miércoles, 25 de marzo de 2009

En defensa del conuco

La semana pasada leí con agrado que los Obama han decidido comenzar una huerta familiar para sembrar localmente la mayor parte de los vegetales que han de comerse en la residencia presidencial. Aparentemente, esta acción es el resultado de las presiones que ejercieron miles de personas quienes escribieron para que se pusiera en práctica esta idea, guiadas a su vez por Roger Doiron, un jardinero del estado de Maine. Doiron señala que esta acción por parte de la familia presidencial pudiera servir de ejemplo para que los ciudadanos comieran de forma más saludable y, según sus palabras, "cuidaran jardines para el bien superior". Por cierto, el año pasado Doiron obtuvo beneficios por $2,100 como resultado vender los excedentes de 35 cultivos distintos que sembró en una pequeña parcela. Nada mal en verdad.

Yo pensé: "Lo único que le falta a los Obama es criar unas gallinas y sembrar algunos árboles frutales y ya tendrían su propio conuco en la Casa Blanca, ello sería muy bueno".

Cuando en el colegio nos enseñan la evolución de la economía venezolana, invariablemente se hace mención al conuco, pequeñas parcelas de terreno en las que los campesinos cultivaban distintas especies de cereales, legumbres y frutales, así como criaban algunos animales para su propio consumo. El conuco era una forma de "agricultura de subsistencia" vinculada a la práctica de la "tala y quema" que apenas si le permitía malvivir a los trabajadores y de alguna forma se nos asociaba esta forma primitiva de producción con hombres desgarbados descalzos y con muchachitos barrigones por las lombrices.

Esto ha sido cierto en Venezuela, en la medida que la nación post-independentista nunca dio suficiente apoyo al agro, bien por estar sumada a la sangría de las luchas internas que arrasaban con poblados y sembradíos o porque, luego de la llegada del petróleo, las personas prefirieron el "bienestar" de las ciudades (incluso si esto implicaba vivir hacinado en un cerro) a las penurias del campo.

Debo admitir, en cambio, que mi visión sobre el conuco siempre fue grata y positiva, siendo que tuve la curiosa oportunidad de criarme en una inmensa casa en los suburbios de una gran ciudad, que contaba con un inmenso y fértil patio y que mi familia, aunque citadina por derecho propio, tenía sus raíces en el campo. Mis abuelos vivieron en fincas, en los Andes y en Aragua. Mi papá y su familia tenían crías de conejos y aves de corral; mi abuela paterna era una virtuosa de la jardinería y yo mismo tuve a mi cargo un pequeño lote de gallinas, pavos y gallinetas en un corral que mi abuelo acondicionó para tal fin en la parte de atrás de la casa.

El conuco de mi casa era realmente una bendición. Aparte de los huevos y alguna ave ocasional para el hervido, nunca faltaban los chochecos para el almuerzo (cambures verdes sancochados), la yuca (mandioca) para los fines de semana, los aguacates de los domingos en la mañana con sal y eneldo o esos perfumados limones para la aguapanela (papelón). Tampoco faltaba el culantro o el laurel fresco y por supuesto las frutas: En el patio había, sin contar las especies meramente ornamentales, árboles de toronja, níspero, caimito y tamarindo, un cocotero, un par de guayabos y un par inmensos mangos, semerucos, granados... Sin ánimos de exagerar, vivíamos en medio de un exuberante jardín botánico en miniatura.

Esta experiencia propia sirve para ilustrar en parte algunas de las muchas ventajas que brinda el conuco como unidad de explotación productiva, y más ahora que contamos con numerosos avances tecnológicos (agropecuarios, industriales e incluso comunicacionales) con que los antiguos trabajadores del campo no contaban. Estas ventajas serían aún más fuertes si estuvieran articuladas en estrategias macro, no sólo en Venezuela sino en muchos otros países, guíadas por lineamientos gubernamentales claros y sensatos.

1. Empecemos por lo más obvio: Sembrar la propia comida puede mejorar la alimentación de millones de personas que hoy están pasando hambre a lo largo del mundo. Ellos pueden incorporar a su dieta fuentes de carbohidratos altamente digeribles (como la batata, por ejemplo), proteína de origen animal (huevos, carne de especies menores), vitaminas y minerales provenientes de las frutas y vegetales, de una manera orgánica y autosustentable. Siendo que la agricultura intensiva es un sector económico altamente demandante en mano de obra matas dos pájaros de un solo tiro: Les das de comer a las personas a la vez que les das trabajo.

A muchos venezolanos les cuesta trabajo asimilar la vuelta al campo como una alternativa para descongestionar las ciudades y masificar el empleo, simplemente porque desde hace varias generaciones nos han enseñado que el futuro está en el petróleo y que ser un "campuruso" o un "tierrúo" (nótese la connotación peyorativa de la tierra) es una condición menospreciable. En Colombia, por poner un ejemplo cercano, donde existe una cultura agraria mucho más consolidada, la gente espera soluciones al problema del desplazamiento forzado para que millones de personas puedan volver al campo y dedicarse a las labores agropecuarias.

2. Un conuco es una unidad pequeña que genera algunos excedentes modestos, más allá de lo que requiera una familia para su consumo propio. Sin embargo, si ampliamos la visión y mirásemos la oferta agregada que generan decenas y hasta centenares de unidades de producción se puede empezar a pensar en la viabilidad de mecanismos para la transformación industrial y semi-industrial de estos excedentes, lo cual serían impráctico a pequeña escala: Pulpa de frutas envasadas, vegetales liofilizados y empacados, huevos criollos, conservas y embutidos, todo con el sello orgánico. Los beneficios económicos adicionales que perciban los productores estará dado el tamaño de sus aportes individuales.

3. El conuco, a diferencia de otras formas de producción agropecuaria, fomenta la diversidad (incluyendo la bio-diversidad). Le pongo un ejemplo tonto aunque puede ilustrar en parte este punto: Usted va a cualquier panadería y cafetería en Venezuela y si quiere un jugo lo único que consigue es manzana, pera, durazno y naranja. Esto se debe a que, cuando los criterios de producción descansan exclusivamente en márgenes de ganancia, las empresas acaban con todo lo que no les es suficientemente rentable, muchas veces a expensas de la variedad y de nuestra capacidad de escoger. ¿Cuántas variedades de frutas y vegetales, muchas de ellas parte de nuestra riqueza ecológica ancestral se está perdiendo únicamente porque no cumplen con algún criterio mercantil definido en alguna oficina de algún rascacielo en algún país extranjero?

Éste, que pareciera un beneficio secundario, está cobrando una importancia fundamental en un sentido mucho más urgente, ahora que un puñado de empresas transnacionales prácticamente tienen en sus manos el destino de la seguridad alimentaria del planeta al controlar el producción y distribución de semillas, muchas de ellas alteradas genéticamente. Sobre ello me gustaría escribir un post aparte pero si quiere usted puede ahondar ello siguiendo algunos de estos enlaces:
Existen muchos otros beneficios del conuco en materia productiva, ambiental y energética, e incluso en materia educativa. Sobre todo ello escribiré en la próxima ocasión.

En defensa del conuco 2da parte - la agricultura buena y la que no lo es

En defensa del conuco (parte 3): Auge, crisis y transformación del kibutz como modelo de referencia

4 comentarios:

Juan RRR dijo...

Supongo que son prejuicios mios, pero la verdad es que dudo enormemente que el cultivo mediante conuco logre alimentar a 8mil millones de habitantes (a menos que todos nos dediquemos a eso). Claro, todo este comentario mio tan categórico lo hago sin ningún estudio previo, quizá soy un burgués prejuicioso (o quisiera serlo ;))

Me parece una visión demasiado romántica y demasiado verde del asunto, sobre todo cuando la distribución de las tierras aptas para el cultivo no es uniforme.

Creo que debería conseguirse una forma (regulando legalmente, supervisandola, dando incentivos) donde la producción industrial favorezca la biodiversidad, la rotación de cultivos y la explotación racional de la tierra. Y me parece que si la población sigue creciendo exponencialmente la única forma de alimentarla será la explotación a gran escala :(

antesdelunes dijo...

Hola juan: gracias por el comentario. Precisamente en el próximo post pensaba escribir un poco sobre las diferencias entre la producción industrializada de los monocultivos vs. la producción intensiva a pequeña escala tipo conuco y cuan viable es la una y la otra. Suena romántico porque es un paradigma al que no estamos acostumbrados, pero ya verás que tiene incluso más sentido del que pareciera inicialmente.

Particularmente creo que si hemos de alimentarnos todos, deberíamos todos ser capaces de producir mucho o poco de nuestra propia comida (así como de reciclar nuestras aguas, generar nuestra propia energía, etc).

Antonieta H. dijo...

a mi me a pasado como a ti, vivo en un "llamado" monte, y tenemos un conuco jajaja, comemos desde plátanos, cambures, pomalaca(no se como se le dice por otros lares jajaja), tomates, guayabas, aguacates, etc etc lo único que no tenemos es gallinas pero se los compramos a un señor, de verdad que bueno que la gente cultivara sus cosas es MUCHOOO mas sano

Muy buen post :)

Anónimo dijo...

Querido sobrino, fui testigo de ese frondoso patio de la casa de tus abuelos; por mi parte tuve también la maravillosa oportunidad de disfrutar de la finca de mis abuelos maternos (tus bisabuelos)donde nos comíamos las mandarinas, las pomagas y los mangos directamente de los árboles, y no sabes cuanto lamento que no todos los miembros de la familia (entre ello mis hijos)sepan montarse en un árbol o comerse un mango debajo de la propia "mata". Cultiva tu conuco por el bien de Camila.... Besos y abrazos, Tia Tama...