sábado, 16 de agosto de 2008

¿Qué está pasando en el Cáucaso?

Hace algunos años escribí un largo artículo analizando algunos acontecimientos que se encontraban en desarrollo en la región del Caúcaso y la cuenca del mar Caspio, a la luz intereses geopolíticos y económicos más amplios, entre ellos la presencia de reservas petrolíferas y la pugna por consolidar una ruta segura para el establecimiento de poliductos que transportasen combustible desde los países productores en el oriente de Europa hacia los países consumidores en este continente.

Caucasia es la frontera montañosa natural entre Europa y Asia, e incluye a Georgia, Armenia, Azerbaijan y parte del sur de Rusia, incluyendo los territorios en disputa de Abjasia, Chechenia, Osetia del Sur y Nagorno-Karabaj. En su franja oriental, la cadena montañosa forma parte de la cuenca del mar Caspio, de la que también forman parte otros países: Irán, Turkmenistán, Kazajstán y una pequeña parte de Uzbekistán. La zona en cuestión es extremadamente plural y compleja en lo que se refiere a la identidad cultural de sus pobladores. Nada más en Georgia, que es un país bastante pequeño, existen más de cien etnias, algunas de ellas con dialectos y costumbres completamente distintas (Por ejemplo, los habitantes de Abjasia son musulmanes mientras que la mayoría de la población es cristiana ortodoxa).

Viendo el mapa podemos apreciar que más allá de la riqueza energética (o precisamente a consecuencia de ella) toda la zona tiene una importancia estratégica de primer orden para distintas naciones y bloques de naciones. Allí se encuentra, por ejemplo, el Kurdistán, conflictiva región al sur de Turquía y norte de Irak cuya mayoría étnica, los kurdos, desean instalar una nación propia. El mismo Irán, piedra en el zapato de la política exterior israelí y estadounidense, tiene una presencia preponderante en la zona. La región separatista de Chechenya también se encuentra en el sur de Rusia, en el área indicada.

Durante la época de la extinta Unión Soviética y hasta su desmoronamiento en 1991, casi todo el Caúcaso formó parte del bloque comunista llamado Pacto de Varsovia (Turquía era aliado de la OTAN). La ruptura con los soviéticos inclinó de forma natural a muchas de las naciones separadas hacia occidente, aunque Rusia continuó ejerciendo una enorme poder sobre la región, además de presencia militar a través de una red de bases militares instaladas en sus territorios.

Hace algunos años, a partir de 2003 más o menos, comenzaron a suscitarse entre varias de las ex-repúblicas soviéticas de la zona un conjunto de movimientos insurgentes más o menos pacíficos, liderados por ONG's y agrupaciones civiles con la actuación destacada de grupos de jóvenes y estudiantes, que buscaron derrocar a los gobiernos de turno en dichos países, la mayoría de ellos aún bajo la órbita de influencia rusa. Todos estos movimientos, los cuales recibieron el nombre de las Revoluciones de Colores, de una u otra forma estuvieron influenciados y guiados por intereses pro-occidentales y existen distintos elementos que permiten señalar la participación y financiación más o menos directa a través de organizaciones como USAID, NED, Freedom House, Albert Einstein Institution, Soros Foundation, IRI y otros think-tanks de derecha. Es importante recordar que estos esfuerzos insurgentes estuvieron marcados por una expansión amplia de la política exterior estadounidense y occidental en general, que pretendía remodelar el panorama político internacional y que incluyó los esfuerzos bélicos en Afganistán e Irak.

Un ejemplo de las mencionadas revoluciones se dio en Georgia, donde el movimiento político denominado Kmara ayudó a derrocar en lo que se dominó como la "Revolución de las Rosas" al entonces presidente Eduard Shevardnadze quien luego fue sucedido en elecciones por Mikhail Saakashvili, actual mandatario.

Algunos otros movimientos de resistencia pacífica en la zona y un poco más allá no lograron concretarse, tales como los que se impulsaron en Armenia, Azerbaiján, Moldavia, Uzbekistán, Bielorrusia y en la misma Rusia, en la medida en que sus respectivos gobiernos tomaron nota de las tácticas de los grupos opositores, se develaron los esquemas de financiamiento y la misma influencia de los EEUU y sus aliados se diluyó a raíz del devenir de los conflictos en otras partes del mundo a los que ya hicimos alusión.

Los movimientos políticos que emergieron a raíz de las Revoluciones de Colores, sumados a la renovada presencia militar occidental en territorios que tradicionalmente estuvieron bajo el área de influencia rusa como parte de la guerra contra el terrorismo y otras acciones que Rusia considera como amenazantes, como el despliegue de un escudo antimisiles por parte de los EEUU en Polonia y la República Checa, han escalando fricciones. La última manifestación de las tensiones que reinan en la zona ha sido el reciente conflicto bélico con Georgia.

Hace unos pocos meses ocurrió uno de los eventos que probablemente haya pesado más sobre el resultado de la contienda hasta los momentos. Los EEUU y la mayoría de las naciones europeas (muchas de ellas miembros plenos de la OTAN) reconocieron la independencia de la entonces provincia serbia de Kosovo, a expensas de la fuerte oposición que hizo Rusia, uno de los aliados de esta nación. Como escribiera hace unos meses al respecto:
En este momento, el reconocimiento de la nueva nación (kosovar) está dividida. Algunos países no la han reconocido formalmente y probablemente tampoco lo hagan próximamente. Argentina, Azerbaiyán, Bielorrusia, Brasil, Chipre, Georgia, Eslovenia, España, Kazajistán, Moldavia, Rumania, Rusia, Sri Lanka, Venezuela y Vietnam son algunos de ellos. Hacerlo sería poner cuchillos en sus políticas gargantas, puesto que tendrían que aceptar, en cierta medida y por extensión, la legitimidad que otros movimientos separatistas en sus propias localidades. Allí tenemos el ejemplo de los tamiles en el norte de Sri Lanka, las pretensiones independentistas pro-rusas de Abjasia y Osetia del Sur en Georgia, el reconocimiento de la comunidad turco-chipriota en Chipre y tantos casos más.
Básicamente, ya estaba anunciado hace tiempo lo que habría de ocurrir.

Es casi seguro que continuaremos viendo por bastante tiempo el fuerte tira y encoge en la medida en que los dos grupos principales de presión busquen ejercer el dominio de la zona: Por un lado, Rusia y sus aliados, y por el otro, una coalición de países encabezada por los EEUU y los miembros de la OTAN.

Se parece bastante a lo que pasaba durante los años de la Guerra Fría ¿no?

En un próximo post pienso escribir un poco más sobre todo el lío Rusia-Georgia, incluyendo algunos aspectos mediáticos que me han llamado mucho la atención.

3 comentarios:

Juan RRR dijo...

Aspecto curioso es el doble rasero del deseo de independencia; hay secesionistas buenos como los kosovares y secesionistas malos como los ¿osetianos?... ¿osetienses?

Que por supuesto aplica para todos los lados ¿Quién dijo Chechenia?

antesdelunes dijo...

juan rrr: sí, a la final lo que se mueven son los intereses particulares de cada bloque de países. Saludos

Oswaldo Aiffil dijo...

Conchale! Mejor análisis que los de muchos autodenominados "internacionalistas", que buen trabajo de análisis, me gusta, muy bien. Saludos!