domingo, 23 de diciembre de 2007

Como nos encanta guardar cosas inútiles

Carolina recién había llegado de Barcelona y me mostraba las fotografías y souvenirs que había traido consigo. Corría el verano de 2002, promovido por el gobierno español y la Generalitat de Catalunya como "Año Internacional de Gaudí" así que había anécdotas en abundancia de lugares recorridos y paseos maravillosos.

Me dijo "mira esto que compramos allá" y sacó de una gaveta del mueble de la sala un hermoso y peculiar juego de dominó.

Las fichas eran más grandes y planas de lo normal y en lugar de números tenía algunos figurines y manchas propios de la obra del pintor catalán Joan Miró. En la parte de atrás de las fichas aparecía estampada su firma.

- "Que bonito" - le respondí - "¿Qué es?"
- "Es un juego de dominó con figuras de Miró".
- "Que bien ¿Ya lo estrenaste?"
- "No vale, no es para jugar. Son un recuerdo".
- "Ahhhh... sí es muy bonito".

Revisamos las fichas unos segundos más y luego de eso las volvió a colocar en su caja y las guardó nuevamente en la gaveta del mueble de la sala.

A veces pienso en lo extraño que resulta que la gente compre (y guarde) las cosas que compra y guarda.

Por ejemplo esas fichas de dominó con motivos de Miró. No era una baratija de esas que uno a veces trae por docenas para los conocidos cuando vas de viaje. Apenas las vi pensé que eran una cosa tan hermosa y a la vez tan inútil. No sirvían para jugar, ni siquiera sirvían para adornar el lugar. Habrían de estar metidas siempre en ese cajón, salvo durante estos primeros días luego de su largo viaje cuando saldrán por unos instantes para ser admiradas por algún visitante. Después permanecerían en su sitio, por completo olvidadas hasta que ocurriera una mudanza, una limpieza profunda o que yo mismo las invocara, como ahorita, en mi memoria.

Me hacen pensar en esos hermosos juegos de cristalería y esas ollas que mi abuela mantuvo guardadas tantos lustros y que nunca se usaron salvo para guardar polvo y esa vez en que sus hijos probaron sus habilidades aritméticas a la hora de repartir los peroles.

Me hacen pensar también en esos cuadernos con apuntes universitarios que he visto a tanta gente guardar en cajas por años hasta que las páginas desvencijadas se tornan amarillas y cuando uno les pregunta "¿por qué no botas ese criadero de ácaros que tienes ahí?" te responden con molestia ostensible "¿cómo se te ocurre que voy a botar mis apuntes? si en cualquier momento los puedo necesitar" y uno piensa "sí claro, dame un segundito que voy a revisar acá una cosa de laplacianos e integrales de segundo orden que no tengo muy claras en este momento".

¿No será más bien que nos aferramos demasiado a cosas materiales queriendo depositar en ellas un valor sentimental sobreestimado?

6 comentarios:

Pat dijo...

Solía tener esa actitud, aún me queda algo de eso. Lo cierto es que cada año saco a la basura cosas viejas que en algún momento tuvieron un valor sentimental, y ya cada vez me queda menos. Esa costumbre de guardar vajillas y ollas es muy común, yo insisto en usarla. Y me he dado cuenta que soy muy mala para tener adornos que guardan polvo sobre una mesita. Oye, lo del criadero de ácaros se lo comenté a mi hermano una vez por las cosas viejas que tenía en su clóset. jajaja

Oswaldo Aiffil dijo...

Hola Domingo!
Muchas veces me he puesto a pensar en eso, si no será verdad que nos aferramos a un montón de cosas que, ¿de verdad lo ameritan?
Bueno, a lo que vine, a desearte a ti, a Nel, a tu preciosa beba y a todos mis amigos de Pabellón Con Baranda una muy feliz navidad! Gran abrazo Domingo y gracias por la buena vibra!!

luis dijo...

Quizas tenemos esa compulsion debido a que queremos saber que fuimos, en el caso de los cuadernos, una epoca feliz donde uno era irreponsable, y no le importaba, y ese cuadeerno, ese pedazito de cosa, es como las huellas, aun frescas de esa felicidad. de esa amante que tuvimos, de ese lugar tan bello. Y cuando uno las toca, velve el perfume de su pelo, las parrandas interminables, o el ocaso de ese lugar.
No son cosas siquieras, son pedazitos de nosotros

Lapapaya dijo...

La verdad que yo creo que a todos nos pasa...uno siempre tiende a "atesorar" ciertas cosas que luego las vemos y notamos que no sirven de nada!
Como que forma parte de la naturaleza humana...
En fin...una muy super feliz y mamarracha Navidad!
Un beso!

G'Fax dijo...

Alguien me dijo una vez: "Todos somos hamsters coroteros", y temo que enía razón.

Y hablando de corotos acumulables, ¡Feliz navidad! Y que te regalen muchas cosas para que las acumules con las alegrías y satisfacciones que te traerá el año que viene. Nos vemos en enero.

Domingo dijo...

pat: Hay algunas circunstancias de mi vida que me han impedido sujetarme mucho a ciertas cosas materiales, empezando porque me he mudado unas quince veces a diferentes ciudades. Es difícil cargar con tantos peroles de acá para allá y bueno... a la final terminas perfeccionando el sentido de la dispensabilidad.

oswaldo: Muchas gracias por los buenos deseos. Que lo mismo se multiplique para ti mil veces.

luis: Tienes razón, así trabajan los "anclajes". Un objeto cualquiera, una melodía, un aroma nos pueden transportar en el tiempo y el espacio.

lapapaya: gracias por pasar y brindarnos tus deseos. Quizás tienes razón, debe estar en nuestra naturaleza.

g'fax: Feliz Navidad (atrasada) para ti pana. Seguro nos estaremos viendo...