lunes, 16 de abril de 2007

Snorkeling en La Ciénaga


De las bellezas con las que cuenta el Parque Nacional Henry Pittier, la Ciénaga de Ocumare es una de las más impactantes y menos conocidas.

Cuando era pequeño jamás fui allí con mis papás, ni siquiera porque mi abuelo materno era dueño de una casa en El Playón de Ocumare, que visitábamos con mucha regularidad. Nuestros destinos playeros fueron siempre Cata "privada" y ocasionalmente Cuyagua, pero nunca La Ciénaga y la razón era simple, el temible "Paso de La Virgen", un breve trecho casi al final del trayecto del que todo el mundo tenía una anédocta de mar embravecida y lanchas bamboleantes en medio de montañas de agua. Es una lástima, porque tendría que pasar mucho año tiempo, hasta hace apenas unos años, para que yo visitase esta increíble piscina natural.

Mi esposa y yo quisimos echarnos una escapada el domingo pasado para sacarnos del cuerpo todo el estrés del día a día. Llegamos a media mañana a La Boca, desde donde alquilamos el peñero que nos llevaría y traería de vuelta en la tarde. Cargamos con nosotros sólo lo esencial: un par de toallas, protector solar, una cavita con hielo, unos pepitos caseros de carne, aparte de agua y chucherías suficientes... y por supuesto, el equipo de snorkeling.

Mi esposa es apneista certificada, así que conté con una excelente tutora para que corrigiera mis escasos conocimientos de buceo a pulmón. Como siempre tragué mucha agua salada y otra tanta la respiré pero igual perseveré en mis intentos. En el fondo de la estrecha playa ya no queden sino vestigios de lo que alguna vez fuera un paraiso virgen - no quedan ya erizos marinos ni estrellas de mar abundantísimos en alguna época y los esqueletos del coral muerto dan cuenta de lo muy rico que debió haber sido la fauna submarina entonces.

Aún así es una experiencia fascinante, incluso en la margen izquierda donde nos quedamos (en parte porque es allí donde están los quioscos de comida y otras amenidades) todavía hay en el fondo anémonas y pepinos de mar, algunos camaroncitos marrones muy esquivos y otros crustáceos pequeños, algas y numerosas especies de peces que nadan a tu alrededor como con curiosidad. Más cerca del otro lado está lo que conoce como "la piscina" en donde hay algunos corales cerebro, pero esta vez no fuimos para allá. Tampoco pudimos recorrer los extremos más lejanos de la ensenada, donde abundan los manglares y la degradación ecológica es mucho menor.

Este viaje me ha animado a comprar una guía de peces tropicales venezolanos para dar una mejor cuenta de las especies que observé y renovó nuestros deseos de hacer el curso de buceo con tanque. Si tienen la oportunidad de llegarse hasta allá alguna vez, háganlo porque es un paseo sabroso, relajante y bastante económico. Si les da miedo el trayecto en lancha, procuren regresarse antes de las tres de la tarde a La Boca porque después el oleaje en el Paso de la Virgen empieza a ser más fuerte. Una última cosa, traíganse consigo su basura y dejen todo tan bello como lo consiguieron.

Para más información del Parque Nacional Henry Pittier y de La Ciénaga de Ocumare pueden revisar los siguientes sitios:

http://www.turismo.venezuela.net.ve/index.php?m=10&y=06&category=502
http://ecosig.ivic.ve/pn18.htm

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