martes, 17 de junio de 2008

Irokó

Entre todas las especies de árboles que he conocido y plantado en mis andanzas plantuléricas, la ceiba ocupa un lugar especial. La Ceiba pentandra, enorme árbol de la familia Bombacaceae es una de las especies más cultivadas en los viveros de nuestro programa de reforestación en la parte norte de El Limón, por la facilidad con que germinan sus semillas, por lo rápido de su crecimiento y por ser una especie genuinamente autóctona de la localidad.
Sus enormes raíces tabloides pueden causar destrozos en calles, avenidas y aceras, y en la época en que sus frutos se abren las semillas son liberadas con una lanilla que las ayuda a diseminarse con el viento. Esta lanilla es muy abundante y puede cubrir por completo los alrededores del árbol. Este hecho hace que las ceibas no sean muy queridas por muchos, especialmente quienes sufren de rinitis alérgica. Debe ser su singular forma y su enorme tamaño lo que la hace especial.

Para algunos, sin embargo, la ceiba también tiene un significado especial, pero por motivos totalmente diferentes.
Durante las labores de mantenimiento que hacemos árboles que hemos plantado en los espacios urbanos del municipio, constantemente hemos encontrado en la base de las ceibas restos de animales, especialmente gallinas, chivos y ovejos. Incluso he encontrado lenguas, presumo que de vaca, clavadas en el tronco del árbol. Estos restos animales a veces están acompañados de flores y frutas. Preguntando aquí y allá, me enteré de que la ceiba es un árbol sagrado, venerado por las religiones afro- cubanas.
Entre paréntesis, tengo mi propia opinión sobre los sacrificios de animales en los ritos religiosos, y en general sobre su maltrato y abuso, tema sobre el que abundaré en otra ocasión.
Los esclavos que llegaron a América procedentes de África encontraron en el nuevo mundo a la ceiba, un árbol muy parecido a su venerado Baobab. Al adaptar sus creencias y cultura a la nueva tierra donde fueron forzados a vivir, depositaron en la imagen de la ceiba sus mitos y leyendas.
Los Lucumí ( Yorubas de la Regla de Ocha) la llaman Iggi-olorun, los Congo (Bantúes de la regla de Palo Monte) la llaman Nganga o Musina Nsambia, los Bantúes sudaneses la llaman Zaratembo. También es venerada por los Carabalíes o Abakua y por los Ewe-fong. Todos coinciden en que en la ceiba reside Irokó, orisha de la floresta, de los árboles, del espacio abierto y del tiempo.
La ceiba tiene carácter maternal, y como es santa y está bendita, no debería usarse para nada malo. Tocarla con la mano fortifica; contemplarla y, si llueve, mirar el agua que resbala por su tronco, refresca el corazón. Los elementos desencadenados no la abaten, no la desgaja el huracán más fiero ni la fulmina el rayo.
Sirve para curar enfermedades urinarias, venéreas y sarna. Para poder concebir, la mujer estéril debe tomar, durante tres lunas seguidas, un cocimiento de la corteza de una ceiba hembra tomada de la parte del tronco que mira hacia el naciente. En cambio, la mujer que no desea parir tomará el cocimiento de la corteza de una ceiba macho orientada al poniente.

Estas religiones no consideran el sembrar una ceiba un simple acto profano . Muy por el contrario, el creyente adquiere un enorme compromiso al plantar uno de estos árboles. Para sembrar y bautizar una ceiba, cuatro personas deben aportar tierra proveniente de los cuatro puntos cardinales, y por lo general la siembra se lleva a cabo el 16 de noviembre, día de Aggayu, deidad sincretizada en la Iglesia Católica como San Cristóbal. Una vez plantado el árbol,se procede a celebrar con bailes de tambor, pues ha nacido un niño.
El 30 de mayo del año pasado, al cumplirse el primer centenario del nacimiento de nuestro padre, Don Pedro Martínez Ibarra, me reuní con mis hermanas Ana Rosa y Tamara y con mis amigos Marco, Carolina, Isabel, Mercedes y Raúl, con el objeto de rendirle un sencillo homenaje. El acto consistía en la siembra de un árbol, que por casualidad era una ceiba, en un lugar adyacente al Coliseo de El Limón. Tamara leyó un acróstico especialmente escrito para la ocasión y, luego de unas breves palabras de mi parte, sembramos el arbolito, brindamos y hasta picamos una torta.

La planta comenzó a crecer bajo mis constantes cuidados, hasta que un obrero de la alcaldía dedicado al mantenimiento de las áreas verdes la cortó desde la base con una desmalezadora. La noble planta retoñó, pero a las pocas semanas el tipo le volvió a pasar la máquina, muriendo definitivamente.
Dicen los entendidos que nadie se atreverá a derribar o quemar una ceiba. Nunca se le da la espalda. Ni siquiera se pisará su sombra sin antes decir a Irokó : "Agó ( permiso ), voy a pisar su sombra".
Pobre del obrero en cuestión: ¡ No sabe en qué lío se metió !

6 comentarios:

antesdelunes dijo...

que buen cuento Nelín. Sumamente ilustrativo y enriquecedor. Yo sabía que querían hacer un acto por lo del nacimiento de mi abuelo Pedro, que bonito gesto (a pesar de que esa gente que limpia el monte no respeta
las maticas).

Anónimo dijo...

Nel.......!
Irokó...
CEMM

nel dijo...

antesdelunes: El acto fue sencillo pero emotivo. La ceiba la sustituí por un castaño, otro enorme árbol de la misma familia.
Salud

CEMM: Gran orisha de La Floresta, pero de la urbanización. Creo que no hay ceibas en el bosque que tu plantaste,¿o si?.
Está pendiente el reencuentro jazzistico.
Salud

Vicente Contreras dijo...

Cuñado, que arrecho. No supimos de ese acto pero estabamos espiritualmente conectados en las oraciones que solemos elevamos en el aniversario de nacimiento o muerte de alguno de nuestros ancestros.
Salud hermano, Belkys y yo leimos juntos, Belkys lloró.
Que fuerza me inspiras con el registro de esos valores.
Otras generaciones vendrán y verán florecer la patria bajo la sombra de Irokó.
Saludos fraternos

Chelón

Prof. Tamara Martínez Borges dijo...

Queridos Hermanos:
La prosperidad consiste en, primero, llenarnos tomando con humildad y agradecimiento lo que nos dieron nuestros padres y sistema familiar y, segundo, dar al entorno lo que hemos tomado y tomar lo que nos falta. La respuesta del entorno a este dar a los demás, es la Prosperidad, es dcir que la consecuencia de tomar la vida con gratitud y pasar, con generosidad, a las generaciones futuras y a nuestro entorno lo que hemos recibido es lo que nos hace una familia próspera, no en custiones materiales sino en valores, solidaridad, fidelidad, respeto, tolerancia, responsabilidad social y por encima de todo mucho amor. Dios los bendiga!!!!

nel dijo...

Epale Checo, no me habías dicho que tenías tu propio blog. Uds estuvieron presentes e espiritu.
Gracias y abrazos.

Tamara: Gracias por tus hermosas palabras.
Salud