lunes, 29 de agosto de 2011

De cómo me convertí en un lector consumado de ciencia ficción

Hace unas temporadas decidí que debía leer todos los libros que antes no había tenido oportunidad. Con esas muestras de caracter obsesivo-compulsivo que acompañan las decisiones tontas que luego convierto en trascendentales, comencé a hacer listas de autores y obras: Autores y obras que han ganado el Pulitzer, autores ganadores del Nobel de Literatura, autores interesantes por país y por región, autores y obras venezolanos de los que todo el mundo ha oido hablar pero de los que nadie leyó ni el epitafio... Ya después caí en cuenta que sería imposible si quiera conseguir todos los benditos libros que estaba listando y deseché todas las listas y decidí simplemente ponerme a leer.

He perdido la cuenta del número de novelas, cuentos y ensayos que he leido estos últimos años, incluyendo toda la obra cuentística de Úslar Pietri y de Borges, pasando por obras de Yasunari Kawabata y Orhan Pamuk, poesía de Rabindranath Tagore, libros sobre el universo de Stephen Hawkins, novelas históricas de William Ospina, y muchas otras cosas de autores tan dispares como Ray Bradbury, Carl Sagan, Michael Ende, Truman Capote, Haruki Murakami, Stieg Larsson y Federico Andahazi.

Hubo un punto de inflexión en esta historia. Un día se me ocurrió que quería leer ciencia ficción. Puede parecer tonto por el encanto mismo que la ciencia ficción ejerce de forma estereotípica en profesionales de la computación post generación Atari-Nintendo como yo. Ya saben, lo típico: Matrix, Total Recall, implantes neurales, computadoras, simulaciones, clones, ese tipo de cosas. Pero lo cierto es que nunca lo había hecho a conciencia (exceptuando por las distopias clásicas "1984" y "Un Mundo Feliz" que están emparentadas sociológicamente con el género).

En realidad la curiosidad comenzó a surgir luego de que me topé con la reseña de una obra titulada Picnic junto al camino de los escritores y hermanos de origen ruso Arkadi y Boris Strugatski, cuyo argumento me pareció muy interesante: Extraterrestres viajaron a la tierra y cuando se retiraron dejaron atrás un conjunto de misteriosos y peligrosos objetos cuyo funcionamiento y razón de ser no sólo no entendemos bien sino que desafían las leyes conocidas de la física. Es el equivalente antropocéntrico a lo que pudiera pasar por las ingenuas cabecitas de los animalitos del bosque que se encuentren con la basura que dejara tirada gente cochina al final de un picnic dominical.

Al poco tiempo, leí un pedacito realmente emocionante del Criptonomicón de Neil Stephenson, justo cuando uno de los personajes principales, de apellido Waterhouse, uno de esos desadaptados sociales genios de la matemática, tuvo su primer encuentro con la criptografía. Por suerte, al poco tiempo, conseguí los tres volúmenes en que está publicada la obra en castellano en una feria de remates de libros, por un monto ridículamente bajo.

Así fui consiguiendo y devorando libro tras libro (muchos de ellos en formato digital). Aprendí que la buena ciencia ficción constituye un excelente mecanismo para tres cosas: reflexionar sobre situaciones hipotéticas del tipo "¿qué pasaría si...?"; ubicar situaciones reales dentro de un marco claramente ficticio que permita que uno ahonde en ellas al margen del calor de las emociones; y tres, como excusa para conocer sobre temas relativos a distintas ciencias de forma entretenida.

En este poco tiempo el camino recorrido ha sido amplio: a los tres volúmenes del ya mencionado Criptonomicón debo añadir los dos primeros volúmenes de la saga de los Cantos de Hyperion de Dan Simmons; Las bóvedas de acero y la trilogía de Fundación de Isaac Asimov; Doomsday Book de Connie Willys; Las crónicas marcianas de Ray Bradbury; Soy Leyenda de Richard Matheson; Tigre Tigre de Alfred Bester; La máquina del tiempo de H.G. Wells; Forever War de Joe Haldeman; El juego de Ender de Oscott Orson Card; ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Phillip K. Dick y muchas otras de obras de éstos y otros autores como Greg Bear, Robert Heinlein, William Gibson y Arthur C. Clarke.

Algunos me gustaron más que otros. Algunos disfruté a pesar de la manera como la tecnología volvió obsoletas algunas de sus premisas (Las bóvedas de acero es un ejemplo típico). Algunos incluso me gustaron en su narrativa pero me dejaron sensaciones agridulces en cuanto al mensaje (acá incluiría El juego de Ender y algún título de Heinlein), pero en términos generales el balance ha sido excepcionalmente buento.

Fue así como me convertí en un lector consumado de ciencia ficción...

En los momentos estoy terminando El mundo sumergido de J. G. Ballard. Además ya están en lista de espera varios títulos: Ringworld de Larry Niven, The Handmaid's Tale de Margaret Atwood y la trilogía de la Nueva Crobuzon de China Meville (ganador en 2010 de los premios de literatura de ficción Arthur C. Clarke y Hugo y nominado al Nébula por su novela The City & The City). Por cierto que China Meville es todo un personaje, de repente escriba algo sobre él en el futuro.

4 comentarios:

Susana Sussmann dijo...

Ahora estoy leyendo la trilogía de las Fuerzas de Defensa Coloniales de John Scalzi. Te la recomiendo, hace unas reflexiones bien interesantes sobre lo que nos hace humanos. Sobre todo el segundo libro, que es el que estoy leyendo ahora.

antesdelunes dijo...

Gracias por el dato, viniendo de ti no pongo en duda que debe ser realmente buena. Saludos

Juan RRR dijo...

¡Oh Igor! creo que hemos creado un monstruo....

antesdelunes dijo...

jejeje... creo que es así