lunes, 7 de abril de 2008

Difundiendo la cultura musical venezolana en el exterior

De los recuerdos más gratos que me dejaran los años que viví en los EEUU junto con mi familia puedo traer a colación aquellas veces que tuvimos la suerte de enaltecer la riqueza cultural de Venezuela entre las gentes de aquél y otros países.

Mi papá se dedicaba entonces a sacar su maestría y, por su condición de extranjero, formaba parte del club de estudiantes internacionales de la universidad y en el que nosotros hacíamos vida por extensión. Era un sitio para el encuentro de personas provenientes de todas partes del mundo quienes también cursaban sus estudios allí y representaba un motivo perfecto para aprender y dar a conocer sobre las singularidades de cada rincón de la Tierra.

Siempre estábamos listos para participar en actividades de difusión cultural y a menudo fuimos invitados a ferias y exposiciones para las cuales preparábamos stands con información variada sobre Venezuela, los cuales adornábamos con numerosos objetos que habíamos llevado con nosotros: Un tricolor patrio (por supuesto), una ruana, libros sobre Roraima y las costas del país, tarjetas postales, instrumentos musicales, monedas y billetes. En los puestos regularmente había un reproductor que dejaba sonar la melodía de bambucos andinos y pasajes llaneros.

Pero seguramente las muestras más impactantes de la cultura venezolana de las que fuimos partícipes eran presentaciones musicales que preparábamos, mi papá tocando el cuatro y mi mamá las maracas, en las que interpretábamos piezas a varias voces - un pajarillo y algún bolero - para satisfacción nuestra y del público.

Cuando mi tía Ñana, artista por vocación y profesión, y Marielena, una prima por la rama paterna, viajaron hasta nuestra casa y se quedaron una temporada entera ampliamos aún más el repertorio. Ñanita nos enseñó la forma de elaborar unas máscaras carnavalescas hermosas con papel maché y montamos un baile de calipso que, sin ánimos de sonar pretencioso, se convirtió en toda una sensación en aquellos pueblos. Tanto fue así que las máscaras que elaboramos, que aunque bonitas tan poco es que eran la gran cosa, fueron expuestas durante un tiempo en la biblioteca pública de Amarillo cual si fueran obras de arte.

Supongo que esa gente del norte de Texas nunca había imaginado que el acto de bailar pudiera ser tan colorido y cadencioso.

Acá en Colombia quizás no tenga oportunidad de repetir experiencias artísticas como las que acabo de relatar, aunque hoy ocurrió algo singular que me hizo rememorar aquellos episodios de mi vida familiar.

Me encuentro dando algunas clases de inglés conversacional a grupos de estudiantes avanzados y, según habíamos acordado ya, la clase de hoy giró en torno a la música venezolana. Les comenté sobre la Onda Nueva de Aldemaro Romero y como este movimiento ha servido a lo largo de los años como referente para los innovadores del sonido nacional. Conversamos sobre los lazos musicales que existen entre los llanos de los dos países, de allí saltamos a la maestría de Cheo Hurtado y los tipos de bandolas que existen de acuerdo con las regiones de nuestra nación. Les di a escucha temas de Alfredo Naranjo, Huáscar Barrada y Guaco y quedaron extasiados. Hablamos de tamboras, furrucos, chimbangles y mandolinas y también lo hicimos de gaitas, guacharacas y otros elementos de la música colombiana.

Estudiando un poco acerca nuestras raíces sonoras y difundiendo su valor entre algunos conocidos, así sea empleando como excusa una clase de inglés (o de español ¿por qué no?) podemos convertirnos en excelentes embajadores de nuestro país más allá de las fronteras venezolanas.

7 comentarios:

Mariale divagando dijo...

Nuestra música es muy bella y muy variada, así que bien vale la pena difundirla y darla a conocer.

El Trimardito dijo...

La música venezolana es lo máximo, lástima que mucha gente joven no sepa apreciarla desde todos sus puntos de vista.

Saludos!!

romm|na dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
antesdelunes dijo...

mariale, trimardito: tienen razón, hay mucho belleza en la música venezolana que debemos dar a conocer.

Saludos

Consuelo dijo...

Sin duda alguna depende de cada uno de nosostros difundir lo que somos... justamente para no perder nuestra esencia en éste torbellino de escenarios.

Que placer volver a leerlos, el trabajo me mentiene alejada del teclado ;)

Waiting for Godot dijo...

La música es embajadora universal. Besos.

John dijo...

Lo Nuestro es lo mejor.. Que viva Venezuela!!! http://www.mitamboryyo.blogspot.com