jueves, 6 de septiembre de 2007

No a la violencia, pero...

Nunca fui una persona agresiva. Ni siquiera cuando en mis años de escolar, el chinito Fermín Fung, con sus botas ortopédicas rojas, daba sus primeros pasos en el kung fu y se especializaba en patear mis tobillos. Aparte de las naturales peleas entre hermanos, nunca me caractericé por andar por ahí buscando pleitos. Partía de la tesis de la no violencia, no hacerle a los demás lo que no quería que me hicieran a mi.

Claro, en un momento de mi vida aprendí a hacer valer mis derechos, y si apelaba a la violencia lo hacía solo en legítima defensa.

En mi época de estudiante en Mérida también tuve mis escaramuzas con la Policía y la Guardia Nacional, pero lo veía más bien como una válvula de escape, como algo por lo que todos los universitarios pasaban, por su naturaleza rebelde. Recuerdo una ocasión en especial en la que me encolericé al observar los ojos aterrados de un niño que miraba cómo unos Guardias Nacionales pateaban y daban culatazos a su padre, furiosos porque les habían quemado una patrulla y se desquitaron con el primer pendejo que casualmente pasaba por allí.

En una época viví en una pequeña finca situada en una montañita llamada El Pie del Tiro. Un sábado por la noche bajé a Los Sauzales a comprar algo para preparar la cena. A medida que me acercaba al lugar veía más y más gente, como si hubiese un gran acontecimiento en los alrededores. Al llegar al sitio me entero de que hay una "Gran Bailanta" como parte de un conocido programa maratónico de Venevisión. El evento se desarrollaba en el estacionamiento del Mercado Municipal de Mérida, adyacente al abasto hacia el cual me dirigía.

Encontré el local abarrotado de gente, pero no para comprar víveres, sino para abastecerse de licor para la ocasión. A duras penas pude hacer mis compras y al salir veo a Alejandra, una hermosa chica que había sido mi compañera de estudios durante mi paso por la Facultad de Ciencias, quien estaba recostada de un carro y tenía una mezcla de rabia y temor en su rostro, pues un grupo de hombres la rodeaba como moscas y le decían cosas nada galantes.

Al acercarme, estos se alejaron un poco. La saludé y le pregunté qué hacía allí sola. Me saludó con cariño y me dijo que estaba con su novio.

- " ¿ Con tu novio?, ¿ Pero donde está? . ¿ Por qué deja que todos esos tipos te molesten? ", pregunté.

- " Mi novio está allí, miralo", contestó.

Volteo y a pocos metros veo al tipo, borracho y apostando a los dados en el piso con otros tres hombres. Seguí conversando con mi amiga, haciéndole compañía entre el gentío. Aparentemente, alguien le avisó al jugador que estaban molestando a su novia y cuando este se incorpora y voltea, ¿ a quien se encuentra?. Por supuesto, a Nel.


Cuando el personaje se acerca, extiendo mi mano y me presento.

- " Hola, mucho gusto. Me llamo Pedro y fui compañero de estudios de Alejandra. La vi sola y..."

Interrumpió mi presentación con un fuerte empujón por mi pecho.

- " ¿ Qué se trae ud. con mi jeva? ", me espetó.

- " No, no pana. Tú no entiendes. Yo conozco a Alejandra de la Universidad. Unos tipos la molestaban y ..."

Con otro empujón por el pecho me volvió a interrumpir.

- " ¿ Usted no sabe que la mujer ajena se respeta?, casi me escupió. Ya la situación se estaba poniendo muy tensa. Luego de insultarme y amenazarme me volvió a empujar.

Fue en ese momento que no pude contenerme y le dí un fuerte puñetazo en la nariz. Sentí un crack y pensé: fue mi mano o fue la nariz del desgraciado. El jugador de dados cayó como un tronco y quedó tendido cuan largo era en el piso, sangrando abundantemente por la nariz. La gente comenzó a aglomerarse en el lugar de los hechos. Alejandra, con una extraña sonrisa, me dijo:

- "Creo que es mejor que te vayas. Seguro viene la Policía. Vete,vete."


Mientras me alejaba, mi mano comenzó a dolerme mucho y cuando llegué a mi casa la tenía muy inflamada. En ese momento me di cuenta de que el crack provino de algún hueso roto en mi mano.

No fue sino hasta el lunes siguiente que acudí al Hospital Universitario a que me vieran mi adolorida mano. En el servicio de emergencias me encontré a un amigo de guardia, quien luego de un primer examen me dijo:


- " Pana, yo creo que esta vaina es quirúrgica, pero vamos a esperar al R1 a ver qué dice ".

Preocupado, me senté a esperar al médico residente 1 de Traumatología. Generalmente los traumatólogos son fuertes y corpulentos, pues se necesita mucha fuerza un la mayoría de las maniobras en esa especialidad. Por eso me sorprendí cuando apareció el médico en cuestión. Era flaco y como de metro y medio de estatura.

Mientras me examinaba me preguntó:

- " ¿Cómo quedó el tipo? "

- " ¿ Quien?, ¿ Qué tipo?", contesté creyendo que me confundía con otra persona.

- " El tipo que noqueaste, ¿Cómo quedó?", replicó.

Me explicó que tenía la típica fractura de boxeador, localizada en el 5º hueso metacarpiano. Me pidió que me sentara y comenzó a ametrallarme con preguntas, siempre palpando el área de la lesión.

- " ¿ Y tú en qué semestre estás?, ¿ Cómo fue la pelea?, ¿ De verdad le estabas levantando la mujer al tipo?, ¿ Estaba buena? ".

Sabía que en cualquier momento ocurriría. Cuando me hizo una fuerte tracción en el dedo meñique y me redujo la fractura, lo maldije en silencio. La maniobra fue muy dolorosa, quizás más que cuando me rompí el hueso. Inmediatamente un enfermero me enyesó la mano, dejandome libres solamente los dedos índice y pulgar.

Irónicamente, el médico me enseñó la forma correcta de cerrar los dedos sobre la mano para dar los puñetazos como debe ser, para así evitar ese tipo de fracturas.

Así pues, con mi mano enyesada debía realizar las labores propias de un estudiante soltero que además vivía en una finca con frutales, hortalizas y cinco enormes perras Pastor Alemán. Por supuesto, ocurrió lo inevitable: El yeso se me mojó por entre los dedos. Al poco tiempo, mi mano adquirió un desagradable olor, descrito acertadamente por mi amiga Conchita como Pecueca de Burro.

A los días recibí la visita de mis panas de Maracay: Marco, Charles y Chompita. Con ellos salí de excursión a las aguas termales de La Musui, cerca de Mucuchíes. Elo sitio es espectacular. De una gran roca mana el pequeño naciente de agua caliente que llena un pozo rodeado de frailejones. Allí fue tomada la foto que ilustra este post.


Aún faltaba una semana para cumplir con el mes prescrito con el yeso, pero un día me dejé de pistoladas y con unas tijeras de podar me deshice de él. Era preferible ser tachado de mal boxeador que de mortecina ambulante. Creo que ese fue mi último episodio violento, y aunque nunca falta algún personaje al que provoque darle unos buenos coñazos, sigo practicando la no violencia. Pero solo tengo dos mejillas.



6 comentarios:

Anónimo dijo...

EEeyyyyyyyyyyyyyy...!
Nel.....! desde Fermin Fung, el pequeño Chino que intentaba amargar nuestra edad pre-escolar, hasta nuestra visita a tu casa en merida excelente post.
Hay video de eso, debemos rescatarlo en digital, te llamo para hacer esa diligencia, alli se inmortalizó el Heredero de John.
Buena esa
Abrazos
Charles o CEMM

Domingo dijo...

que buena anécdota jejejeje...
esas aguas termales son fabulosas, el pozo es lo suficientemente grande para acomodar a los visitantes con comodidad pero la subidita hasta allá tiene lo suyo, así que no es un sitio para todo el mundo. Lo más sabroso es cuando baja la neblina y tienes que salir del calorcito para ponerte la ropa. Todo un desafío

G'Fax dijo...

Ya lo dijo un refrán: "Las buenas acciones nunca quedan impunes".

G'Fax dijo...

Pero no te desanimes, un poquito de violencia no deshonra, es cuestión de administrarla sabiamente. Además, la chica sonrió. Eso da puntos.

Saludos.

Mariale divagando dijo...

Pobrecita la mamá del traumatólogo... A esa pobre señora deben recordarla mucho ;-)

nel dijo...

Charles: Tantos viajes y tantas anécdotas en común nos hermanan cada día más. Buena idea la de digitalizar todos esos videos.Hablamos.

Domingo: Tenemos que ir a mërida y dar un tour por todas la aguas termales. Conozco las de Tabay, que cuando las conocí era un sitio de acceso libre, sin cercas ni candados. Ahora el dueño de los terrenos se convirtió en empresario y montó un balneario; Las de Ejido, en la localidad de Aguas Calientes; Las de La Mesa de los Indios o Mesa de Ejido, espectaculares pozos de agua helada y agua caliente, donde puedes regular la temperatura de los pozos poniendo unas piedras en unos canales; y las de La Musui, que ya conoces.

g`fax: Gracias por visitarnos. Tiempo después del episodio, me volví a encontrar con alejandra. Me contó que el tipo le pegó una vez y lo denunció a la policía. Pero con el tiempo volvió con él.

Saludos a todos.