domingo, 28 de octubre de 2007

Taxi, por favor

Quizás uno de los gremios más desprestigiados es el de los transportistas, y entre ellos probablemente los taxistas lideren las encuestas como los menos populares. La mayoría de ellos, por no decir todos, viola constantemente las leyes de tránsito, entre otras, pues se paran o recogen pasajeros donde les viene en gana, hacen giros en lugares indebidos y abusan con las tarifas, aparte de la forma temeraria y suicida con la cual se desplazan. Justo es reconocer que al menos ya casi han desaparecido aquellos camastrones destartalados, siendo sustituidos por cómodas unidades nuevas.



Por todo ello me sentí un poco raro cuando, por una de esas vueltas locas que da la vida, me vi un buen día trabajando detrás del volante de un taxi. Para entonces vivía en casa de mi hermana en Tucapé, cerca de San Cristóbal, Táchira. Ya tenía varios años viviendo allí, de manera que conocía bien la ciudad y sus alrededores, o por lo menos no me perdía.


El carro pertenecía a una linea organizada, y debía usar un uniforme con corbata, portar una credencial y cumplir con un horario. Comenzaba mis guardias a las 4:00 am hasta las 4:00 pm, cuando otro chofer se hacía cargo de la unidad hasta el día siguiente. El domingo la guardia era de 24 largas horas. La semana siguiente me tocaba el turno de la tarde, con el domingo libre. Luego, el lunes siguiente se repetía el ciclo.Tuve que memorizar una lista de más de 100 claves y códigos con los cuales me comunicaba por radio con la central y con el resto de los compañeros.


Recuerdo que mi primer servicio lo realicé a la salida de un bar en la 7º avenida. Eran como las 5:30 am cuando una pareja que salía del local me hizo la señal de costumbre. La resaca y el trasnocho eran evidentes en sus rostros.


- " Señor, vamos derecho hasta La Chucurí ", dijo la dama.


Justo en ese momento me di cuenta de que realmente no conocía tan bien la ciudad. Seguí conduciendo derecho por la 7º si saber a ciencia cierta a donde me dirigía, esperando que los pasajeros dijeran algo. Finalmente, cuando hacía rato había dejado atrás los limites de la ciudad, vía Barinas, dijo la chica:
- " Por favor, cruce aquí a la izquierda. "


Ese mismo día compré un mapa de la ciudad, y pronto me familiaricé con las avenidas, calles, carreras y veredas.
El trabajo a veces es monótono, otras veces es divertido, pero siempre es peligroso. Además de los riesgos propios de conducir un vehículo, debe uno saber a qué horas es seguro ir a determinados sitios, a cuales lugares no ir a ninguna hora, y tener el don de la palabra para cotorrearse a los guardias nacionales, policías y vigilantes de tránsito.


Se aprende también a diferenciar, entre los potenciales pasajeros, quienes realmente necesitan una carrera y quienes solo quieren ponerte una pistola o un cuchillo en un costado y atracarte. Algo así como un sexto sentido de supervivencia.


Me tomó un tiempo comprender cómo cada vez quería aprender más y más sobre el mundillo de los taxistas, cuando hasta hacía poco tiempo sentía que todos mis derechos humanos y civiles eran violados cada vez que subía a un taxi como pasajero.


Sin embargo, hice buenos amigos en el trabajo. Y aunque la competencia es feroz, existe una tácita solidaridad en el medio, incluso con los choferes de la competencia.


Cuando la central no asigna servicios, los cuales son prioritarios, debe uno rodar y rodar ( ruletear, en el argot) hasta que aparece alguien que saca la mano. Los días malos me entretenía mirando los rostros de la gente de a pie mientras esperaba en las colas. También hacía juegos de palabras con las placas de los carros. Por supuesto, siempre tenía buena música de fondo. Puesto que dejaba mis CDs en el carro al final del turno, pronto fui el centro de los comentarios del resto de los choferes, pues no se explicaban como podía escuchar algo así, cuando todo taxista que se respete, al menos en Táchira, solo escucha vallenato, rancheras o lo último que está de moda. Claro, también tenía programadas en la radio estaciones de todos esos géneros para cuando lo requirieran los clientes, quienes siempre tienen la razón.


Muchas anécdotas acumulé durante casi tres años en este trabajo. Desde borrachos que no quieren pagar o que se vomitan en el asiento, señoras celosas cazando a sus maridos en plena acción hasta chicas sin dinero ofreciéndose a cambio de una carrera.


Había una enfermera, cliente habitual, que siempre estaba retrasada y se cambiaba de ropa dentro del carro. Otro cliente, asistente del dueño de una cadena de expendios de lotería, alquilaba el carro todo el día y a veces transportaba enormes sumas de dinero. Cada vez debía seguir una ruta diferente para evitar ser seguidos. Cuando quería ir de paseo o de rumba, derrochaba a manos llenas. Cuando iba a hacer mercado, compraba por duplicado: uno para él y uno para mi. Al final, pagaba la carrera más una jugosa propina.


Varias veces me vi involucrado en choques, todas ellos causados por la parte contraria. Con todo, corrí con suerte pues los causantes de los choques siempre pagaron los daños.


Pronto comencé a aburrirme del trabajo. Las tertulias entre los taxistas siempre abordan los mismos temas: cuantas carreras hiciste en el día, cuanto dinero hiciste, lo pesado que está el tráfico. Por supuesto, todos abultan las cifras y siempre se levantan a todas las pasajeras.


Ahora veo a los taxistas de una manera diferente. Después de haber sido uno de ellos, entiendo que es un trabajo duro y arriesgado, en el que todos los días juegas una lotería.


Por eso, mis amigos, me permito hacerles algunas recomendaciones para cuando no les quede más remedio que subir a un taxi:
  • Preferiblemente use taxis pertenecientes a alguna linea establecida, con placas amarillas.
  • Evite en lo posible los taxis con vidrios oscuros, sobre todo en la noche.
  • Negocie el destino y la tarifa antes de abordar la unidad.
  • No acepte obsequios de parte del chofer, como dulces, bebidas, cigarrillos, y si le ofrece prestarle el teléfono celular, rechácelo cortésmente.
  • Por supuesto, opóngase rotundamente a llevar otro pasajero ajeno a ud., aunque sea "mis hijos o mi señora".

Converse con el chofer y pídale que le ponga su música preferida. Muchos choferes se han convertido en una suerte de agentes encuestadores sobre los más variados temas de actualidad. Ellos observan de primera fuente el día a día en la calle y escuchan opiniones de mucha gente.

Siempre pida rebaja y, por favor, no tire la puerta.







10 comentarios:

Domingo dijo...

Hey Nelín, que post tan depinga. Muy cierto lo que dices, no es un oficio nada fácil.

Por cierto que yo creo que lo del tipo de las loterías era una estrategia de supervivencia: Vamos a tratar bien al taxista para que no vaya a pasar el dato y haga que nos secuestren.

Juan RRR dijo...

No se, tendría que pasarme algo similar y terminar ruleteando para llegara sentir empatía por este grupo de humano que comparte mis odios y rencores callejeros hacia motorizados y choferes de autobus (eso si, en menor grado); atravesados y molestos cuando no tienen pasajeros y buscan alguno, abusadores y peligrosos cuando tienen uno y ahora si quieren apurarse, exquisitos a la hora de llevar a alguien (si la ruta es con alto tráfico y no hay esperanza de obtener nada de regreso no te llevan) y absolutamente abusadores en cuestión de precios (por lo menos el costo de tres tanques de gasolina en una carrera sencilla en Caracas).

Repito, cuando este gobierno me haga terminar manejando un taxi hablaos de simpatías ;-)

Juan RRR dijo...

Adenda:

Muy buenas hoistorias se podrían sacar de un experiencia taxística

Waiting for Godot dijo...

Yo siempre he respetado la gente que hace este tipo de trabajo. Muchos besos.

G'Fax dijo...

Estoy de acuerdo con Juan, tendría que vivir el oficio para dejar de verlos como un peligro. Sin embargo, siempre es bueno escuchar historias de primera mano. Buen post.

Saludos.

Mariale divagando dijo...

Bueno, en esta época revolucionaria, muchas personas de las profesioens y oficios más diversos, se han desempeñado como taxistas en alguna oportunidad; incluyendo a mi padre, con sus estudios en el Norte y sus sopotocientos años de experiencia profesional...

Durante el tiempo que trabajó como taxista, en casa vivíamos preocupados pensando si regresaría... Realmente es peligroso.

Dragón negro dijo...

Pues, aunque pienso que la mayoría es un desastre, muchas veces uno se encuentra con un taxista que maneja decentemente. También hay que entender lo que debe significar estar en la calle (particularmente con las colas de Caracas) tantas horas...

Desgraciados y aprovechados hay en todos los gremios, yo estoy rodeado en mi trabajo, claro, muchos con títulos pero iguales o peores que muchos taxistas... :)

Para mi, los realmente aborrecibles son los motorizados, esos si que no respetan a nada ni a nadie...

nel dijo...

Domingo: El tipo era pana y solo llamaba por la unidad Nº 4, que era la mia. A veces no me gustaba andar con él porque le dió por cargar un revolver.

Juan rrr: Dijo Otrova Gomas en uno de sus libros que los taxistas y autobuseros son una raza maldita caidos en desgracia por los efectos malignos del monóxido.
Saludos

Waiting for godot: No todos son abusadores. Conocí algunos choferes que son sumamente amables y corteses tanto con los pasajeros como con el resto de los conductores. Pero son la excepción. Probablemente el mismo medio de trabajo, el stress, la competencia y otros factores contribuyen a desnaturalizarlos. Afortunadamente me salí a tiempo.
Saludos

g'fax: Por eso mismo ya los veo de otra manera. Sigo creyendo que son de cuidado, pero ahora entiendo su lenguaje.
Salud

Mariale divagando: Tenía un compañero quien, además de arquitecto, tocaba trompeta en un grupo de Mariachis. Otro era contador público y conocí a una chica que trabajaba para otra linea como operadora quien esa bogada.
Salud

Dragón negro: Comparto tu opinión sobre los motorizados. Son una verdadera plaga y no hay quien los controle. También pienso que aprovechados y abusadores hay en todos los gremios, y son peores porque se valen de sus titulos y su autoridad para cometer sus abusos.
Salud

marianne dijo...

estoy de acuerdo con Domingo, el post está entretenido y de paso es testimonial...Están muy buenas las recomendaciones y pensar que hace tiempo escribí acerca de fantasear con ser taxista, este post está real!, besos...

nel dijo...

Marianne: Gracias amiga por siempre estar allí.
Salud y beos.