lunes, 16 de octubre de 2006

Los nuevos conquistadores (breve historia de amor internáutico)

Somos los nuevos conquistadores y el sol ya comienza su marcha ascendente. Nos embarcamos en un viaje sobre ríos, valles y montañas y ahora reclamamos lo que es nuestro por ley y por nuestro arrojo. En el encuentro de los mundos intercambiamos oro por sonrisas invisibles y sensasiones ocultas por espejos, un trato justo para mi barbarie descreida que ya no distingue las baratijas del verdadero tesoro. El verbo se hace imagen y la carne se confunde con el traqueteo de mis propias ideas y las ristras interminables de caracteres efímeros que les siguen como una sombra perversa e incansable.

Somos los miembros de una nueva tribu de genes eclécticos, descubierta por nosotros mismos al temple del hierro, del sudor y la pasión de los viajantes incansables. ¿Quién nos guía si somos los sacerdotes en esta tierra de leyes nebulosas? ¿Si somos a la vez Demiurgo y creación, lienzo y pincelada? ¿Cuál es el dogma que impulsa nuestra búsqueda?

Mi nuevo evangelio es la frescura de tu sonrisa y el catecismo de tus mejillas sonrojadas y yo, que soy un creyente fervoroso de las supercherías de este siglo...

¿Pero cómo no serlo? si en un prodigio cinético maravilloso la geometría gris se transforma en una ninfa hermosa que se arregla el cabello húmedo y bebe de un vaso. Cuadro a cuadro se repite el portento que enmascara el rito del plasma y el silicio. Mi mente recorre trayectos que van de puntos a líneas, de líneas a cribas y de ahí a superestructuras cambiantes que nunca existieron como formas aunque sigan expandiendo sus aristas una, diez, cien mil millones de veces en cualquier dirección. El esfuerzo de tantas generaciones constructoras, quienes jugaron a ser albañiles y terminaron domesticando la luz de estrellas para conectar tus dominios con los míos, al final rindieron sus frutos, sin tener en cuenta si quiera que el mundo efectivamente era casi plano, un poco convexo e intermitentemente luminoso.

La vida que brota de la caja provee un placer afásico, la hegemonía de la vista y el sacrificio de los sentidos más débiles, subyugados pero expectantes. En una ironía cruel, pasamos de creadores a simples apéndices y nuestra conexión con la vida física pareciera limitarse a un patrón de costura de diez hilos, una sinfonía percusiva ejecutada sobre un único instrumento.

¿O es así en realidad? ¿Quién es el amo pensante y quién el cordero obediente? ¿Quién provee los estímulos que dan energía a esta continuidad vital?

Y en un holocausto repentino ¡pum! el mundo se acaba. En un forcejeo galáctico cotidiano el eclise total puede más que la luz de las estrellas, la geometría gris se hace profunda y oscura. Es hora de volver a nuestras cortes y lo hacemos repletos de historias, cargados de presentes y formas multicolores y monotonías onomatopéyicas, impregnados de ese vértigo que resulta de atravesar ríos, valles y montañas en tan sólo microsegundos. Repito otra vez en mi cabeza el credo tantas veces recitado y repaso en mi bitácora las sinuosidades de tus cabellos rojizos.

Que descansen ahora los conquistadores, mañana será un buen día para aventurarse otro poco. Feliz noche.

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