martes, 17 de abril de 2007

Viaje al interior

(Publicado originalmente por Nel el 07 de abril de 2007)

Hay viajes de vacaciones normales, promedio, que a veces hacemos solo para aprovechar unos días libres o un puente. Hay otros viajes que se convierten en un hito en nuestras vidas, verdaderas odiseas difíciles de olvidar.

Uno de estos viajes lo realicé entre Diciembre de 1994 y Enero de 1995, todo un mes recorriendo la parte oriental del país. El viaje fue planificado al detalle con un año de antelación, no solo en cuanto a equipos y provisiones, sino en lo que respecta a los invitados. Ocho serían los afortunados: Frank, Ing. Agrónomo y fotógrafo profesional; Yanitza, hermana de Frank; Marco, Ing. Agrónomo, Entomólogo y fantasma verde; Carlitos, Abogado; Goulnara, Igor y Sergei, Profesores y concertistas de piano rusos; y Nel, vuestro humilde servidor.

La ruta era por demás interesante: Básicamente, saldríamos de Caracas vía Oriente. Luego de pasar unos días en Puerto La Cruz, seguiríamos hasta Mochima, continuando luego hasta el Golfo de Cariaco. En este punto haríamos un viraje al sur hasta Caripe, pernoctando en la Cueva del Guácharo, para luego seguir bajando hasta Ciudad Bolívar, Puerto Ordaz y , como meta final, escalar el Monte Roraima, en La Gran Sabana.
Salimos de Caracas los primeros días de Diciembre, repartidos en dos vehículos. Las expectativas eran altas, especialmente entre los rusos, quienes por su trabajo no habían siquiera salido de Caracas.

Primera escala: Puerto La Cruz y sus alrededores. Las playas estaban abarrotadas y nos perdimos un poco en la ciudad. Un día dábamos unas vueltas por Guanta sin saber claramente qué haríamos. Vimos un aviso que decía Parque La Sirena. Tiramos una moneda para decidir entre el puerto de Guanta y el parque. Ganó La Sirena. Fuimos con un poco de desinterés al mencionado lugar y al llegar, con el estacionamiento vacío y una hojarasca en la entrada, creció un poco el desgano. Pero una vez que entramos, nos encontramos con unas piscinas naturales espectaculares y una hermosa cascada que caía por una enorme piedra, abriéndose como la cola de una sirena. Eramos las únicas personas en el lugar y teníamos todo el día por delante.

Al día siguiente salimos hacia Mochima, luego de recorrer un poco los alrededores. Llegamos al pueblo al atardecer y mientras cenábamos, guardábamos los carros y contratábamos la lancha, se hizo de noche. Marco, quien también es buzo, alquiló dos equipos completos de buceo, siguiendo una de las reglas de oro del buceo que dice: Nunca bucear solo. Mi amigo se ofreció a darme un curso israelita de buceo, es decir, de 10 min.

Salimos en plena oscuridad en la lancha del Sr. Pata Ñeca hacia un lugar llamado Playa Manare. Al llegar al sitio, armamos el campamento y luego de tomarnos unas vodkas, nos acostamos a dormir.

Al día siguiente no podía dar crédito a mis ojos. Estábamos en una pequeña pero hermosa bahía rodeada por unas colinas no muy altas y a la derecha una colina más alta terminaba abruptamente en una pared vertical de piedra, que a esa hora del amanecer estaba completamente teñida de rojo. Goulnara y su esposo Igor lloraron al ver aquello y dijeron que ese amanecer ya había pagado el viaje.

Llegó la hora de recibir mi crash course de buceo. En primer lugar, debía conocer el equipo: careta, aletas, snorkel, tanques de aire, chaleco de compensación y pesas de lastre. Luego de unas explicaciones muy pero muy básicas, mi amigo me habló sobre los riesgos inherentes al buceo, específicamente la embolia gaseosa. Debía abstenerme de hacer ascensos bruscos una vez que estuviese en la profundidad a la que íbamos a descender, unos 10 o 12 m. Me dijo grave mi amigo: " A la hora de una vaina, que te de pánico o algo así, es mejor que te dejes ahogar. Pero no trates de subir rápidamente. Tranquilo, que yo te resucito allá afuera".

- " Claro, sería un placer. Siempre quise resucitar en Mochima", contesté.

Nos pusimos el equipo y nadamos con snorkel hasta la pared de piedra, donde nos sumergiríamos. Mi chaleco estaba defectuoso y a cada rato debía detenerme a inflarlo. Cuando llegué al sitio, tuve que quedarme colgado como media hora en las piedras por fuertes calambres en las pantorrillas. Cuando por fin pude sumergirme, disfruté mucho del mundo submarino, aunque por poco tiempo, pues me costaba mucho respirar.

En fin, pasamos tres estupendos días en ese hermoso archipiélago.

Seguimos nuestro curso al este hasta llegar al Golfo de Cariaco, donde el mar tiene un color azul muy oscuro, por la gran profundidad de la Fosa de Cariaco. En este punto viramos al sur con destino a Caripe. Al llegar a esta ciudad, nos pusimos todos en circulo en la Plaza Bolívar y nos tomamos una botella de Frangélico para celebrar. En el parque donde está la Cueva del Guácharo, existe una zona para acampar con todos los servicios. En la madrugada nos levantamos a observar los guácharos cuando salen por miles de la cueva.

La persona encargada de guiarnos al interior de la cueva era un señor habitante de la zona, muy pintoresco, quien mezclaba datos científicos con creencias populares. Según él, estas cavernas tienen "muchos millones y medio de años". Quien aún no haya visitado este lugar tiene una deuda consigo mismo que debe saldar en un plazo perentorio.

Al seguir nuestra ruta, pasamos un día en Maturín. Allí visitamos a un hermano de Marco. Llegamos a orillas del río Orinoco en Los Barrancos para tomar una chalana que nos cruzaría hasta la otra orilla, en Puerto Ordaz. Pero lamentablemente llegamos tarde y la última chalana del día ya había partido, de manera que debíamos quedarnos a hacer la cola para tomar la próxima chalana a las 5:30 del día siguiente. Un señor del lugar nos recomendó que no nos quedáramos allí porque era muy peligroso. Otra alternativa era devolvernos a Maturín y buscar la vía a Ciudad Bolívar, un largo viaje. Preguntamos aquí y allá, y en un bar nos dieron otra alternativa. Una chica nos dibujó en una servilleta el mapa de nuestra salvación. Era un tortuoso camino de tierra que atravesaba unos campos petroleros, donde los puntos de referencia eran árboles, piedras, balancines y torres de alta tensión. Decidimos aventurarnos por la trocha siguiendo el mapa en cuestión, que al final resultó muy preciso. Luego de dar tumbos y esquivar zorros, cachicamos y venados, por fin llegamos a un poblado donde parecía que nos estaban esperando, pues de inmediato comenzaron los fuegos artificiales. En ese momento nos enteramos que habíamos llegado a Soledad, y nos dimos cuenta que eran las 12:00, día de navidad. Todavía excitados por la travesía, nos integramos al festejo del pueblo.

Recorrimos Ciudad Bolívar durante el día y en la noche nos quedamos por primera vez en un hotel, donde hicimos la cena navideña de rigor, con pan de jamón y unas hallacas traídas especialmente para la ocasión desde Caracas.

Siguiente etapa: La Gran Sabana. La emoción crecía entra todos. Entre las principales preocupaciones de los rusos estaban las serpientes. Les explicamos que claro que había serpientes de todo tipo, entre ellas las temibles cascabel y cuaima piña, pero " no te preocupes, solo están selva adentro". Cuando llegamos a la entrada de la Gran Sabana, nos paramos en un gran aviso de Bienvenidos al Parque Nacional Canaima para la foto respectiva. Cuando estaban todos posando frente al aviso, encontré una pequeña cascabel en el medio de la carretera, dándonos la bienvenida.

Luepa, Quebrada de Jaspe, Quebrada de Pacheco, Kama Merú, Rápidos de Kamoirán, Kavanayén, son todos sitios obligados. Otros sitos son accesibles con vehículos de doble tracción. En Kama Merú me encontré con una vieja amiga, Rosy. Ahora se dedica a la artesanía y vive en la colonia El Abismo, en Ikabarú.

El 31 de Diciembre fuimos a La Línea, pueblo brasileño fronterizo con Santa Elena De Uairén, en el cual existe una famosa churrasquería. A este lugar obligado hay que ir con bastante apetito, dada la exagerada cantidad de comida que sirven.

En la noche literalmente invadimos una pequeña churuata en Quebrada de Pacheco, donde brindamos cuando el reloj marcó las 12:00. Mención especial merece el cielo en este lugar en las noches despejadas.

Al dia siguiente fuimos al pueblo de San Francisco de Yuruaní, donde contratamos a José, el guía pemón que nos acompañaría al ascenso al Roraima. Hecho esto, nos dirigimos a Peraitepui. En este poblado comienza realmente el viaje a Roraima. Aquí hay un puesto de INPARQUES y otro de la Guardia Nacional, donde los excursionistas deben registrarse. Instalamos nuestras carpas y luego de preparar nuestro equipo, nos dispusimos a descansar, pues al día siguiente emprenderíamos finalmente el ascenso al mundo perdido.

Temprano en la mañana siguiente hicimos una reunión de emergencia. Yanitza amaneció con un ataque de asma, por el intenso frío y la alta humedad en el lugar. Se tomó la drástica decisión de que Yanitza no seguiría con el viaje, pues arriba las condiciones serían más inclementes.

Al final subiríamos Marco, Carlitos, Frank, Goulnara, Igor y yo. Sergei se quedó con Yani, su novia.

El relato de la expedición al Monte Roraima merece un post especial. Solo puedo decir que una vez allá arriba, queda uno mudo y abrumado por la grandeza y majestuosidad del lugar. Desde que me senté en el borde de la pared que mira hacia el Kukenan, soy otra persona y veo las cosas desde otra perspectiva.

En resumen, esta travesía de un mes fue un viaje redondo, sin desperdicio, en el que afiancé viejas amistades y fundé otras nuevas, y descubrí fortalezas y debilidades en mí mismo que no conocía antes.

No puedo esperar por volver a esos mágicos lugares.

Comentarios:

Consuelo dijo...
Confieso que mas o menos asì es el viaje de mis sueños... cuando eso suceda me consagraré como mochilera.

Solo espero no encontrarme frente a frente con ninguna culebra, ni bicho raro...y bueno de repente menos dias en carpa no me caerian mal;) Todo para poder conservar mi condición tres (3) estrellas...

Donde anda el señor Tanos que tiene tiempo sin escribir?
7:59 PM

Domingo dijo...
Excelente recuento (muy bien editado, porque las anécdotas de ese viaje que conozco por Nel son increíbles).

Yo no he tenido la fortuna de conocer el oriente de Venezuela tanto como debería, ni siquiera la Cueva del Guácharo (por lo que debería autoflagelarme) pero está en los planes y espero hacerlo pronto...

Roraima es otro mundo... yo también espero escribir la reseña del viaje que me llevaría hasta allá hace unos años.
8:24 PM

Anónimo dijo...
Nelin...........!

Me haces recordar las andanzas del "Grupo Ya" al que perteneces.
Por otro lado, creo fue en un viaje anterior "varios años y medio antes" (jajaj) que te encargue Cumachi y Cachiri..!
Cuéntanos de nuevo tu experiencia y el misterio del Cachiri, bebida típica de la región y que el "grupo ya" en 1999 probamos al bajar del Roraima.
Marco, Asdrúbal, Carolina, Franck, una prima de Franck, el Bebe, Johvan (la Gusanito), una amiga de Frank (preparadora de Botanica) y yo. Tu estabas en Mérida en esa época. El Cachiri solo lo tomamos Franck, Asdrúbal y Yo, Yuca, agua, Batata y el método de fermentación prefiero que lo cuentes tú. Recuerdo que nos regalaron la bebida por haber rallado 2 sacos gigantescos de Yuca y las chicas Pemónas o Pemónes (se hacian las musiuas y no querian hablar castellano), se reían al vernos trabajar, ya que sus parejas estaban en otros menesteres quedando en un total misterio, ellas siembran, cosechan, rayan la Yuca para luego hacer una torta de casabe (característica de la zona) distinta al que conocemos.
Al Regresar al Centro del país nos trajimos a Gregorio (a) “Papa Gragoriao” sobrenombre puesto por Marco, y que por llevarlo a Ciudad Bolívar para visitar a un hijo que tenia Tuberculosis nos regaló a Asdrúbal y a mi dos envases de 2 litros con Cachiri en agradecimiento por la Caña Clara de Roraima y la colita hasta la puerta del Hospital de Ciudad Bolívar, imagínate lo feliz del regreso, no tanto por los 20 y pico de días de viaje, solo que nos “Colocamos a Libar” para ahogar la pena por regresarnos.
Muy buen Post, sobre todo sobre las recomendaciones técnicas del curso "israelita" típicas de Marco.
Saludos.
CEMM o Charles
P.D.:
libar
verbo transitivo
1 Chupar [un insecto] el néctar de las flores.
2 Beber un licor a pequeños sorbos: aprovecha las noches para intentar descoyuntarse al son de ritmos enloquecidos mientras liba, en los descansos, brebajes infectos que destrozan el hígado.
3 Ofrecer una libación a la divinidad.
"...........Oda a la Yuca..." y al Cumachi idem.
8:38 PM

marianne dijo...
Caramba, eso si es ser XTREME!, te felicito Nel y en cierta forma viajo leyendo esas líneas, me gustaría algún día vivir algo de esa manera (aunque también me dan miedo los bichos como a Consuelo), recibe un beso!
9:02 PM

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