lunes, 9 de marzo de 2009

En qué se parecen las minas antipersona al narcotráfico y en qué no

El tráfico de minas antipersona y el narcotráfico tienen mucho en común:

1. Ambas son actividades económicas que buscan el lucro de grupos poderosos de empresarios. La venta de la producción en ambos casos está claramente asociada con violencia y guerra.

2. Ambas son ampliamente condenadas a nivel internacional, siendo las primeras objeto del Tratado de Ottawa de 1997, en el que más de 150 países se comprometieron a prohibir su desarrollo, producción, almacenamiento, transferencia y empleo para el bien de la humanidad. En la más reciente Convención de Oslo de 2008, 92 países prohibieron la producción, distribución y uso de bombas de racimo, emparentadas con las primeras.

Sobre el narcotráfico existen, desde hace décadas, varios tratados que han pretendido limitar su impacto en nuestra sociedad aunque con impacto bastante pobre. Entre ellas se encuentran el
el Convenio sobre sustancias psicotrópicas.Viena, 1971; y la Convención de las Naciones Unidas contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, firmado también en Viena, en 1988. Además existe un conjunto de acuerdos bilaterales y multilaterales, con énfasis principalmente en los aspectos punitivos de la lucha contra las drogas.

3. Tanto las minas personales como las drogas tienen efectos perniciosos para las personas y que afectan su integridad física y mental de por vida, sea qu éstas mueran, pierdan algún miembro corporal, se les caigan los dientes o se les fría el cerebro.

4. Ambas afectan directamente a Colombia, empezando porque es éste el principal productor mundial de cocaína (unas 3/4 partes del total más o menos) cuyas ganancias son en gran medida invertidas o blanquedas en el país. Colombia también es un importante suplidor para el mercado estadounidense de heroína. En cuanto a las minas antipersonales, el panorama en Colombia tampoco es muy alentador que se diga. Está entre los diez países más afectados por este flagelo y actualmente posee el poco honroso primer lugar de más afectados diarios con dos, por encima de Camboya y Afganistán. Es además el único país latinoamericano en el que aún se siembran minas antipersona.

El gobierno colombiano ha estado adelantando una campaña nacional e internacional contra las minas antipersona como parte de su esfuerzo contra los grupos insurgentes (los principales sembradores de minas) difundiendo cifras sobre las víctimas, a doce años de la firma del Tratado de Ottawa.

En lo que sí no parecen tanto las minas y el narcotráfico es en la forma como los gobiernos atacan el problema. En los países productores de drogas se libran prolongadas y sangrientas guerras para golpear a los traficantes pero en el caso de los países productores de minas antipersonas hay un silencio casi resignado, hipócrita, porque los principales tenedores y productores de estas armas son elementos poderosos en el concierto internacional.

EEUU, China, Israel, Pakistán, India, Rusia, las dos Koreas, Vietnam, Nepal y Singapur, fueron algunos de los que no firmaron el Tratado de Ottawa, países que no sólo son los principales poseedores de arsenales de minas antipersona, sino que también son los principales productores de armas en general. Ellos solos guardan un número de estos artefactos que ronda los 160 millones. Incluso los EEUU, quien había detenido la producción de minas antipersonas, comenzó en 2006 a fabricar un nuevo modelo conocido como "the spider" (la araña), aunque sus características no se ajustan por completo a las especificaciones establecidas en el Tratado de Ottawa. Habría que sumar a esto la proliferación de las llamadas "bombas de racimo", que usadas de forma indiscriminada terminan funcionando también como minas antipersona. Este tipo de bomba aún sigue siendo usada por algunos de estos países en sus incursiones militares.

El reporte de 2008 del Landmine Monitor señala que el problema de las minas antipersonas ha adquirido en los tiempos recientes una complicación adicional, consecuente con la evolución de los conflictos armados hacia lo que se denomina "guerra de cuarta generación": Los grupos armados no estatales (NSAGs según sus cifras en inglés) son más proclives a utilizar las minas antipersonas que los mismos gobiernos. Es el caso acá en Colombia con las FARC y el ELN, aunque también ocurre con el Talibán, los movimientos opositores en Burma, las guerrillas serbias, entre otras.

Estas organizaciones no suelen adherirse estatutos internacionales y menos aún cuando en muchos casos no se les confiere legitimidad o beligerancia, por lo que existe una mancha gris en cuanto a su fiscalización a través de convenios y tratados internacionales. Esto se agravó luego de los atentados del 2001 contra las Torres Gemelas cuando adquirió fuerza la doctrina, promovida con fines político-militares, de denominar a cualquier grupos armado no-estatal simplemente como "movimientos terroristas", no sólo en Colombia sino alrededor del mundo (el PKK en Turquía, los movimientos integristas en la India, los movimientos de resistencia en Palestina, etc). Ello ha complicado aún más las posibilidades de encarrilar a estos grupos dentro de un margen razonable de actuación dado cuando los gobiernos no están dispuestos a "negociar con terroristas" o hacer cualquier gesto que pudiera parecer el otorgamiento de un mínimo de legitimidad.

En cualquier caso, el punto central de la prohibición de minas antipersona permanece: Mientras los grandes productores y tenedores de armas antipersonas en el mundo, que son los mismos países que ya sabemos, no den un paso al frente y guíen el camino para su eliminación global, seguirá siendo difícil avanzar hacia la meta de librar al mundo de estos artefactos de muerte.

Por otro lado, mientras perdure la cultura de la guerra como mecanismo para resolver problemas sin abordar los elementos sociales, políticos y económicos subyacentes, difícilmente podrán resolverse las cuestiones del narcotráfico y las minas antipersona. Menos aún cuando la forma de abordarlas siempre termina perjudicando a los países más pendejos.

3 comentarios:

Mariale divagando dijo...

Tremendo post te has mandado, viejo!

Cuando estaba leyendo, iba pensando justamente en lo que tú mencionaste al final: mientras los seres humanos sigamos siendo tan estúpidos como para creer que la violencia, la guerra y la intolerancia, son vías hacia la solución de los problemas, nunca nos vamos a librar de las minas ni de otras tantas calamidades que nos afectan.

domingo dijo...

Hola Mariale, gracias por el comentario. Siempre es bueno saber que lo que uno escribe no pasa del todo desapercibido. Un abrazo.

nel dijo...

Epale Domingo, long time no see. Excelente post, como de costumbre. LAS DROGAS MINAN EL CEREBRO DE LA GENTE Y LAS MINAS DROGAN LA RAZÓN DE QUIENES LAS PRODUCEN Y UTILIZAN.
Saludos, abrazos y la bendición.