lunes, 14 de enero de 2008

Costa de Oro de Aragua, lo que alguna vez fue

Carretera que atraviesa el Parque Nacional Henry Pittier (foto tomada de http://www.turismodeplaya.com)

Cuando era pequeño, mi familia y yo visitábamos frecuentemente las hermosas playas de la costa aragüeña, en el norte de Venezuela. Mi mamá empacaba galletas o pan, cheese whiz, diablitos o sandwich express, algunas frutas y bebidas. Era seguramente mi mamá la que nos decía: "No olviden llevar un sweater que allá arriba hace frío". "Allá arriba" se refería a las montañas del Parque Nacional Henry Pittier, cuyas entrañas debíamos atravesar para llegar a la costa. La carretera que cruza el parque es angosta y llena de curvas, un pequeño boquete en medio del oscuro y denso bosque húmedo de montaña. La Cumbre, punto más alto de la vía, siempre estaba cubierto de neblina y hacía bastante frío, o al menos eso nos parecía a nosotros, acostumbrados al calor habitual de Maracay.

El viaje para la playa era toda una experiencia en sí misma: Oir el aullar ronco de los araguatos, pararnos a beber agua en alguna de los quebradas que manan hacia la carretera, bañarnos en "El Tobogán" con su resbaladiza y pulida roca y su pozo de agua helada, comer empanadas recién fritas en La Trilla. En una ocasión nos orillamos en plena subida para admirar a un perezoso que, despreocupado, trepaba con parsimonia un árbol apenas a la altura de nuestras cabezas.

Mis papás nos contaban muchas historias y anécdotas de la montaña y de las incontables veces que, desde pequeños, ellos recorrieron el mismo trayecto. Un día nos contó mi papá:
- Esos árboles de copa clara que se ven en la ladera se llaman yagrumos. Son indicador ecológico de degradación de un ecosistema boscoso. Cuando ha habido desforestación los primero árboles que crecen allí son los yagrumos.
- ¿Hay otros indicadores de degradación ecológica?
- Claro que los hay. Cuando en un bosque crecen pastos eso indica que la degradación es muy grande.



Yagrumo - Cecropia peltata (foto tomada de http://es.wikipedia.org/
wiki/Cecropia_peltata)

A veces partíamos temprano y regresábamos a la casa al caer la tarde. Otras veces nos quedábamos un día o dos en la vieja casa de playa de mi abuelo Pedro, el papá de mi mamá, la cual quedaba a un par de cuadras del malecón de El Playón, el pueblo más grande de esa zona de la costa. La playa frente al malecón nunca fue tan buena para bañarse y tenía fama de traicionera por su resaca y su oleaje - en ese entonces aún no habían construido los rompeolas que contribuyeron a transformarla en un conjunto de balnearios - así que siempre partíamos a alguna de las otras playas cercanas.


Mapa del Parque Nacional Henry Pittier (imagen tomada de http://www.escaners.info/Mapacuya.jpg)

Tengo recuerdos muy gratos de Playita, un pequeño balneario ubicado detrás de la Boca de Ocumare a la que se llegaba a pie y que no he vuelto a visitar en más de veinte años. El trayecto hasta La Boca era muy corto, una recta que tenía como particularidad el tránsito regular de miles de cangrejos que atravesaban el asfalto con obstinación suicida ¿o era mas bien porque no tenían otra vía que tomar entre sus agujeros y la playa? Como quiera fuera, estaban allí, atravesados, y en la ida siempre quedaban allí aplastados uno o dos. Recuerdo el sonido crujiente que acompañaba la triste muerte de los crustáceos. Mi papá me contó que cuando él era pequeño el número de cangrejos era mucho mayor y parecían esos ríos de hormigas negras que atraviesan la selva en busca de alimentos.

Pero nuestro destino favorito era casi siempre una hermosísima bahía de arenas blancas y oleaje moderadamente fuerte llamada Cata, al frente de la cual se yerguen un par de edificios vacacionales. Incluso desde niño recuerdo haber pensado en lo chocantes que se veían ese par de estructuras de concreto frente al mar, pero la belleza de la playa lograba hacer que se te olvidaran esas pequeñeces. La sombra inquieta de los cocoteros, la arena perfecta, el batir incesante del mar, el sol brillante. Cata era simplemente perfecta. En ese entonces se proyectaba mar afuera un rompeolas artificial en la mitad de la bahía, justo en frente de los edificios. Sobre las piedras, los restos de lo que había sido una cerca metálica que separaba ambos extremos de la playa. Mi mamá me explicó una vez: "Lo que pasa es que antes este trozo de la playa era privado y sólo podían venir los dueños de los apartamentos de esos edificios. El lado de acá era 'Cata Privada' y aquél, 'Cata Pública', pero ahora toda es una sola playa. Pero todavía la gente las distingue por una cuestión de costumbre”. Pensé que era injusto que hubiera playas a la que uno no pudiera ir y me entretuve imaginando que si todavía existiese una Cata Privada, me habría aventurado llegar a ella en algún bote inflable.


Bahía de Cata (foto tomada de http://www.fmbienesraices.com/Texto_Ocumare.htm)

Nosotros generalmente íbamos a Cata Privada porque siempre había menos gente, aunque en esa época las playas se mantenían relativamente vacías todo el tiempo. Un lugar común de nuestras idas allí consistía en atravesar el cerro que bordea el extremo derecho de la bahía para ir hasta Catica, una playa pequeña que podía divisarse a lo lejos, un poco hacia al este en diagonal. Me sentía como un aventurero cuando hacíamos el recorrido hacia Catica a lo largo de un sendero pedregoso que bordeaba los rompientes filosos en donde el mar se bate contra la roca. En el camino predominaba la vegetación de bosque seco y llegando a la pequeña playa, plantas xerófilas y parches de gramíneas espigadas. Fue en uno de esos viajes cuando mi tía Ñana me narró, en líneas gruesas, la historia detrás de "El Nombre de la Rosa", cuya versión cinematográfica recién se había estrenado. Cuando hube de leer ese libro algunos años después, siempre asocié los grises y fríos parajes del norte de Italia que ambientan la novela, con las caídas verticales rocosas del camino hacia Catica.

Unas pocas veces fuimos a Cuyagua, otra playa algo más alejada, que era una especie de paraíso para la práctica de un deporte poco conocido en el país: El surf. Cuyagua había estado agarrando cierta notoriedad por ese entonces gracias a un tema homónimo de un grupo llamado Fuga.

Cuyagua no era precisamente una playa "familiar", porque sus altas olas y sus corrientes no la hacían alta para los más pequeños, así que las pocas veces que fuimos nos bañábamos en el río y en alguna ocasión alquilamos kayaks para navegar. Recorríamos la playa solitaria para recoger caracolitos y piedras que los había por millares. Hacia el fondo, hasta Yajure, muy lejos del río, se extendían centenares de metros de esas arenas cremosas y cocoteros inmensos que se inclinaban hacia el mar como una suerte de sombrilla vegetal intermitente. Cuyagua era un verdadero paraíso, como lo eran todas las playas de la Costa de Oro de Aragua, algunas de las que sólo conocía de oidas: La Ciénaga, Turiamo, Playa Maya, Playa Grande, Cepe, Chuao, Juan Andrés.


II. Me gusta recordar las playas de mi estado natal de esta manera. Hoy en día todo es tan distinto. Coincidimos mis papás y yo en Maracay después de mucho tiempo y en el trayecto hacia El Limón, en las faldas del parque Henry Pittier, cuando mi papá le dijo a mi mamá con una mezcla de nostalgia y asombro: "Mira, la montaña azul ya no es azul sino marrón". Se refería a esa montaña que se yergue con majestuosidad detrás de la casa donde viví mis primeros años.

En el camino hacia Ocumare ya uno ni siquiera se acuerda de llevar abrigo. A veces hace frío, es cierto pero a veces no tanto. Hasta un buen tramo de carretera hacia la cumbre se extienden grandes franjas de pastizales. Aún se aprecian las heridas que dejaron el la montaña los deslaves de septiembre del año 1987, hecho que fue conocido desde entonces como "la tragedia de El Limón".

Los cangrejos de La Boca hace tiempo se murieron todos, como también murió la tranquilidad de esos pueblos, ahora tan caóticos y bulliciosos. Los edificios frente a Cata en cambio siguen allí, cada vez más viejos y, a medida que transcurre su vida útil, también más feos. Todavía me pregunto ¿a quién se le ocurrió autorizar y ejecutar semejante crimen arquitectónico?

Cuyagua dejó de ser un pueblito de dos calles y desde la montaña se aprecia gran cantidad de viviendas en construcción, sobre todo en el margen izquierdo del río. La arena se ha ido oscureciendo por las fogatas y el paso de los carros. Los cocoteros se diezmaron y en Yajure lo único que queda son algunos arbolitos pequeños que se sembraron hace un par de años para tratar de recuperar el verde esplendor de antaño. En un carnaval reciente, algunos rustiqueros abrieron un camino paralelo a la playa para poder meter los carros hasta allá, seguramente fueron los mismos a quienes les pareció divertido hacer unas enormes zanjas en la tierra para meter sus enormes máquinas y luego jugar a sacarlas del lodo pegajoso con la ayuda de winches y del 4x4.

Pero quizás el cambio más lamentable que sufrió el parque y sus playas surgió de un invasor tan llamativo como odioso: La basura. En la hermosa carretera y sus hitos: Rancho Grande, La Regresiva, El Tobogán; en los pozos de La Trilla, en el río de Cuyagua; en las calles de los pueblos; en la arena y en el agua; todo está invadido por cantidades ingentes de botellas, papeles y bolsas. La misma basura que me encontré en pleno corazón del parque, en Río el Medio, la vez que atravesé los cerros caminando para llegar a Chuao desde Turmero.

El brillo de la Costa de Oro se ha opacado por una pátina inmunda que ha creado nuestra inconsciencia. Ojalá que podamos resarcir el daño que hemos ocasionado o al menos evitar que se sigan destruyendo esas maravillas naturales con las que hemos sido bendecidos. Mientras tanto me queda una sensación a la vez dulce y amarga recordando lo que alguna vez fueron estos destinos playeros del estado Aragua.

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PS. Para leer más sobre el Parque Nacional Henry Pittier:
http://pabellonconbaranda.blogspot.com/2007/04/snorkeling-en-la-cinaga.html

13 comentarios:

Juan RRR dijo...

Ja ja, se me cayó la cédula, yo conocí esas dos Catas como Cata Rica y Cata Pobre ;)

Me acuerdo de hacer el viaje hasta ese edificio antiguo en Rancho Grande, la estación biologica creo que es ahora, y ver asombrado los animales disecados. Hoy supongo que eran cuatro bichos mal mantenidos pero para mi era asombroso.

Solo te queda recordar el otro camino y como era visitar los pozos de las Cocuizas y bañarse.

Jeanfreddy El Irresponsable dijo...

Impresionante tu relato. Hace poco fui para Cata, y hoy estuve hablando con un amigo que no veía en años de la Universidad, y los dos coincidimos: es una lástima como Cata y Cuyagua ahora tienen en sus orillas un mar de basura que la gente deja reposar en sus pies sin ningún dolor ni pertenencia. Los viejos recuerdos de la niñez han sido suplantados por la gozadera etílica, ranchúa, reggeatonera y descuidada del venezolano que en vez de estar haciendo snorkeling, empanadas o atentiendo un barcito para alemanes y gringos, se gasta la quincena en cervezas y cigarro, dejando la arena playera llena de latas, botellas, papeles y plástico, impunemente y sin demasiado pudor. Qué ladilla el tema político, pero mi voto para alcalde, gobernador y concejal será para quién toque el tema ecológico, sino, no me interesa. Un abrazo, mi pana.

Pat dijo...

Me gustó mucho tu relato, me ayuda a crear una imagen más positiva de los parajes de tu estado, aunque al final sólo menciones lo desgastados que están. Aún tengo intenciones de visitarlos.

Estuve en Cata una vez y me pareció hermosa, tengo bonitas fotos de ese lugar desde un mirador camino a Cuyagua; sin embargo, coincidimos en que ese crimen arquitectónico que está en el centro arruina buena parte del paisaje.

Yo también podría contarte cómo eran el parque Cachamay y el parque La Llovizna antes de la construcción de las centrales hidroeléctricas que se encuentran acá; ahora no son ni la sombra de lo que eran hace unos cuantos años atrás.
Saludos,
Patty

Waiting for Godot dijo...

Pareciera como si yo hubiera recorrido ese paraje contigo, es increíble como lo cuentas, Cata, Cata he hablado de Cata esta semana tres veces, creo queya me toca. Muchos besos.

G'Fax dijo...

Si el comité de turismo de Aragua se entera te contrata. Pero no aceptes un cargo público, mejor que te contraten como persona jurídica.

Saludos.

nel dijo...

He estado viajando muy seguido a Ocumare de la Costa porque la empresa en la que trabajo está reparando una casa en El Playón. Los pueblos de Ocumare y El Playón no han evolucionado nada en muchos años, y sus habitantes parecen sumidos en una especie de modorra colectiva, con las calles llenas de huecos y maleza. Desde mi niñez, cuando iba casi todos los fines de semana a la playa, nunca vi tanta basura en la carretera como ahora. El mirador, Guamita, la Estación Biológica, los paradores turísticos, la curva regresiva, la nevera, todo todo repleto de basura. Próximamente se celebrará la tradicional caminata "ecológica" de San Sebastian, desde El Limón hasta Ocumare. Por tal motivo,cuadrillas de la alcaldía del Mpio. Mario Briceño Iragorry han estado haciendo recolección de basura "blanca", esto es papeles, bolsas o cualquier cosa que por ser de ese color, es más llamativa. El resto se deja porque se mimetiza más o menos entre la vegetación. La basura recogida se mete en bolsas, pero en vez de recolectarla con camiones, simplemente la lanzan por un barranco. A partir de la curva regresiva, cerca del abra de Portachuelo, donde pasa el 42% de las especies de aves de el país y el 7% de las especies de aves del mundo, la situación es peor pues allí comienza el municipio Ocumare de la Costa de Oro, cuyo alcalde no gasta medio en limpieza. En La Trilla y Aponte se para la gente a sacarse la arena y la sal en el rio, pero se olvida de llevarse la basura y el botellero.
En diciembre de 2006 vino mi hermana procedente de Portland, USA. La acompañaba su amiga vietnamita Maria, quien trabaja como asesora en asuntos ambientales en la alcaldía de esa ciudad. Las acompañé a Ocumare y Choroní. Maria me preguntaba por qué había tanta basura siendo parque nacional. Honestamente no supe responderle. Solo en La Ciénaga se atrevió a meterse en el agua.
El problema es generalizado, pues en mis recientes viajes a Morrocoy,Gran Sabana,Lara, Trujillo,Monagas,Sucre y Margarita vi que nos ahogamos en basura.
Salud

Zaza dijo...

Hermanito siempre leo lo que escriben, nunca comento nada solo disfruto.
La verdad extraño esos dias,y te extraño a ti tambien mucho.
besos a Camila.
Nelin no te pierda...

Domingo dijo...

juan rrr: seguro que tú llegaste a ver los ríos de cangrejos jejejeje
sí, ni modo, no queda otro camino que recordar.

jeanfreddy: sí pana, yo también he tomado esa misma decisión ¿cuándo será que se conforme acá un partido verde? (y no me refiero precisamente a Copei). Un abrazo para ti.

pat: Lo que pasa es que la intención era esa, hacer una pequeña reflexión sobre como vamos destruyendo la naturaleza. De tiempo en tiempo voy para las playas de Aragua y no puedo dejar de pensar en cómo se ha ido desgastando la belleza (aunque tú quizás puedas no darte cuenta porque no lo viviste). Igual te deseo un rico viaje cuando vayas allá.

waiting: Cata es hermosa. Ojalá que tu experiencia sea fabulosa cuando la visites.

g'fax: Comité de qué???

nel: que triste todo lo que cuentas pero es verdad, la gente ni siquiera se imagina lo que representa la flora y fauna del parque.

zaza: hola hermanita, que bueno que escribiste. Te quiero mucho. Un besote.

Janecita. dijo...

O sea... NO tienes idea del viaje el pasado que acabo de hacer leyéndote.

Venezuela es LO MÁXIMO! Lástima, lástima, lástima... tú sabes qué.

vicente dijo...

Disfruto o sufro las lecturas: no me considero un anciano, todavía. Pero vuelvo mi mirada al pasado, por allá en la hoy lejana infancia y es inevitable revivir un paraiso. La carretera en general era mucho más angosta y sombreada justo desde el inicio en la alcabala. A guamita la recuerdo como un sitio lúgubre donde fluian las aguas cristalinas. Fue en una de las piscinas de Guamita que me di cuenta que sabía nadar, porque flotaba, surcaba la piscina en todos los sentidos, hice plancha de espalda y duré como "una vida" sin tocar el piso (a lo mejor fueron 5 minitos). para ese entonces tendría unos 10 u 11 años. Fué muchos años después, en mi etapa de tarajallito cuando hubo la ampliación. Justo después del puente de la nevera, primer puente de hierro el día de hoy, había una regresiva subiendo hacia la hoy estación biológica donde funcionába, no se si ahora lo hace, el único local comercial en esa área. Un restaurante de comida típica. Realmente no recuerdo haber pasado por allí en mi infancia, sin que antes, durante y después del portachuelo, no estuviera todo cubierto de neblina. Después del portachuelo (Rancho Grande) nosotros le decíamos los riitos. La carretera gomera siempre húmeda era cruzada por muchos riachuelos en cantidades que hoy me parecen infinitas. Las cascadas, los manantiales que fluían hacia las orillas, donde las gotas se descolgaban hastaaaaaa allaaaaaá, en la punta de una hoja de helecho o de malanga. Mi mamá agarrando hijitos para su hermoso jardín. Mi papá improvisando un cucurucho en hoja de platanillo para recoger el agua que habríamos de beber. No eran muchos los carros, ni mucha la gente, para ese entonces (a ustedes les parecerá increible) no se utilizaban bolsas plásticas. La playa más concurrida era playita, ir a la boca y a playita significaba pasar por un enorme cocotal, de palmeras enormes inclinadas al viento. Llegar a cata requería vehículo rústico o ir en bote, al igual que a la ciénaga. Los niveles de contaminación eran mínimos. Estoy remembrando la época cuando el Playón era prácticamente familiar. Cuando al bajar casi como un rito se escuchaba en la radio la canción del elefantico, cuando la mayor basura eran las hojas de los almendrones que se recogían por las tardes para quemarlas y se fuera la playa. Posteriormente, a la edad que mis hijos mayores tienen hoy, ya el deterioro ambiental era visible al igual que los niveles de contaminación. Sin embargo, fue por esa época cuando tomé conciencia de la biodiversidad, de las flores, de las especies vegetales y animales, de los paisajes y los atardeceres. Recuerdo de lo extrañado de un amigo cuando en una de esas bajadas a Ocumare me escuchó exclamar ¡Gracias Dios mío por permitirme contemplar tanta beleza!.
Posteriormente, cuando Belkys salió en estado de Domingo, prácticamente vivíamos en Playón. Después, al asumir las responsabilidades nos alejó paulatinamente de la playa y en una de nuestras visitas, como padres responsables criando sus muchachos capaces de describir lo que Domingo narró, la decepción fue tan grande que optamos por utilizar otras playas.
Darse cuenta que la basura es un problema es el primer paso, pensar en como resolver el problema el segundo y presionar o actuar para resolverlo debe ser tarea de todos.
Si no actuamos, no creo que sus hijos le crean que algo como lo descrito existió

Dios te bendiga....

G'Fax dijo...

Comité de turism... vale, vale, que soñar no cuesta nada.

Anónimo dijo...

Yo no conci esacasa de la que tu hablas en tu relato solo e ido escasas veces a las playas de Aragua pero ojala y mas gente pensara como tu.

Los Venezolanos nos hemos convertido en una suerte de parasitos del ecosistema arrasando con todo lo que se encuentra a nuestro paso, si no vasta mirar como quedan las playas luego de carnavales y semana santa, llenas de basura y botellas de vidrio de productos etilicos a la orilla de la carretera que bien sabido es que son un conductor de calor al calentarlas el sol y en verano provocan incendios realmente espantosos atentando contra la fauna y la flora.

LOs venezolanos debemos cambiar nuestra forma de pensar y empezar a valorar lo que Dios nos obsequio, a cuidarlo y amarlo, seamos consientes la temperatura global sube cada año cada vez hay menos arboles, gastamos mas energia y consumimos mas agua si segumos asi nuestros hijos no tendran planeta, POR FAVOR tengan consiencia, disfruten pero tambien cuiden.

Anónimo dijo...

muy buena tu anecdota del block interesante la descripcion que haces de las hermosas playas de las costas de aragua, un llamado a las personas que frecuentan estos sitios turisticos saquense ese rancho de la cabeza disfruten y cuiden el ambiente