martes, 17 de abril de 2007

El loco

(publicado originalmente por Domingo el 06 de abril de 2007)



A veces, cuando me miro hacia dentro, pienso de mi mismo que estoy ligeramente enloquecido. Cualquier persona que me vea caminando en la calle probablemente no note nada extraño en mí y la verdad es que es cierto, soy un tipo de apariencia normal, que generalmente actúa como tal. Aún así debe haber algo y no me queda la más mínima duda de que deben haber desajustes dentro de mi racionalidad.

Cuando hablo de enloquecimiento no me refiero a esos actos obsesivos-compulsivos leves que he padecido en ocasiones y que afectan a tanta gente normal, como no pisar las rayitas en las aceras como solía hacer cuando era niño. Mis obsesiones son inofensivas y algo chistosas, por ejemplo ir cambiando la ubicación de una cerveza fría que yo esté tomando sobre la superficie donde ésta reposa para que las marcas circulares oscura que van apareciendo, producto de la condensación del agua sobre la botella, se desdibujen y se forme en cambio una marca uniforme y rectangular. El objeto de mi mayor obsesión es quizás el cabello femenino, cosa que se remonta a la época cuando mi mamá me amamantaba y yo, apenas un recién nacido, asía las hebras que caían hasta mis manitos. Desde entonces adoro jugar con ese elemento que es casi mágico para mí y a veces, cuando voy por la calle y veo a alguna mujer con un rizo perfecto que rebota al paso o cuando veo algúnos flecos de pollina que caen sobre un rostro delicado, siento por un instante una terrible ansiedad junto con la percepción de que todo se mueve en cámara lenta. Me provoca asir esos cabellos con delicadeza y jugar con ellos... pero como dije, es sólo por un instante, porque un segundo después todo vuelve a adquirir su velocidad natural y sigo en lo mío como si nada.

Tampoco me refiero a esos comportamientos un tanto excéntricos que practico habitualmente, como hablar con los animales y con los bebés o inventar palabras en lenguas extrañas que luego recito en retahilas o comer platos elaborados con ingredientes inverosímiles (solía comer muchas cosas no digeribles aunque he dejado la costumbre a partir de una gastritis aguda que sufrí hace un tiempo). Estoy seguro de que todo el mundo hace cosas que otras personas considerarían fuera de lo común y no creo que sean elementos particularmente extraordinarios. Además, mi cerebro ebulle permanentemente con ideas, cuentos, música, juegos y reflexiones, así que es perfectamente factible que estas breves muestras de heterodoxia sean mi forma de escape ante un claro exceso de actividad cerebral.

Mi enloquecimiento es de otro tipo, para el cual no existe una categoría en los anales de la psicología clínica. Es la locura del que ve las cosas con ojos distintos al de la mayoría, del que mantiene un sentido lúdico, del utópico de oficio.

He tratado de armar las piezas del rompecabezas y creo que mi desequilibrio comenzó cuando era muy niño, con apenas cuatro o cinco años y de repente descubrí el placer de leer. Antes de que transcurriese mucho tiempo ya me había vuelto un vicioso y antes de los 10 diez años ya había leido obras de Orwell, Kafka, Asimov, Poe y García Márquez y creo que tenía 8 cuando leí la Odisea de Homero. Ya en ese entonces algunos niños habrían pensado "que muchachito tan loco por estar leyendo esas cosas". Como era curioso y la lectura me sedaba con facilidad varios de mis tíos no les molestaba compartir conmigo y por fortuna se convirtieron en excelentes referentes intelectuales para mí, particularmente mi tía Ñana, quien me llevaba a museos y me enseñaba sobre Reverón y Manet, me narraba "El Perfume" y "El Nombre de la Rosa" y me explicaba la preparación de recetas de arroz con lentejas y ensalada de pepinos con yogurt.

Ser el "loco" suele ser algo bastante útil, te permite no dar explicaciones para todo lo que hagas y te excusa de apartarte a veces de las convencionalidades. Puedes decir lo que piensas sin eufemismos y reirte con ganas de las estupideces de este mundo y la gente a tu alrededor se reirá también, aunque un poco incómoda y nerviosa. Yo podía quedarme dormido sobre la grama o sobre algún banquito en la universidad y mis amigos dirían: "déjalo tranquilo que él está loco". Si escuchaba drill'n bass, mbube, bangra y guaguancó tampoco importaba porque "a Domingo siempre le han gustado todas esas cosas raras". Ser un "loco" te ayuda a pasar desapercibido y asumir un bajo perfil: los estudiantes no creen que eres profesor, los malandros en la calle creen que eres un don nadie, te enfrentas a gente que se confían y te subestiman, lo que te confiere cierta ventaja oculta.

Estoy ligeramente enloquecido y me agrada mucho. Me gustaría enloquecerme aún más porque a veces siento que me vuelvo excesivamente cuerdo y empiezo a parecerme a todos los que están alrededor de mí. Ojalá que otros pudieran encontrar la dicha y romper los esquemas del mundo en que habitan, no importa si se exponen a que alguien los señale y se burlen de sus "locuras". Que bueno sería que pudiéramos mirar a nuestro alrededor y ver en dónde se encuentran las verdaderas locuras de nuestro mundo: En la guerra y la violencia, en el despilfarro, en la destrucción del ambiente, en la hipocrecía y el egoísmo.

Les dejo un cuento breve de Khalil Gibrán titulado "El Loco" y que aparece en su obra homónima (pueden descargarla acá).

Gibrán Khalil Gibrán
EL LOCO (1918)
Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras -si; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:

-¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!

Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:

-Miren! ¡Es un loco!

Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité:

-¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!

Así fue que me convertí en un loco.

Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser.

Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.

Comentarios:
nel dijo...
Entre las delicateses preferidas de Domingo figuran semillas de cualquier tipo, flores silvestres, arroz, trigo, cebada, pasta, pasetas de helado, lápices Mongol nº 2,entre otras. El consumo de algunas de estas se incrementa en algunas epocas del año, como al final de la temporada de beisbol profesional y durante cualquier partido de la vinotinto.
Saludos y la bendición.
5:11 PM

Consuelo dijo...
Ya entiendo porque este andino me cae tan bien¡¡ Formamos parte de un mismo clan...claaaro yo tengo menos excentricidades y pongo mas en evidencia mi locura.

Sin duda alguna nos aporta una ventaja. Esa subestimación colectiva nos hace dar sorpresas.... y segura estoy que a personas "como nosotras" nos ponen un angel adicional ;)

Que bueno saber que no se está tan solo en éste mundo... el de los utópicos de oficio¡¡ La selección de Gibran no pudo estar mejor :)
7:41 PM

Domingo dijo...
Saludos a Nelín y a Consuelo, nuestra visitante VIP No1 jejejeje

Un honor inmenso que nos acompañes siempre y más aún por saber precisamente que eres un ángel un tanto loco que distribuye locura sana y positiva con sabor a guayoyo
8:27 PM
marianne dijo...
Sentirse así es sencillamente divino. Un beso Domingo, aquí me vine a instalar en vuestro blog jajaja
9:10 PM

nel dijo...
Recuerdo cuando Domingo regresó de los EUA. Tenía como 8 años. Como equipaje de mano traía El Lobo Estepario de Hesse, El General en su laberinto de García Marquez y dos discos: uno de INXX y otro de Milli Vanilli. Traía también una venda en la frente producto de los cabezazos contra los postes en la calle mientras iba leyendo.
9:23 PM

2 comentarios:

ROZZANA dijo...

hola me llamo roxana y ese aforismo de gibran es de mis favoritos, cuando descubri ese libro fue como di abriera mis ojos por primera vez, quitarme las mascaras y dejar que el sol bese mi rostro, asi como dice, bueno te felicito por tu locura y ojala tengas muchos mas locos dias.
hay una frase que me gusta mucho

solo los locos y los niños dicen la verdad, por eso a los locos los encierran y a los niños los educan.

que tegas buen dia. adios

Domingo dijo...

rozzana: gracias por tu hermoso comentario y tus buenos deseos. Seguramente hoy será un buen día para ambos.