sábado, 10 de noviembre de 2007

Los sabores de mi niñez

Tuve la gran suerte de crecer rodeado de grandes cocineras. Mi mamá era muy diestra en el arte de los fogones, mi tía Susana era una experta repostera, y Berta, Rosa y Cleotilde, entre otras, quienes trabajaron en mi casa como criadas, también tenían lo suyo, y además aprendieron mucho con mi mamá.
Ocurre que me di cuenta de esto hace relativamente poco tiempo, mirando retrospectivamente aquellos platos que llenaron nuestra mesa durante mi infancia. Como todo niño que se respete, muchas cosas no me gustaban, en realidad casi nada, y la mayoría de las veces sin siquiera haberlas probado. Cosas como hígado, cebolla, lechuga, acelga, brócoli y berenjena eran inconcebibles en mi plato. ¡Guacala!
Por alguna razón hay algunos sabores, unos apreciados y otros odiados, que están vivos en mis recuerdos. He aquí algunos de ellos.
Cachapas
Todos los fines de semana se manejaban dos opciones en mi casa: Ir a la playa o ir a comprar maíz tierno para hacer cachapas. Siempre lo comprábamos en la carretera vieja que conducía a Turmero. Todos participábamos en el proceso. Unos pelaban las mazorcas, otros desgranaban el maíz, otros ayudaban con el viejo molino. Pero la preparación de las cachapas quedaba en otras manos expertas. Las comíamos con una mezcla de queso blanco rallado fino y leche, a la que llamábamos suero.
Arroz con espárragos y jamón
Consistía este plato en un arroz blanco embebido en una salsa bechamel, adornado con espárragos enrollados en jamón, todo gratinado con queso parmesano. Ignoro si esta es una receta clásica o fue un invento de mi mamá, pero extrañamente me gustaba mucho. Digo extrañamente por los espárragos, alimento poco atractivo para los niños.
Funche y Polenta
El funche es el equivalente criollo a la polenta que se consume en Italia y otros países de Europa. En mi casa preparaban el funche indiferentemente con harina de maíz amarillo o blanco, y estaba aliñado con cebolla y pimentón. Lo comíamos con mantequilla y queso. Si quedaba funche para el día siguiente, se cortaba en rodajas y estas se freían hasta quedar crujientes. Esta forma era mi preferida, aunque por supuesto antes de comerlo sacaba todos los pedacitos de cebolla y pimentón.
Por otra parte, preparaban también una polenta rellena con un suculento guiso de pollo, con muchos aliños, pasas, vino, entre otras cosas. También me gustaba mucho y también le sacaba todas las cosas raras.

Pescado
De niño, nunca fui amigo del pescado en general, y por extensión, de los crustáceos y moluscos. Nunca me obligaron a comer estos productos y, de hecho, cuando servían pescado me preparaban algo diferente solo a mi. Ventajas de ser el hijo menor. Recuerdo que hacían un pasticho de atún para todos y uno pequeño para mi, relleno de ¡diablitos!, cosa que hoy en día no creo que comería.
Poco a poco he ido aprendiendo a comer pescado, pero solo cuando tengo que hacerlo. Mi alergia a los camarones me aconseja seguir vetando a los mariscos. Una vez, después de varias cuba libres a la orilla de la playa, me comí una docena de ostras. Desde entonces no me hablo.

Queso holandés de bola relleno
Esta receta, que entiendo proviene de las Antillas neerlandesas, era una de mis preferidas. El queso de bola era consumido a través de una tapita que se le abría en la parte superior. Cuando ya estaba casi vacio, se remojaba en agua para así desprenderle más fácilmente la cera roja protectora que lo cubría. Luego se preparaba un guiso de pollo parecido al de la polenta, y se rellenaba con él el queso, para llevarlo al horno hasta que el se derrite.
Espectacular.

Huevo
Cuando era niño solo me gustaba el huevo frito para mojar, esto es: con la yema aguadita para allí mojar la arepa. No recuerdo exactamente en qué momento mi organismo rechazó el huevo en la mayoría de sus formas, y ahora solo lo puedo comer en forma de perico o de tortillas. A mi papá le gustaba mucho el huevo tibio, pasado por agua hirviendo por breves instantes. Se lo servían en el desayuno, acompañado de pan tostado, sal, pimienta y una cucharilla. Cuando rompía la cascara del huevo para empezar a comerlo, todos salíamos corriendo espantados por los vapores nauseabundos.

Torticas de arroz
Estas eran preparadas con el arroz blanco sobrante del almuerzo. Hacían una mezcla con huevos, harina y este arroz sobrante, para luego freírla en forma de torticas en abundante aceite. Estas torticas luego se espolvoreaban con azúcar y las comíamos a manera de postre o de merienda.
Hay otros sabores que marcaron mi infancia, aunque no eran preparados en casa. Entre ellos está la chicha del Sr. Pacheco, un señor muy negrito que vestía su uniforme de trabajo impecablemente blanco de pies a cabeza, incluyendo sombrero y guantes. No le gustaba que lo llamaran chichero sino Sr Pacheco. Su exquisita chicha tenía trozos de piña y la comprábamos por jarras para el almuerzo.
En la actualidad, mis hermanas expresan con sus expertas manos esa herencia culinaria familiar, pues todas son excelentes cocineras. Y para alegría de todos, siguen preparando esos platos que marcaron mis recuerdos.

9 comentarios:

Aimee dijo...

Este Mensaje es para el joven-aun Tanos: "me estoy poniendo al día con mi blog y te elegí entre mis favoritos... pasa por mi blog."
bye bye.

Anónimo dijo...

Tamara dijo...
Nelin, hermano, que recuerdos!!!! los fui saboreando uno a uno, te faltaron muchos otros , pero me hiciste llorar de alegria!! Gracias por recordar esos dulces y salados momentos de nuestra niñez, vamos a tenre que escribir un libro para los nietos y sobrinos-nietos. Besos al tio-abuelo de Camila, de su tia- abuela Tama.

marianne dijo...

me gustan los posts de comida jajaja y si es mezclado con añoranzas pues, exquisita receta para leer!, muchos saludos, esta visita al "pabellón" me dejó tan sólo pidiendo postre :-P

Domingo dijo...

Hey Nelín. Un buen post como siempre. Algunos de los sabores de mi niñez incluyen algunas cosas dulces de las que mi abuela Olga era tan aficionada como las galletas de soda con leche condensada o el de la mezcla para tordas pegada en las paletas del ayudante de cocina.

Las plantas y flores del jardín de mi casa también entran en esta categoría (la de los sabores de mi niñez, no las aficiones de mi abuela).

Waiting for Godot dijo...

Tengo hambre! :) Besos. Bonito Post.

Anónimo dijo...

Nel...........!
¿Recuerdas el canto de promoción de la Chicha del Sr. Pacheco….?
Cuando leía tu post evocaba el árbol de mamón que estaba en la puerta del garaje de la casa de Marco, el árbol de mango y el Samán, este último es el que ha sobrevivido, recuerdo el canto de Sr. Pacheco, cuando lograba bajar de la casa donde vivía el ya iba bajo el Samán con su fuere vos, igual lo recuerdos en el Instituto Escuela Calicanto. Coincido con Tama.
Saludos.
CEMM
Cuando tengas el canto trata de reproducirlo en letras, ejejejeje, yo lo recuerdo clarito.

G'Fax dijo...

Los espaguetis con carne molida y queso blanco rayado, los huevos pochados, las tajadas con queso blanco duro, y las mandocas, por supuesto. Es que mi madre es maracucha :)

Saludos

nel dijo...

Aimee: Con gusto le daré tu mensaje a Tanos.
Salud

Tamara: Poco apoco he ido recordando otros. La crema de apio con pollo mechado y guisantes, el consomé de pollo con queso parmesano,los medallones de lomito en jugo de naranja, el alfondoque (al que llamabamos madera), entre otros.
Salud, hermana.

Marianne: A veces me llega un olor y me transporto en el tiempo. Algo así como un déjà-vu culinario.
Besos y salud.

Domingo: Recuerdo las arepas y el café de la Sra. Olga. No podía uno medio asomarse por su cocina porque lo obligaba a sentarse y comerse algo.
Salud y bendiciones a Camila.

Waiting for godot: En toda conversación siempre termina uno hablando de comida.
Gracias y salud

Charles: No sé qué decía exactamente, pero sonaba algo así como: CHICHIREEEE
En el colegio calicanto se paraba, además del Sr. Pacheco, Efraín con su bicicleta llena de chucherías y, dependiendo de la época del año, bombitas y pistolitas de agua, yoyos, perinolas, tumbarranchos y saltapericos; También se paraban dos vendedores de perros calientes. Uno de ellos era un italiano, quien para compatir con el otro, ofrecía DOS SALCHICHA REALE; DOS SALCHICHA REALE, queriendo decir que por el mismo precio de UN REAL, los perros venían con dos salchichas.
Salud y un abrazo, hermano.

g`fax: También me gustaba y me sigue gustando mucho el plátano. Me hiciste recordar los cambures titiaros fritos en mantequilla con queso blanco rallado, favoritos de mi papá.
Salud y gracias.

Gracias a todos por sus comentarios.

Anónimo dijo...

Canto del Sr. Pacheco
cha´chi´chichichirrraaaaaaaaaa..!!!!....
Pero con una intensidad y tonalidad muy particular, e impactante. No se si nos impactó el asunto porque éramos unos preescolares apenas, jejej, ya recuerdo el Italiano y a Efraín que también llevaba alfeñiques..
Saludos.
CEMM