lunes, 16 de abril de 2007

El nomadismo y yo

Nota: Saludos a todas aquellas personas quienes se pasean por Pabellón con Baranda. Un tiempo de cambios profundos ha acompañado mi ausencia pero la calma acompaña nuevamente la aventura creativa.

Pido disculpas a Consuelo porque no he hecho mi tarea y todavía no sé muy bien como es el cuento de los memes que está circulando por ahí y del que Nel ya se hizo eco. De cualquier forma, si de narrar algún episodio poco conocido de mi persona se trata, pudiera escribir acerca de una faceta interesante y divertidamente irresponsable de mi juventud más temprana.

Según Wikipedia, el nomadismo es un estilo de vida de una ''persona o grupo social que va de un lugar a otro. No tiene una residencia fija, sino que está desplazándose constantemente.'' Se parece mucho a la forma en cómo se desarrollaban mis hábitos vitales durante los periodos más agitados de mis estudios universitarios (al mismo tiempo que otros 40.000.000 de seres humanos, según el número de agosto de la revista Muy Interesante). Quien me haya conocido durante ese tiempo recordará que junto con un par de libretas y otro tanto de diskettes, guardaba siempre un par de mudas de ropa en mi morral y algunos utensilios básicos de aseo personal. Igual podía amanecer en Cuyagua, Valencia, Barquisimeto, Mérida o San Antonio de los Altos, asistido por alguna oportunidad de negocio y por la generosidad de mis anfitriones, a quienes agradeceré siempre por su sentido de solidaridad.

El nómada de oficio (yo lo era por una decisión propia conscientemente aceptada) adquiere muchas habilidades interesantes que lo ayuden a desenvolverse mejor durante sus escapadas. Yo por lo menos aprendí a secarme eficientemente al aire luego de un duchazo (las toallas suelen ser muy voluminosas como para un morral pequeño); a utilizar un morral, cuando se duerme en el piso, a manera de aislante térmico en caso de carecer uno y las circunstancias lo ameriten (como esa noche en el campamento "Simón Machado", cuando atravesé a pie el Parque Nacional Henry Pittier para llegar a Chuao); A pedir colas interestatales y no morir en el intento (como cuando mi pana Homero y yo nos fuimos a Mérida "a la buena de Dios"); a que cuando no hay mucho dinero, la mejor relación alimenticia costo/beneficio la ofrece comer maní masticado con mucha paciencia.

Varias veces cambié de residencia oficial y aprendí a deshacerme de cualquier cosa no indispensable (hoy en día no me queda ni una notica de "eres muy especial, por favor nunca cambies", de las que te escriben tus amigas en quinto año de bachillerato), quizás es por eso que me todavía me resulta tan complicado mantener alguna colección de cosas cuyo propósito no sea eminentemente utilitario (tengo una pequeña colección de instrumentos musicales en casa de mis padres). Mis mudanzas me entrenaron de tal forma que no considero demasiado temerario afirmar que puedo empacar una maleta tan organizadamente como pocos.

Hoy en día estoy en búsqueda de estabilidad, de parecer menos un saltimbanqui ambulante. Irónicamente, fue esa búsqueda la que determinó que mi esposa y yo recogiésemos nuestras cosas el fin de semana y las embarcáramos en un camión de alquiler rumbo a la ciudad de San Cristóbal, donde se encuentran a buen resguardo. Ha comenzado entonces una nueva etapa de nuestras vidas.

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