jueves, 2 de agosto de 2007

Enormes oportunidades en la industria de hacer cola.

No me refería específicamente Venezuela cuando pensé en el título, aunque las condiciones de nuestro país encajen perfectamente. El siguiente extracto lo obtuve de un artículo de Lisa Lerer publicado en ThePolitico.com (en inglés), sobre las miles de persona que se ganan la vida esperando turnos para acceder a alguna dependencia del gobierno estadounidense.
Las salas de audiencias son lugares abarrotados, llenos de legisladores, personal de atención al público y prensa. Sólo unos pocos espacios están reservados para el público en general, que incluye a los abogados, cabilderos y otros profesionales políticos.

La espera en línea le otorga ventajas a los grupos de influencia profesionales por encima de los académicos y los defensores de causas públicas.

Mientras más dinero pague un cliente, más temprano llegarán los hacedores de cola y más oportunidades éste tendrá de agarrar un puesto en la fila delantera.

No es raro que las empresas paguen a compañías de "hacer cola" miles de dólares, una fracción de lo cual apenas se escurre a la persona que de hecho espera en la cola. El proceso es la personificación del dinero en la política: La riqueza te otorga un asiento en el cuarto.

Es una industria plenamente desarrollada que incluye gerentes, vendedores y docenas de empleados de medio tiempo. Dos compañías, CVK y Congressional Services Co., dominan el mercado.

La burocracia es, acá y en cualquier parte, un mecanismo implacable de desigualdad. Una forma bonita de enmascarar la exclusión tramposa de los que no pueden y un enlentecedor de cualquier iniciativa personal o grupal, pública o privada.

Hay gente que ve en esta clase de "crisis" una oportunidad lo cual es perfectamente razonable dentro del estado de cosas imperante. Necesidades insatisfechas deben ser solventadas y qué mejor manera de hacerlo sino proveyendo un servicio eficiente y de calidad que le permita a los clientes no tener que esperar en línea. Resolvemos problemas, facilitamos la asignación de los recursos escasos entre los demandantes y generamos empleos y bienestar ¡todo eso de un solo tiro!

Muy bonita la lógica, salvo porque generalmente esos que se benefician de las "crisis" son los mismos que las propician ¿o qué harían los gestores y los funcionarios públicos cómplices si no existieran trámites administrativos engorrosos? ¿o los abogados si tuviésemos un sistema legal eficiente más que una madeja inextrincable de tecnicismos leguleyos? ¿o los fabricantes de armas si se alcanzase la paz? ¿o el 99% de los fabricantes chinos de cualquier cosa si la gente se terminara de dar cuenta de que están comprando mierda desechable en forma de baratijas plásticas?

Todos ellos tienen que comer, que haya algunos se perjudiquen es otro rollo...

Si no te gusta entonces has la cola como el resto.

3 comentarios:

nel dijo...

En Diciembre de 2002, cuando estaba en pleno apogeo el paro convocado por Fedecamaras y la CTV, me encontraba haciendo los trámites para un posible viaje a Australia. Tenía que obtener el pasaporte, así que me dirigí a Caracas para solicitarlo directamente en la sede de la DIEX. Por la incertidumbre existente, nadie sabía a ciencia cierta si las oficinas públicas estaban trabajando. Me arriesgué y salí de Maracay a las 10:00 pm en compañia de mi hermana Ana, llegando dos horas despues al Centro Simón Bolívar. Por supuesto no había nadie, excepto varios personajes propios del malvivir nocturno caraqueño.En los dias previos al paro era normal que la gente hiciera la cola desde dos dias antes, durmiendo en cartones y periódicos. Me planté en la entrada de la dependencia oficial por horas interminables si pegar on ojo, porque todo el mundo era sospechoso. A las 3:30 am llegó un hombre y me preguntó si iban a trabajar.Le dije que no sabía pero de alli no me movería. Momentos despues llego una señora con una cava con empanadas y varios termos con café, lo que me dió esperanzas. A las 4:00 am llegaron siete hombres y dos mujeres, todos a la vez. Luego de conversar con uno de ellos por un rato, me confesó que todos eran de una misma familia, y no iban a hacer ningun trámite sino que vendían sus puestos en la cola por Bs. 100.000 . A la 6:00 ya la cola era como de 30 personas y ya era un hecho que abrirían a las 7:00 . A las 8:00 mi numero fué el primero en ser llamado y doce días después ya tenía mi pasaporte en las manos.

Mariale divagando dijo...

Qué ingenioso eso de vender el puesto...

Domingo dijo...

Nel y mariale: sí, el ingenio "rebuscador" del Venezolano se muestra en la industria de la cola, la cuestión es que acá no se ha sofisticado tanto. Saludos