miércoles, 27 de septiembre de 2006

La curiosidad del otro

NA: Esto lo escribí hace un tiempo a una amiga que - frustrada por la irresponsabilidad de alguno de mis congéneres masculinos (¿la mía inclusive?) - declaró vehementemente su odio hacia todos nosotros.

La curiosidad es una cosa extraña, insaciable para muchos aunque no siempre placentera. En esta ocasión, sin embargo, el resultado sí fue gratificante y me pareció apropiado compartirlo contigo...

Según el DRAE, androfobia es la "aversión obsesiva hacia los hombres" y sería el equivalente masculino de "misoginia", palabra cuya raíz etimológica significa "odio hacia las mujeres".
La palabra androginia, aunque se parece más, no resulta apropiada dado que su significado es la "cualidad de las personas cuyos rasgos no se corresponden con los de su sexo" (de donde surge el término "andrógino" y que en mi código de comunicación coloquial-familiar suelo sustituir por la frase "niño-niña"). Un término parecido - "misantropía" - tampoco equivale exactamente a la forma masculina de la misoginia, puesto que el sufijo "antropía" hace referencia al ser humano en su conjunto.

Se me ocurre que pudiera emplearse este término - misantropía - para hacer referencia al hombre como género si apelásemos a la figura literaria de la sinécdoque, una especie metáfora que consiste en designar una cosa con el nombre de otra que no es más que una parte de ella o que constituye la materia de la ésta está hecha, etc. ¿Quién sabe? quizás en otro arrebato de curiosidad pueda determinar esta cuestión.

En cualquier caso el odio no es bueno, y en el mejor de ellos tampoco es divertido... por más que las palabras que sirvan para identificarlo suenen tan elegantes.

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