lunes, 16 de abril de 2007

Que vaina con el cáncer

Mi tía Anaida tiene cancer. Es una persona por quien profeso mucho cariño, una de tres hijos que nacieron de la unión mis abuelos paternos ya fallecidos, Olga y Domingo. Fue diagnosticada hace como un mes con un linfoma reticular no Hodgking en estadio III. Desde entonces ha sido tratada dos veces con quimioterapia, dirigida a la eliminación de las células de rápido crecimiento, por lo que ya ha empezado a acusar la pérdida de su cabellera.

Ayer fui a su casa a visitarla y la vi excelentemente bien. Desde un principio la situación fue enfrentada con entereza y ánimo positivo: Las reuniones para informarse e informarnos de la naturaleza, características y tratamiento de su enfermedad y saber claramente a qué atenernos y qué pasos tomar; el tratamiento médico oportuno sumado a un plan nutricional acorde con las nuevas circunstancias de su salud; y quizás más importante de todo, una entereza de carácter y un exceso de vitalidad comparable a la de cualquier persona que vaya caminando por la calle. Cero lastimosidades o condescendencias vanas.

El cancer no es algo nuevo para nosotros. Mi abuela Olga sufrió de cáncer de seno, por lo que tuvieron que practicarle una masectomía en tiempos en los que la cirugía estética no estaba tan desarrollada. Mi abuelo Domingo también padeció cáncer en la próstata, que debieron extirpársela, cosa que afectó mucho sus calidad de vida al final de sus días. Una prima hermana de mi papá y mi tía acaba de salir airosamente de un cancer de seno delicado que debió ser tratado con radioterapia, quimioterapia y cirugía. Blanca, nuestra amiga de toda la vida no fue tan afortunada, hace unos cuatro años fue diagnosticada con un cáncer en los huesos que consumió su existencia en un par de meses apenas.

En ocasiones me he preguntado ¿no será que el cancer es un mecanismo que ideado nuestra especie para autocastigar nuestros excesos y nuestra natalidad desenfrenada? Mi abuelita, que en paz descanse, solía decirnos que no comiéramos las arepas que estuvieran muy quemadas "porque eso daba cancer". Hoy en día pareciera que cualquier cosa pudiera hacerlo: Si respiras, si te expones al sol, si comes mucho o poco de algo, si hablas por teléfono, si te estresas demasiado...

Sea cual haya sido el origen de su enfermedad, acompaño con toda mi buena vibra a mi tía Anaida para que supere este trance momentáneo y mi solidaridad con todas aquellas personas quienes deban atravesar en algún momento circunstancias como éstas.

reflexionespcb

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