miércoles, 25 de octubre de 2006

¡Es su responsabilidad! recoja los excrementos de su mascota

Esta foto, que pudiera resultarle chistosa a alguno de mis compatriotas, fue tomada en Bogotá por mi amigo Christian Montoya a mediados de 2005. Me parece bastante divertido el diseño del cartel aunque más divertido me parece imaginarme a alguna señora venezolana sifrina, de esas que sacan a su perro a pasear todas las tardes, recogiendo el "abono orgánico" que va esparciendo la mascota por las áreas públicas de la ciudad.

No temo equivocarme cuando afirmo que la mayoría de los venezolanos desconoce el riesgo que representan las heces fecales caninas - el famoso "pupú de perro" - para su salud. En una interesante nota de prensa del Ministerio de Salud Peruano de enero de 2005, se señala que para ese entonces todos los parques públicos limeños estaban contaminados por excrementos caninos, lo que constituía un claro problema de sanidad pública.
De acuerdo a este estudio la contaminación con heces de perros puede ser de mayor o menor grado, pero el riesgo para la salud es alto porque los huevos de los parásitos flotan en el medio ambiente y pueden ser absorbidas por una persona al respirar.

Entre estos parásitos figura el toxocaro que ataca el globo ocular y genera estrabismo en los niños, pérdida gradual de la vista e incluso ceguera; el ancylostoma giarda ataca el aparato gastrointestinal; el toxoplasmosis puede provocar problemas en el globo ocular y también aborto en madres gestantes o retardo mental en el bebé. Además existen otros parásitos nocivos para el organismo humano.
¿Qué porcentaje de los parques venezolanos estará contaminado por heces caninas?

Y pensar que yo creía que si caminaba con cuidado esquivando los mojoncitos podía estar a salvo, pero ahora resulta que para librarme de los terribles parásitos ya no me basta con lavarme bien las manos y no comer asquerositos en la esquina. Aparentemente sólo tengo dos opciones cuando salgo a la calle: Ir siempre con una mascarilla a lo Michael Jackson o caminar aguantando la respiración indefinidamente. Es un dilema complicado y no sé cual de esas opciones pueda ser más peligrosa para la salud, si andar por el centro disfrazado de "Rey del Pop" o no respirar hasta que llegue a mi casa. Quizás simplemente tenga que resignarme a cohabitar con mis queridos parásitos.

De este ejemplo pequeño podemos sacar conclusiones interesantes que abordan la naturaleza de un problema complejo desde diferentes ángulos. Algunas resultan obvias: Que si la ignorancia ciudadana y la necesidad de generar campañas de concienciación, que si la incapacidad de los gobiernos municipales para ejercer las ordenanzas, que si los planes de acción para abordar el problema de los animales callejeros.

Hay otra conclusión aún más obvia que resulta del enfático mensaje del letrero de la foto: ¡Es su responsabilidad! Recoja los excrementos de su mascota. Si la gente no asume las implicaciones de sus actos (o las de sus mascotas en este caso) difícilmente podrá exigir que un tercero lo haga por ellos.

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