jueves, 14 de diciembre de 2006

Feria de pueblo en Antioquia

Probablemente más de uno haya oído hablar acerca de La Ceja, un pueblo ubicado en el Departamento de Antioquia, Colombia. Hasta hace un par de semanas 59 ex-jefes paramilitares colombianos estuvieron recluidos en prisión en esta montañosa localidad antioqueña, hasta que fueran trasladados a una prisión de máxima seguridad en el cercano municipio de Itagüí. Aparentemente se preparaba una fuga masiva de los ex-dirigentes, aunque muchos presumen que se debió a un ajuste de cuentas político dirigido a criminalizar las negociaciones que con los paramilitares adelanta el gobierno del presidente Uribe.

La Ceja del Tambo se encuentra en la zona que sirve de epicentro a las operaciones del paramilitarismo colombiano, es por ello que todavía me causa un poco de sorpresa recordar que apenas hace unas de noches estuviera con mi esposa allí, bebiendo ron, comiendo "chuzos" y escuchando a Los Inquietos del Vallenato en medio de las celebraciones de su Feria de las Flores, las cuales alegran la vida del pueblo a mediados del mes de diciembre.

Luzma, quien antiguamente trabajara con Astrid en una de las fincas floricultoras de la zona, nos llamó para invitarnos a que subiéramos hasta allá a propósito de la feria. Por el hospedaje no debíamos preocuparnos porque en su casa había espacio suficiente para acomodarnos. Aún cuando ya era un poco tarde, no lo pensamos demasiado para ir y menos aún cuando Astrid propuso un plan rápido de empaque y partida. Cerca de las nueve de la noche estábamos en la parada de los autobuses que van hacia La Ceja, aunque terminamos tomando un taxi que compartimos con un par de desconocidos y que nos llevó cerca de un ahora a través de una carretera de curvas pronunciadas hasta un valle hondo y alargado, en donde se asienta un pueblo bastante más grande de lo que había imaginado. Desde lejos podía sentirse la atmósfera bullanguera de las festividades la cual se fue acrecentando a medida que cruzamos las casas perimetrales y nos acercábamos a la plaza con su iglesia.

Habiendo vivido en Los Andes venezolanos por varios años, puedo afirmar con propiedad que La Ceja del Tambo es un pueblo andino típico. Sus calles limpias y estrechas, algunas de ellas empedradas, se cobijaban por las sombras de la semipenumbra gélida, aunque esa noche estuvieran inundadas por el calor y la vivacidad inusitada de numerosas gentes de estampa claramente caucásica, del tipo trabajador y fervoroso, creyentes por igual en el poder del Sagrado Corazón de Jesús, los goles de Aristizabal en el Atlético Nacional y las jocosas rimas de la música montañera.

Había barricadas en los accesos cercanos a la plaza y el taxi que nos condujo nos dejó a varias cuadras del punto central de las fiestas, por lo que nos enfundamos en nuestros abrigos y comenzamos a caminar en busca de algún teléfono para llamar a nuestros anfitriones. La Providencia parecía estar con nosotros esa noche, no sólo el viaje había transcurrido sin mayores sobresaltos y la noche estaba clara y despejada, sino que además nos topamos con Luzma y su esposo en plena acera, mientras caminábamos por una de las calles laterales de la plaza.

"El Parque" es el eje de la celebración: justo frente a la iglesia se instaló una tarima alta desde donde se presentaron las agrupaciones que amenizaron la fiesta. La plaza, adornada con hermosas luces multicolores y reflectores verdes y lilas que iluminaron las copas altas de los árboles, se rodeó de puestos de comida y cerveza, así como de ventas de artesanías y ropas. Allí estuvimos por varias horas envueltos en una madeja de sensaciones encontradas: A pesar de la hospitalidad de nuestros anfitriones y lo bien que la pasamos nunca nos abandonó una ligera sensación de miedo, sobre todo porque cuando conocíamos tantas historias de cuentas ajustadas, advertencias veladas y hombres vigilantes, en este pequeño "lejano oeste" Colombiano. Quien quiera saber de qué se trata en verdad la ausencia de libertad de expresión debería pasarse por allá algún día. La alteración de los estados que produce el aguardiente nunca es tal como para impedirte saber que lo mejor es no hablar mucho de nada...

Esa noche caímos rendidos, pensando en las extrañas vueltas que termina dando la vida y anticipando lo agitado que sería nuestro viaje por esta importante región de Colombia. Al día siguiente salimos a dar algunas vueltas para conocer las calles del pueblo bajo una luz distinta y luego de tomar algunas fotografías nos devolvimos a Medellín.



Comentarios:
nel dijo...

Dominguito,muy buen reportaje de viajero. Muy buenas las fotos, sobre todo la del puesto de comida, donde se ven las papas criollas y los patacones,entre otras cosillas. Esperamos otro reporte desde Medellín.
Saludos

8:19 PM

Consuelo dijo...

Si de reporte se trata, esperamos las siguientes series...sin duda alguna el color tambien es algo característicos de los pueblos andinos..

Me has dado la idea de jurungar las pocas fotos de los andes que pueda tener... Saludos¡

9:54 PM

domingo dijo...

Nel y Consuelo, no tengo mucho tiempo de escribir pero por ahí les dejé otro y prontó publicaré algunos más...

Saludos

10:52 AM

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