viernes, 27 de marzo de 2009

En defensa del conuco 2da parte - la agricultura buena y la que no lo es

A manera de introducción
En mi post pasado empecé a escribir en defensa del conuco como una buena alternativa a los esquemas actuales de producción agrícola. Para poder entender un poco mejor esta postura, se hace necesario revisar algunos conceptos sobre la misma actividad agrícola. La idea que la mayoría de las personas tiene sobre ella se basa en estereotipos sesgados, románticos e idealizados incluso, sobre lo que es bueno y sobre lo que es malo en la producción de comida, principalmente desde el punto de vista productivo-económico que es al que la gente le suena más. Ello es todavía más cierto en un país como Venezuela donde el porcentaje de población urbana es cercano al 90% y ha existido históricamente un divorcio notable entre los ciudadanos y las actividades del campo.

Como parte del análisis debemos tener en cuenta otros aspectos que complementan el asunto de forma sistémica: Por un lado el incremento de la población mundial y la consecuente necesidad de producir más alimento; las crecientes restricciones de espacio para cultivar debido a la explosión urbana y el uso de las tierras aptas para el cultivo, así como de recursos hídricos que irán escaseando paulatinamente; y factores ambientales, como la necesidad de preservar la biodiversidad y limitar el calentamiento global.

En función de todo ello, tenemos que decir que hay ciertas prácticas agrícolas que son buenas y otras que definitivamente no lo son. Ahondemos un poco más en esto:

La agricultura buena y la agricultura no tan buena
Consumo de energía
Debido a la forma en como las ciudades han crecido en Venezuela y en gran parte del mundo, la comida tiene que ser traida desde otras partes. En ese sentido las ciudades son entidades vulnerables, parasitarias les podríamos llamar, que no podrían sobrevivir sin el auxilio del campo y fuentes externas de agua y energía. En nuestras cabezas nos imaginamos enormes extensiones de campos cultivados cuyos frutos terminan satisfaciendo nuestras necesidades alimenticias los cuales, si además se manejan siguiendo prácticas correctas, son amables con el ambiente. Así todos felices: Nosotros en nuestras ciudades comiendo bien, los agricultores en el campo haciendo su trabajo y produciendo cada vez más y la ciencia como medio de enlace para que todo vaya como debe ir.

Suena bonito, pero precisamente ahí está el primer problema: Hay que llevar y procesar la comida desde los grandes sembradíos hasta las grandes ciudades.

Un interesantísimo artículo titulado "El petróleo en tu plato de avena" (Originalmente en inglés: The oil in your oatmeal, A lot of fossil fuel goes into producing, packaging and shipping our breakfast) y que bien vale leer completo aborda esta cuestión y detalla los elementos del consumo de combustible del campo a la mesa:
Por décadas, los científicos han calculado cuanto combustible fósil va a nuestra comida midiendo la cantidad de energía consumida al producir, empaquetar, transportar y consumir nuestra comida y por último desecharla. La entrada calórica de los combustibles fósiles luego es comparada con la energía disponible del producto: La salida calórica.

Lo que hemos descubierto es sorprendente. De acuerdo con investigadores en el Centro para la Agricultura Sostenible de la Universidad de Michigan, en promedio más de 7 calorías de combustible fósil es quemado por cada caloría de energía que nosotros obtenemos de nuestra comida. Esto significa que al comer mi desayuno de 400 calorías, habré en efecto consumido 2800 calorías de energía proveniente de combustibles fósiles (algunos investigadores señalan que el rata puede ser de hasta 10 a 1).

Pero esto es sólo en promedio. Mi tasa de café sólo me provee unas cuantas calorías de energía, pero para procesar 1 libra de café se requieren más de 8000 calorías de energía proveniente de combustibles fósiles, la energía equivalente que se encuentra en casi un litro de petróleo, 0,9 metros cúbicos de gas natural o 1,25 kilogramos de carbón.
Esta es una primera variable que pesa a favor del conuco: Mientras que la producción de pequeñas unidades de explotación urbana y rural más uniformemente distribuidas pueden satisfacer las necesidades alimentacias de los mismos agricultores y de poblaciones circundantes sin tener que transportar los alimentos por grandes distancias, sin necesidad de empaques impresos, bandejas de poliuretano, etc. y empleando mucho más eficientemente los recursos propios, las grandes plantaciones extensivas siempre tendrán un elemento de consumo energético que, por lo que sabemos hoy en día, a la larga resultará insostenible. Por si fuera poco, la agricultura extensiva altamente mecanizada requiere tan sólo una ínfima proporción de la mano de obra que requeriría la otra, por lo que a la final siempre tendrás inventarte nuevas maneras para que toda esa altísima población urbana esté felizmente ocupada, preferiblemente ocupada en sus actividades que impliquen un impacto tan severo sobre el ya frágil equilibrio de nuestro planeta y que no consuman tanta energía.

Explotando el suelo y las aguas
Ahora bien, estábamos asumiendo que la relación de la agricultura extensiva dentro de la ecuación era: más comida, más consumo energético, nulo impacto sobre el ambiente. En realidad esto no es tan así, puesto que como otros negocios, su principal fin la maximización de las ganancias, aumentando los ingresos y limitando los costos propios, costos que siempre terminan siendo asumidos por alguien o algo más (como el medio ambiente, por ejemplo).

La sobreexplotación no sostenible de los suelos causa desertificación, lo que significa que en donde hoy hay unos inmensos y bonitos sembradíos mañana puede haber un inmenso y bonito desierto y si hay un desierto no podemos sembrar comida y quedamos en las mismas que antes. ¿Cuánto de la superficie de la tierra se encuentra amenazada por el riesgo de la desertificación? Nada menos que el 40%.

Una de las principales causas de la desertización es la desforestación que proviene de la agricultura:
La deforestación, o proceso por el cual se están destruyendo los bosques de la Tierra por múltiples causas, es uno de los fenómenos que más rápida y decisivamente contribuyen a la desertificación... Los bosques de la Tierra están degradándose y desapareciendo a una gran velocidad por diferentes motivos, pero fundamentalmente por intentar pingües beneficios directos (materias primas) a corto plazo.
Si bien es cierto que la agricultura extensiva no es la única que está amenaza los bosques, lo hace a mayor escala y con agravantes, debido a que prácticas como la excesiva mecanización, el riego intensivo, el sobrepastoreo y el uso de herbicidas y fertilizantes que contribuyen a la desertificación.
El uso del agua para regar los cultivos extensivos es otro asunto más que da cuenta de la mala agricultura. Sobre eso escribí hace como un año ya, voy a dejar tan sólo una cita de la entrada que publiqué entonces:
27 kilogramos de maíz producen en promedio uno 14 litros etanol. Cultivos irrigados de maíz para producción de etanol consumen en promedio unos 8300 litros de agua. Una piscina olímpica tiene una capacidad de unos 2,5 millones de litros de agua. Sacando unas cuentas sencillas tenemos que para producir el combustible de un vehículo con un tanque de 60 litros se requiere aproximadamente 35.500 litros y que la cantidad de agua que cabe en una piscina olímpica se utiliza para regar el maíz que luego se transformará en el combustible que se requiere para tanquear apenas 70 carros una sola vez.
¿Producir para qué?
Esta es una excelente pregunta para entender las diferencias entre la producción agrícola (y pecuaria) buena y no tan buena.

Tome por ejemplo lo que pasa en Brasil y la soya.
Brasil es responsable de cerca del 22% del volumen total (de soya) exportado a nivel mundial, el segundo mayor exportador del mundo, el 68% del total producido en Brasil es exportado para la UE, EEUU y Japón. El volumen exportado podría llegar a 20 millones de toneladas según las proyecciones.

De acuerdo con las proyecciones realizadas, se cree que para el 2010 Brasil estaría produciendo 57 millones de toneladas. El mantenimiento de la demanda de soya depende de la demanda de carnes, especialmente de cerdos y aves, es decir, depende del desarrollo económico y de la distribución de riquezas de todos los países del mundo. El Brasil Central tendría que producir 28,5 millones de toneladas, 63% más que ahora.
Uno se imagina esos inmensos sembradíos de soya y uno piensa: "oye, que bueno como se puede acabar con el hambre... mira como esa gente produce soya". Ya sabemos, sin embargo, que esto es ineficiente desde el punto de vista energético (es soya para exportación que luego debe ser convertida en alimentos para animales), insostenible desde el punto de vista del uso de los suelos y del agua y una de las razones por las que el Amazonas está desapareciendo. Lamentablemente hay más...

Gran parte de esa soya no se la comen directamente las personas sino los animales que luego alimentan a las personas y ahí viene otro problema más. Me voy a tomar la libertad de publicar extractos de otro artículo que también vale la pena leer completo: Comer carne ¿es sostenible?
Los animales domésticos requieren mucha más superficie que los cultivos para producir la misma cantidad de calorías, pero eso no importó realmente durante los 10 mil años en los que siempre hubo más tierras a descubrir o expropiar. En 1990, sin embargo, el programa de hambre en el mundo de la Brown University calculó que los cultivos mundiales, si fueran distribuidos equitativamente y sin destinar un porcentaje importante al ganado, podrían suministrar una dieta vegetariana a 6.000 millones de personas, mientras que una dieta abundante en carne, como la de los habitantes de los países ricos, podía alimentar tan sólo a 2.600 millones.

Las enormes granjas de ganado, que pueden alojar a cientos de miles de cerdos, pollos, o vacas, producen cantidades inmensas de residuos. A decir verdad, en Estados Unidos, estas "Fábricas de Ganado" generan 130 veces más residuos que toda la población. -Natural Resources Defense Council

Según la Agencia de Protección Ambiental de EE UU, los residuos ganaderos han contaminado más de 40.000 kilómetros de ríos y las aguas subterráneas en
docenas de estados. -Natural Resources Defense Council

Los nutrientes de los residuos ganaderos provocan las floraciones de algas, que consumen el oxígeno del agua, contribuyendo a crear una "zona muerta" en el Golfo de México donde no hay suficientemente oxígeno para permitir la vida acuática. La zona muerta afectó a más de 20.000 kilómetros cuadrados durante el verano de 1999. -Natural Resources Defense Council

Una tonelada de metano, el principal gas de invernadero emitido por la ganadería, tiene un potencial de calentamiento del planeta de 23 toneladas de dióxido de carbono por cada tonelada de metano. Una vaca lechera produce aproximadamente 75 kilogramos de metano al año, equivalentes a más de 1,5 toneladas de dióxido de carbono. La vaca, por supuesto, lo hace de forma natural. Pero las personas tienden a olvidar, parece, que la ganadería es una industria. Talamos la tierra, plantamos las plantas forrajeras y alimentamos el ganado de forma industrial. Es una empresa humana, no natural. Somos muy eficientes, y por ello las concentraciones atmosféricas de metano han aumentado en un 150 por ciento respecto a hace 250 años, mientras que las concentraciones de dióxido de carbono crecieron un 30 por ciento. -Pete Hodgson, Ministro de Nueva Zelanda de Energía,Ciencias y Pesca
La explotación de animales en pequeñas unidades, redirigiendo al menos en parte el consumo de proteína animal del ganado bovino a las aves y otras especies menores tendría múltiples beneficios que eventualmente redundarían en disponibilidad de más comida para todos: En primer lugar las aves de corral y los cerdos (por poner un par de ejemplos), bien pueden alimentarse de subproductos y desechos de rubros dirigidos al consumo humano y que hoy en día son desaprovechados (follaje de plantas como yuca y batata), raíces y tubérculos muy pequeños o pasados de cosecha (a lo que en el campo se le conoce como "espiruche"), matarratón, residuos de la fruticultura, etc. En tal sentido se requiere para su explotación el consumo de cantidades mucho menores de agua cosa que no ocurre con la explotación a gran escala de especies bovinas. Además en las pequeñas unidades de explotación (los conucos) puede hacerse un manejo más eficiente de los desechos, bien porque no hay toneladas de residuos y excretas que acaben en los ríos, bien porque los desechos pueden ser empleados para la generación de abono orgánico que a su vez contribuya a reciclar los nutrientes del suelo, bien porque las emisiones de gas metano pueden ser empleadas para la generación de energía eléctrica a través de biodigestores.

Ajá ¿y entonces?
Lo que nosotros conocemos como "conucos" y que en nuestra cabeza es símbolo de un atraso propio del siglo antepasado ha evolucionado en algo que hoy en día se llama "granja integral". En una última parte de mi defensa al conuco como entidad de explotación productiva hablaré un poco más de estas unidades de explotación y expondré algunas buenas prácticas agrícolas que incluyen cultivos en sistemas multiestratos, protección de suelos y aguas, enfoque en la producción de materias primas locales, buenas prácticas de siembra, sobre las que ya se ha publicado bastante y que constituyen una interesante alternativa para la generación de riqueza, empleo y alimentos.

El cambio de enfoque de la producción agropecuaria con énfasis industrial insostenible a otro autosustentable, integrado a un sistema masivo de pequeñas y medianas unidades de producción (conucos o granjas integrales) pueden servir de alternativa a lo que estamos viendo hoy en día.

1 comentario:

Vicente Contreras dijo...

Que buen trabajo, el enfoque sistémico del problema. Creo que unido a tu crianza, ayudó en mucho la integración de conceptos recibidos en tus tesis de grado; hoy todavía aprendiendo en esto de cerrar ciclos biológicos a través de la biodiversidad. Pero es importante ponerse a pensar y actuar en cómo sacar mejor provecho de los recursos alimenticios con el mínimo deterioro del ambiente.
Chelón