domingo, 28 de octubre de 2007

Nombres raros: Una cuestión generacional

Hace poco escribí sobre las razones prácticas por las cuales uno debería ponerle nombres sencillos a los hijos. La cuestión no es si uno quiere que sus hijos se llamen de una forma única, lo que definitivamente tiene que tener sus ventajas. Domingo, por ejemplo, es relativamente poco común, por lo que no debería tener los problemas de diferenciación de un César González o una Carolina Pérez (que existen por docenas). El problema es esa costumbre de escoger nombres que resultan imposibles de escribir, pronunciar o recordar.

Steven Levitt y Stephen Dubner dedican un capítulo de su libro Freakonomics a resolver la pregunta de por qué las madres negras en los EEUU ponen a sus hijos nombres que luego les harán tener menos éxito en el mercado laboral. Estudiando minuciosamente datos estadísiticos provenientes del estado de California llegaron a dos conclusiones interesantes:
  • Primero, que en ese país los nombres se ponen de moda década a década. Las personas de las clases más altas empiezan a poner a sus hijos ciertos nombres y no es sino hasta una década después cuando éstos calan en el resto de la población y se masifican, pero para este momento los padres adinerados ya han empezado a bautizar a sus hijos de formas nuevas, que a su vez se pondrán de moda una década después.
  • Y segundo, que hay nombres que se asocian claramente con una raza u otra. Por ejemplo, Jamal y DeShawn pertenecen a hombres negros casi exclusivamente, según mostraron los datos analizados por ellos.
En este caso particular los nombres tienen un fuerte componente de aceptación social y búsqueda de estatus, así como de reafirmación racial, en un país donde aún hoy existen serios elementos de segregacionismo étnico.

En Venezuela, el asunto de los nombres se encuentra ligado a diferentes factores que son propios de nuestro país. Por un lado, un inmenso número de inmigrantes provenientes de Europa y Asia arribaron acá en décadas pasadas, por lo que no es extraño encontrar en la calle Giovannis, Igones o Tareks, sin que eso nos cause mayor extrañeza. Pero la característica más relevante de la antroponimia local es la presencia creciente de nombres inventados, que resultan de la combinación de otras palabras y en los que abundan las consonantes "w", "y", "k", "h", "j". Esto es particularmente cierto en los hogares de menos recursos económicos y, dado que la clase media venezolana se ha reducido con los años y se incrementado el número de hogares pobres, pudiéramos decir que el fenómeno se ha ido generalizando.

Yo me he preguntado muchas veces ¿Qué fue lo que pasó con los nombres? ¿Dónde fue que se trancó la bicicleta? ¿En qué momento fue que los Carlos Albertos y las Luisas Alejandras se transformaron en los Estivensons y las Betsymars?

Por suerte, he conseguido algunas claves en el sitio menos esperado: En la sección de obituarios de los diarios de circulación regional. Los anuncios de los fallecimientos recientes, aparte de informarnos sobre la muerte lamentable de nuestros conocidos (y los que no) en este caso nos pueden servir de fuente para saber cómo los nombres de los miembros de una familia han cambiado de generación en generación. Hay que aclarar que, siendo imposible saber a partir de un recorte de prensa las edades de las personas allí mencionadas, y que en familias de hijos numerosos, las edades de los nietos mayores se acerca bastante a la de los hijos menores, para efectos prácticos estableceremos que la primera generación sean los padres y tíos (cuyas edades los ubicarían más o menos en lo que se conoce como tercera edad), en la segunda generación estarían sus hijos, sobrinos, hijos políticos y así sucesivamente.


Ejemplo No. 1
1era Generación: Carmen Tereza, Jesús, Ana Julia, Carlota, Feliciana, Isabel, Guillermo, Verónica, Geremías, Eudoro.
2da Generación: Sergio, Luis, Carmen, Cheo, Ana, Alirio, José, Mercedes, Ezequiel, Eladio, Carmelo, José, Karin, Yolanda, Maribel
3era Generación: Belzay, Leidy, Andreina, Deivi, Ender, Numa, Jesús, Catheryn, Mayerla, Franyer, María José, Keilyn, Klisman
4ta Generación: Yolveiker, Eibar, Yoerly


Ejemplo No. 2
1era Generación: María del Rosario, Ofracio, Celina, Isabel, Máximo
2da Generación: Víctor, Javier, Rubén, Maribel, Yorley, Florelba, Pedro, Jazmín, Franklin, Maritza, Nazareth, Joseíto, Oscar, Pablo, Alejandra, Keyla, Rodolfo, Paula, José, Rubén, Máximo, Pascual, Víctor, Isaac, Sobeida, Luis, José, Jesús, Favio, Eurfrasio, Marcial, Cheo, Carmen, Aura, Lorenza, Esperanza
3era Generación: Víctor, Yoselín, Estiven, Emily, Yacsury, Wider, Dennis, Yefry, Oriana, Daiker, Bárbara, Keiver
4ta Generación: Víctor Alberto, Beiker

Ejemplo No. 31era Generación: José Valentín, Bertha, Dionisia, Victoria, marcos, Pedro, Julia, Serfileo, Gregoria, Ramón, Alejandro, Gonzalo, Henaquio, Marucha, Zoila, María, Ana Mere, Juana, Anselmo, Jorge, Aparicio, maximiano, Beltrán, Jesús
2da Generación: José, Edilia, Judith, Iván, Wilson, Jhony, Carmen, Deisi, Luz marina, Héctor, Wilmer, Dalila, Xiomara, Yelitza, Lizandro
3da Generación: Valentino, Greisi, Duángel, Mariángel, Luis Ángel, Yohana, Nathali, Carlos, Valentina, Jhocer, Yoselyn, Neisi, Yormi, Mairelis, Cristian, Frenyer
4ta Generación: Greimar

En la primera generación vemos muchos nómbres que poco a poco han ido desapareciendo y que automáticamente asociamos con los "abuelitos": Eudoro, Ofracio, Máximo, Gregoria, Henaquio.

Los nombres de la segunda generación nos parecen mucho más familiares, ya acá aparecen algunos nombres extranjeros que contienen las letras "k", "y" o "w" pero que son de uso tan común que no nos chocan. Tales son los casos de Wilmer, Franklin, Wilson o Keyla. A partir de la segunda generación vemos como se empiezan a formar nombres a partir de la combinación de otros dos aunque, nuevamente, nos resultan familiares y nada chocantes: Florelba (Flor y Elba), Maribel (María e Isabel).

Es a partir de la tercera generación, las personas que nacieron en la década de los ochenta y principios de los noventa, donde se pervirtió el acto de bautizar a los hijos: Deivi, Klisman, Yacsury, Yefry, Daiker, Jhocer, Neisi, Frenyer. Ni hablar de la cuarta generación: Yolveiker, Eibar, Yoerly. Podría apostar que los chamos que tienen los nombres más raros de todos son los más jóvenes de la familia.

Es triste decirlo, pero ese fue el legado que nos dejaron los 80's y que se fue agravando a medida que transcurrieron los años: Un país hipotecado, sifrinos de habla enrevesada y muchos nuevos y creativos nombres. La artificialidad es el epítome de esos años. En otro momento me gustaría ampliar sobre el impacto que tuvieron los banales y frívolos 80's sobre el estilo de vida y la cultura del venezolano.

11 comentarios:

Guillermo dijo...

Muy bueno el artículo, sobre todo porque hasta tienes una data (la extraída del periódico), que le da relevancia casi que científica a la investigación, jeje.

Pat dijo...

En mi familia tenemos cierta aversión con respecto a los nombres combinados o rebuscados. También con hacer mezclas de nombres extranjeros con apellidos hispanos, no suena nada bien; pero hay excepciones y se están presentando en la 4 generación con "Cynthia" y "Avril". Saluudos, siempre es un gusto pasar por acá.

Domingo dijo...

guillermo: jajajaja... me imagino que cualquier cosa menos científica. De todas maneras es un buen ejercicio porque los casos son muchos más de los que uno imagina. Yo coloqué tres de varios otros que tenía recortados.

pat: es reconfortante saber que a la gente le agrada pasar por acá, y es grato tener buenas compañías. Saludos.

Juan RRR dijo...

Tengo una amiga orgullosisima de una hija que se llama Smailliw (Williams al revés), jura que se la comió con un nomber tan original :D

Creo que si la gente supiera los problemas administrativos (bancos, registros, etc) que generan esos nombres extraños susceptibles a errores de tipeo no los usarían tan alegremente.

Waiting for Godot dijo...

Esto es super que interesante. Un besote.

Mariale divagando dijo...

Buenísimo el post!

Yo soy algo extremista con esto de los nombres, yo veo una Yuletsimarys o un Andreiccson (ambos son verídicos), y de una vez mi mente le pone una etiqueta. Los asocio con los personajes de Radio Rochela hace años, llamados "Los Yoldan".

No importa que tengan los ojitos azules y un apellido europeo, no importa que vivan en mansiones o tengan 5 títulos universitarios, mi mente les pone una etiqueta de marginal.

Sé que no se debe, porque son personas como todas las demás, sé que lo que hago se llama discriminación y está mal... Pero no lo puedo evitar.

nel dijo...

Esa es la mejor manera de leer obituarios. Jejeje
Muy bueno
Salud

Anónimo dijo...

Excelente artículo. Aquí en España la clase media aguanta, y el registro civil es muy restrictivo con los nombres, pero empieza a haber una invasion de Johnatan, Jennifer y Kevin.

Anónimo dijo...

¿A que generación pertenecerán estos?:
http://inicia.es/de/ppcamino/nombres.htm

Domingo dijo...

Hola anónimo, interesante página. La mayoría de esos nombres, aunque nos suenen extraños hoy en día, fueron bastante comunes en la antigüedad. Pertenecerían a la generación de nuestros abuelos. De los que puedo reconocer por encimita:
- Amílcar es de origen cartaginés, igual que Asdrúbal (Cartago estuvo emparentada con la civilización griega).
- Demóstenes y Atenógenes son nombres de la Grecia antigua.
- Porcario, Quinciano son antiguos nombres Latinos.
- Violante es un nombre castellano antiguo si mal no recuerdo.
- Saraí es un nombre bíblico de origen Semita.
- Otros como Iluminada, Convertida y Querubina tienen sus origenes en el fervor católico (que en términos generales era más fuerte antes que ahora).

Saludos,

cool dijo...

Hola!!!
Bueno yo me llamo Hendelberth A-U y soy de la clase media alta y de gran apellido y mi nombre es combinado no le veo lo malo pero si hay exageraciones como tal han descrito que automáticamente los veto de marginales o que viven en un barrio y es que es así.
En mi familia casi todos los nombres empiezan pos H (casi todos combinados), son nombre fáciles de pronunciar y uno que otro en alemán o ingles.
Todos tienen mínimo un postgrado no somos unos locos cualquiera.