sábado, 7 de junio de 2008

El cuento de la competitividad y lo que David Ricardo no previó

Cuando estaba más joven sentía un extraño embeleso por eso que llaman competitividad. Eran los tiempos del Premio estímulo al Conocimiento, por allá por el año de 1994, y de la "Revista Talento", publicación cuyo estudio era el punto de partida para obtener los galardones correspondientes.

En ese año y los que vinieron tuve la oportunidad de asistir a conferencias de todos o casi todos los articulistas de las dos ediciones de la revista talento. Recuerdo, por ejemplo, la primera vez que asistí a una charla de Emeterio Gómez que trató sobre este tema en cuestión, en la que se explayaban los mismos argumentos expuestos en su artículo titulado, muy convenientemente, "La competitividad".

La cosa iba más o menos así:
  1. La competitividad para él es producir más que los demás, a menor costo y con mayor calidad. Para lograrlo no se puede andar produciendo cualquier cosa sino aquellas para las que podamos tener ciertas ventajas.
  2. Por ejemplo, él como economista y conferencista que era hacía mucha plata dictando charlas a profesionales y estudiantes porque poseía ciertas ventajas competitivas que provenían de sus estudios.
  3. No tenía sentido para él ponerse a cortar la grama de su jardín porque el costo de oportunidad (la renta que dejaba de percibir por hacer esas otras labores) era muy grande, por eso contrataba a otra persona que hiciera ese trabajo por él.
  4. La especialización en las labores hace que cada quien sea más eficiente. A la final podríamos intercambiar nuestros servicios y todos seríamos más prósperos y felices.
  5. Se podía extrapolar la misma situación a los países: Venezuela debería tratar de enfocarse en la explotación de sus ventajas comparativas y olvidarse de aquellos otros rubros en los que los costos relativos de producción eran más altos que los de otros países. De hecho, el ejemplo concreto que Emeterio Gómez planteó en esa ocasion era ¿Para qué Venezuela iba a ponerse a producir maíz si sus niveles de producción nunca podrían igualar a los de los países nórdicos (por cuestiones de irradiación solar) si más bien podía enfocarse en desarrollar sus ventajas comparativas en áreas como el petróleo? Recordemos que en ese entonces la Orimulsión era una de las niñas mimadas de PDVSA y era un ejemplo de como esas ventajas comparativas podían convertirse en competitivas gracias a la innovación y la aplicación tecnológica.
Después supe que muchas de estas ideas tuvieron su origen por allá con los economistas clásicos como Adam Smith y David Ricardo. Ricardo por ejemplo desarrolló la teoría de la ventaja comparativa, la cual promulga los beneficios del libre comercio internacional (que es el punto de partida para los TLC's) y la división del trabajo que ya había sido propuesto por Smith en "La riqueza de las naciones". Este artículo de wikipedia resume bastante bien el modelo de las ventajas comparativas y sus supuestos (nótese cómo los ejemplos al final son casi idénticos a los usados por E. Gómez en su disertación).

Como les decía antes, yo seguía pensando que eso de la competitividad era una cosa espectacular, infalible, hasta que un día compré un ejemplar de la revista Debates IESA titulado "Las Caras de la Competitividad" y leí que había gente que criticaba abiertamente lo que defendía ¡Que locura! Uno de los detractores era Paul Krugman, un catedrático y respetado miembro de la comunidad de economistas estadounidenses que fue miembro del Consejo de Asesores Financieros cuando Ronald Reagan estaba en el poder. Se citaba un artículo publicado en Foreign Affairs titulado "Competitiveness - A Dangerous Obsession" (que puede leer acá en inglés).

Fue la primera vez que comencé a pensar en que quizás esto de la competitividad, las ventajas comparativas y el libre comercio no estaba tan blindado como pensaba. De hecho, empecé a notar que las naciones más ricas hablaban de libre comercio pero mantenían barreras arancelarias y enormes subsidios que hacían imposible un comercio equitativo, como el caso clásico de los agricultores estadounidenses y europeos que perjudican la producción africana; que por ejemplo Korea, el más emblemático de los llamados Tigres Asiáticos y uno de los ejemplos más trillados de como se deben aprovechar las ventajas competitivas para desarrollar una nación, mantuvo durante años severas restricciones a las importaciones y sólo empezó a abrir sus mercados una vez que su industria interna se consolidó; que el modelo del libre comercio internacional funcionaba como una extensión del modelo mercantilista colonial, en el que las superpotencias garantizaban la colocación de sus productos a la vez que se hacían de materias primas baratas y en la los productores primarios siempre estaban en desventaja y sumidos en la pobreza; y que muchos de los acuerdos de libre comercio incluyen serios elementos de compinchería ideológica que poco o nada tienen que ver con los verdaderos intereses de los pobladores de una nación.

Hoy en día estoy convencido que la competitividad es una de esas teorías que no va a soportar el peso de nuevas realidades. Realidades que se evidencian a la luz de la actual crisis global del combustible y los alimentos (y los commodities en general) y que se verá agravada en la medida en que el dólar continúe su descalabro.

Empecemos porque el modelo de David Ricardo supone que no hay costes de transporte en el comercio internacional. Cuando el barril de petróleo costaba 15USD el supuesto podía mantenerse pero el viernes el petróleo rozó los 140 USD el barril y en cualquier momento se monta en 200 USD o más. Hay quienes señalan que los elevados costos del combustible promoverán la disminución del consumo e impulsarán el desarrollo de fuentes energéticas alternativas como el biodisel. Yo creo por el contrario que la solución parte por disminuir el consumo, no por conseguir alternativas para continuar con el alto consumo.

Los altos costos de transporte beneficiarán la producción local, por ejemplo ¿Quién irá a traer perolitos chinos que hay que traer desde el otro lado del planeta cuando hacerlos acá no sólo genera más empleo sino que resulta relativamente más económico a la luz del alto costo del combustible?

Más importante aún es que, ante la escasez real, el valor de uso de algunos productos está prevaleciendo por encima de la mayor o menor cantidad de plata (valor de cambio) que
pueda resultar de su venta. Un ejemplo clarísimo ocurrió el mes pasado con el arroz. El arroz es el principal alimento de 2500 millones de personas en el mundo, más de un tercio de todos los humanos que habitamos la Tierra. Actualmente existe una serie reducción de la producción mundial de este cereal provocada por factores diversos sumada al aumento de los niveles de conumo ¿Cuál ha sido la respuesta de los países?
  • Vietnam anunció la reducción de exportaciones de arroz en 22%.
  • China elevó los aranceles de exportación de arroz.
  • Brasil anunció que suspendía temporalmente sus exportaciones de arroz. Egipto, India y Bolivia han tomado medidas similares.
  • Ecuador ha suspendido sus exportaciones de arroz para todos los países excepto para Venezuela debido a compromisos previamente adquiridos.
Yo me pregunto ¿De qué vale que un país produzca chips, electrodomésticos o camionetas si no tiene con qué comer? ¿A la hora de la chiquita, de quien va a depender para que le vendan la comida que consumen sus ciudanos sino de si mismo? ¿Tiene o no sentido producir maíz o arroz para el consumo interno más allá de que las ventajas competitivas no den para tanto?

En un sentido más amplio ¿de qué van a valer los perolitos chinos que mencionábamos más arriba? ¿cuál será el sentido de ser competitivos para producir "mejores" cosas como celulares con más ringtones o neveras con televisores en las puerta?

Los recursos naturales cada vez más escasos y costosos - el agua potable, la tierra fértil, los bósques, los minerales, las resinas plásticas - van a redefinir las relaciones de poder económico en el futuro, aumentará las tensiones por el control de espacios geográficos claves y reducirán la paulatinamente la importancia de la competitividad en esquemas de producción que seguramente se orientarán a la satisfacción del consumo local y de necesidades más elementales.

Post Scriptum:
Unos años después Emeterio Gómez dejó de hablar de competitividad (gracias a Dios) y centró sus discursos en torno al asunto de la ética. También tuve la oportunidad de asistir a una de estas conferencias suyas pero ya después no le paré tantas bolas.

6 comentarios:

Juan RRR dijo...

"Los recursos naturales cada vez más escasos y costosos [...] aumentará las tensiones por el control de espacios geográficos claves"

Ya hoy en día muchas de las causas de conflicto en medio oriente es el control de fuentes agua.

Hace tiempo que el destino nos alcanzó.

Klaus Meyer dijo...

No veo cómo los ejemplos que das contradigan las ventajas comparativas. De hecho las confirman.

Si se le hace muy costoso a un país exportar, por ejemplo, alimentos (por el encarecimiento del combustible para transporte), de tal manera que el país que antes le compraba puede ahora sembrar "competitivamente", eso no invalida que anteriormente la ventaja competitiva existiera, ni que en un futuro no vuelva a aparecer.

Las barreras contra el libre comercio son barreras políticas, impuestas coactivamente. Estas barreras tienen consecuencias graves y son, económicamente hablando, costosas, es decir, encarecen algunos productos y, por lo tanto, empobrecen a los consumidores.

Entre las consecuencias, aparte del encarecimiento, están las migraciones. Desde países que podrían estar produciendo más barato productos que, por ejemplo, produce más caro la Unión Europea, (UE) se observan las olas de inmigrantes que ahora tratan los europeos de frenar. De poder cultivar en sus países de origen para exportar a la UE no necesitarían emigrar.

Por otro lado, los europeos deben subsidiar con impuestos cada vez más altos a sus agricultores ineficientes, desviando así dinero que podrían ahorrar o invertir, y que se usa para pagar costos artificiales, creados por políticos para favorecer grupos de votantes (los agricultores).

Si los gobiernos imponen trabas a las exportaciones de arroz, ¿se abaratará el precio del arroz dentro de esos países o los agricultores cambiarán de rubro? Toma el ejemplo de Venezuela: debido a las intervenciones del Estado en la producción de café, algunos agricultores cuya familias tenían generaciones en el negocio, terminaron arrancando todos los cafetos para sembrar plátano que, al parecer, no le parece de "primera necesidad" o "estrátegico" al gobierno.

Las políticas gubernamentales erradas no son la mejor manera de cuestionar la validez de las ventajas comparativas, éstas existen independientemente.

Saludos.

Waiting for Godot dijo...

Con la parte final de tu artículo provoca hacer lo mismo que tu con tu segunda conferencia, pero lamentablmente no podemos el problema es gordo, muy gordo. Besitos.

antesdelunes dijo...

juan rrr: así es... desafortunadamente. Saludos

klaus: gracias por pasar y comentar. Coincido contigo que políticas erradas son las culpables de muchos de los mismos problemas que existen en el mundo, dependiendo de su enfoque, y sobre todo, cuando son analizadas sistémicamente.

Decir, por ejemplo, que los africanos emigran a Europa por culpa de los subsidios a los alimentos es una sobresimplificación bárbara. La pobreza africana tiene sus razones en eventos históricos, políticos y sociales complejos que incluyen las prácticas esclavistas del colonialismo, los sangrientos y traumáticos procesos independentistas del siglo pasado, el apoyo de revueltas con el fin de apoyar gobiernos títeres que promovieran marcos legales perjudiciales a los intereses de las naciones, particularmente en cuanto a la explotación de recursos naturales (diamantes, oro, uranio, madera, petróleo, etc.), la "ayuda" ecónomica de los organismos internacionales, otorgando créditos onerosos a administraciones corruptas, etc.

Inclusive, me atrevería a afirmar que más que una causa, los subsidios a los alimentos son uno de los síntomas bajo los cuales se manifiestan esquemas de dominación económica y política que han enriquecido a algunos y empobrecidos a otros. Total, si del problema de inmigración hablamos ahí están las serias medidas restrictivas que están imponiendo la mayoría de los países europeos. O sea, te quedas pobre pero por allá.

continúa...

antesdelunes dijo...

Coincido también contigo en que las ventajas existen y ya: Si eres alto tendrás más oportunidades de jugar basketbol y ser exitoso, eso es indudable. La ventaja existe. Inclusive las ventajas pudieran variar en el tiempo: Si eres deportista y te inyectas esteroides serás más fuerte y tendrás una ventaja comparativa sobre tus oponentes. Que eso sea ético, legal o que tenga efectos secundarios indeseables es ya harina de otro costal.

Hay varias cuestiones, sin embargo. Si la cuestión de la producción de bienes y servicios se deja a criterios exclusivamente económicos, como la idea de que las empresas trabajan buscando maximizar su renta, aumentando sus ganancias y disminuyendo sus costos, incluyendo el costo de oportunidad que resultaría producir algo para lo cual no poseamos una ventaja comparativa clara en este momento.

Volvamos al ejemplo del maíz en Venezuela. Según Emeterio Gómez, invertir en producción de maíz en ese entonces hubiera estado fuera de orden y se habría hecho a pesar de, y no a expensas de, nuestras ventajas comparativas como nación. Hoy en día que existen altos costos de combustible y una elevada demanda de maíz que ha incrementado su precio, es rentable producir este rubro incluso en países como el nuestro. Por supuesto, esto sólo es válido siempre y cuando se mantengan ciertos criterios básicos de productivad que a su vez resultan de formulación y desarrollo de planes de mejoramiento genético, extensión agrícola, manejo integrado de plagas, etc. que tardan años en implementarse.

De haber seguido la pauta del modelo de las ventajas comparativas nos encontraríamos apenas en los primeros estadios de la curva de aprendizaje incapaces de aprovechar las circunstancias que encierran una situación que se vuelve más acruciante a medida que transcurren los días.

Continúa...

antesdelunes dijo...

Te pongo otro ejemplo. En Canadá, particularmente en la provincia de Alberta, el alto costo del petróleo ha hecho que sea rentable extraer este combustible de las arenas bituminosas.

El proceso es altamente contaminante y tiene efectos nefastos sobre los suministros de agua. Primero porque sacar un barril de petróleo a través de esta técnica consume hasta cinco barriles de agua. Los desechos contaminan los acuíferos, así como la lluvia ácida que resulta de la mezcla del vapor y los gases sulfurosos emitidos por las actividades industriales. Por si fuera poco, las arenas bituminosas se extraen cavando y deforestando grandes lotes de bosques y esto hace que el suelo pierda su nivel freático y se seque.

El valor marginal del agua en este momento sigue siendo bastante escaso en muchas partes del mundo, por lo que su precio es irrisorio. La cantidad de agua disponible en una provincia grande como Alberta puede parecer mucha ¿pero qué pasará cuando esto cambie? ¿si la conservación del agua se vuelve más rentable que la explotación petrolífera cómo se supone que se van a aprovechar las nuevas ventajas comparativas y la nueva relación en el costo de oportunidad una vez que acabaste con las fuentes?

En este caso concreto está el agravante de que no hay punto de comparación entre el valor de uso del petróleo con el del agua, que es infinitamente mayor.

Pudiera ahondar en el ejemplo concreto del café y el plátano venezolanos pero la respuesta se hizo bastante larga ya y voy a dejarlo para otro post.

La determinación de qué producir y como intercambiar la producción tiene que estar sujeta a criterios que vayan más allá de circunstancias puntuales y la búsqueda de ganancias a corto plazo.

waiting: yo creo que una de los problemas de hoy es que la gente siempre prefiere no pararle bolas a las cosas. Un besote