lunes, 5 de noviembre de 2007

Las Ciudades Invisibles

Las Ciudades Invisibles de Italo Calvino es un libro estupendo. Se presenta al lector como una serie de diálogos entre el navegante Marco Polo y el Gran Khan de los Tártaros. Marco Polo relata al gran emperador las descripciones de ciudades que ha visitado a lo largo de sus viajes y el resultado es una serie de narraciones cortas sobre dichas ciudades, ficticias todas, pero cargadas de una profunda significación simbólica.

El lector desprevenido se encantará con las vívidas imágenes de lugares tan imposibles como reales. El urbanista se encantará doblemente, porque encontrará a partir de estos lugares, inteligentes reflexiones que Calvino fue hilando acertadamente en torno a las ciudades que son y que han sido, las que diariamente habitamos, soñamos, creamos y destruimos.

Comentar cada una de las historias daría para muchos y largos escritos. En esta ocasión me gustaría hacer una pausa en una en particular.
LAS CIUDADES SUTILES. 2
Ahora diré de la ciudad de Zenobia que tiene esto de admirable: aunque situada en terreno seco, se levanta sobre altísimos pilotes, y las casas son de bambú y de zinc, con muchas galerías y balcones, situadas a distinta altura, sobre zancos que se superponen unos a otros, unidas por escalas de cuerda y veredas suspendidas, coronadas por miradores cubiertos de techos cónicos, cubas de depósitos de agua, veletas, de los que sobresalen roldanas, sedales y grúas.

No se recuerda qué necesidad u orden o deseo impulsó a los fundadores de Zenobia a dar esta forma a su ciudad, y por eso no se sabe si quedaron satisfechos con la ciudad tal como hoy la vemos, crecida quizá por superposiciones sucesivas del primero y por siempre indescifrable diseño. Pero lo cierto es que si a quien vive en Zenobia se le pide que describa como vería feliz la vida, es siempre una ciudad como Zenobia la que imagina, con sus pilotes y sus escalas colgantes, una Zenobia quizá totalmente distinta, flameante de estandartes y de cintas , pero obtenida siempre combinando elementos de aquel primer modelo.

Dicho esto, es inútil decidir si ha de clasificarse a Zenobia entre las ciudades felices o entre las infelices. No tiene sentido dividir las ciudades en estas dos especies, sino en otras dos: las que a través de los años y las mutaciones siguen dando su forma a los deseos y aquellas en las que los deseos o bien logran borrar la ciudad o son borrados por ella.
Suelo escuchar los comentarios de la gente acerca de los problemas que atraviesan sus ciudades y las posibles medidas que se pudieran tomar para resolverlos con gran escepticismo. Solemos idear soluciones sobre la base de los mismos paradigmas rígidos que dieron pie a los problemas en primer lugar, las cuales no lograrán mayor cosa que dar una sensación ficticia y temporal de mejora. O peor aún, terminamos aceptando con resignación que las cosas son como son y que no hay manera de cambiarlas, sencillamente porque somos incapaces de aceptar que haya una realidad distinta a la que damos por cierta.

Hay casos más extremos todavía, es el cuento de esas personas que se acostumbraron tanto al estrés y el despelote que ahora detestan vivir en lugares apacibles, carentes de smog, multilocks y altoparlantes. Son los que terminan asumiendo una relación simbiótica con el desorden, aquellos cuyos deseos han sido borrados por el trajinar mutante de la ciudad.

Ahora piense por un momento ¿En qué categoría se encuentra usted? ¿Cómo se imagina usted su futuro y el de sus hijos dentro de la ciudad? ¿Qué opinión le merecen medidas de planificación urbano-ambiental que se han llevado a cabo en muchas otras ciudades fuera de Venezuela, que a todas luces son más ordenadas y ofrecen mayor calidad de vida que las nuestras?

A ver:
- ¿Se imagina viviendo en una ciudad en donde existan restricciones al área de construcción que pueda tener su vivienda como en Los Ángeles o Minneapolis?
- ¿Qué le parece la promoción del uso masivo de las bicicletas como medio de transporte tal y como se hace desde hace décadas en Portland?
- ¿Qué pensaría si en su ciudad se prohibiera el uso de bolsas plásticas como está planteado en New York o en Paris?
- ¿Cómo reaccionaría ante la instalación de parquímetros en las vías públicas como en Madrid?
- ¿Qué preferiría usted, que se invierta en más vías de tránsito para que los vehículos puedan fluir mejor o por el contrario que con esos mismos recursos se lé de prioridad a los espacios públicos, las vías peatonales y el transporte masivo como en Bogotá?

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PS. Puede leer Las Ciudades Invisibles en formato pdf haciendo clic acá.

2 comentarios:

Waiting for Godot dijo...

Domingo, de pana que leerte es buenísimo. Besos.

Domingo dijo...

waiting: Gracias, me siento realmente halagado. Besos para ti.