseguí en la Internet que los chiles reciben su picor característico gracias una sustancia química denominada capsaicina que irrita los nervios de la nariz, la lengua y la garganta. Leí que la concentración de capsaicina se mide en unidades Scoville - la cual a su vez provee una idea de cuan picante es uno de estos chiles. Pero lo que más me interesó de estas lecturas no es tanto que el ají picante pique, sino que la gente esté dispuesta a someterse con gusto al dolor que produce su consumo.

Al respecto existen diversas teorías, una de ella señala que el picante induce a la perspiración y ésta reduce el calor corporal (muy útil en los climas cálidos). Otra teoría apunta hacia que el picante hace que el cerebro libere endorfinas, poderosos químicos que bloquean el dolor y crean una sensación de bienestar, lo que convertiría a los chiles en una especie de droga legalizada. Un profesor de psicología de la Universidad de Pensilvania tiene aún otra teoría: Comer ají picante es una forma de "masoquismo benigno" comparable con montarse en una montaña rusa o practicar un deporte de riesgo bajo condiciones seguras. En estas situaciones el cuerpo responde como si estuviera en peligro aunque conscientemente la persona sabe que no es así, lo que proveería cierta satisfacción del hecho de que la mente conoce algo que el cuerpo no. Cosas de los psicólogos.

Esto me puso a pensar y vi que, aunque difieren un poco en sus enfoques, todas esas teorías apuntan hacia una cuestión: Cómo una persona está dispuesta a asumir el sacrificio como elemento para conseguir satisfacción personal. Este quizás es un ejemplo tonto, pero da una idea de lo complejo que son nuestros comportamientos, sobre todo cuando se trata de perseguir aquellas cosas que en verdad nos gustan. En un plano más personal me atrevo a hacer una analogía sobre este comportamiento sencillo y la consecución de metas en nuestro proyecto de vida: Los retos son fuertes al principio, pero luego nos vamos habituando y si perseveramos un poco eventualmente obtenemos beneficios placenteros.

No les voy a decir que vayan por ahí autoflagelándose para ser más felices (aunque están en su derecho, por supuesto). Ojalá que todos puedan conseguir eso que que los haga sentirse satisfechos. No me refiero tan sólo a esos momentos ocasionales de placer intenso, sino a despertarse en la mañana tranquilos y serenos sabiendo que, a pesar de las preocupaciones cotidianas y las obligaciones, somos uno con el Todo.

Suena fácil, pero es un trabajo de todos los días y sí, a menudo requiere sacrificios de nuestra parte...

Consuelo dijo...

me ha gustado lo picante de este post...jejeje

pero tengo una duda, que puede que me la resuelvas con tu amigo, tengo unos chiles viejisiiiiiimos, muy viejos, diria que tiene como seis años (por cierto un regalo del Tachira) y quisiera saber si aun los puedo usar para hacer un picante? No sera nocivo, estan sequiiitos pero tienes sus pepitas todavia :) haran daño?

12:39 PM
Anónimo dijo...

Consuelito: No te recomiendo que uses un ají de tan larga data, pues ya debe haber perdido todo su aroma ,aunque posiblemente siga siendo picante.Nada como el bouquet del chile habanero fresco...

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