sábado, 22 de octubre de 2011

Respeto a las personas, no a las ideas

I. Kino publicó en 1976 "Bien gracias ¿y usted?" un libro de comics cuya crítica social es particularmente relevante en los tiempos que corren.

Ese libro estuvo en la biblioteca de mi casa desde que tuve uso de razón y tras repetidas lecturas muchas de sus viñetas se me quedaron grabadas con intensidad. La serie que sigue a continuación siempre me llamó la atención pero no fue sino hasta años después que entendí su verdadero significado.

Hay una frase que resume de forma característica como operan los organismos encargados del resguardo de "la ley y el orden" en los regímenes dictatoriales en América Latina y la cual se relaciona estrechamente con la caricatura anterior: "tienes razón, pero vas preso".

Parece obvio que de nada vale que te acompañe la razón si esto no se traduce en garantías para la integridad física de las personas y su libertad. Sería más importante en todo caso respetar a las personas.


II. Alguien podría preguntarse ¿por qué no respetar a las personas y a las ideas? Y es que a primera vista parece tentadora la idea de no cuestionar las creencias individuales para evitar confrontaciones y que todo el mundo crea lo que mejor le parezca.

Ahora bien, cuando uno lee o escucha a alguien defender ideas como "las mujeres a la cocina"; "cuanto tienes, cuanto vales"; "los negros (chino, árabes, indios, etc.) pertenecen a una raza inferior"; "los homosexualidad es una aberración que hay que curar"; "la culpa de que la violaran es de ella porque se viste como puta" ¿qué se supone que debemos hacer? ¿bajar la cabeza y aceptar resignadamente porque, bueno, son sus creencias y hay que respetarlas?

Pareciera entonces que hay al menos algunas ideas que deberían ser irrespetadas y ¡ojo! que no he mencionado la palabra "censuradas", sino confrontadas, cuestionadas, sujetas a debate y rechazadas. No es casualidad que la mayoría de las que mencioné anteriormente chocan con la dignidad de las personas.


III. Surge entonces otra pregunta ¿Cuáles ideas deberían ser respetadas y cuáles no? Los dogmas religiosos, por ejemplo, que son sagrados para algunos pueden chocar con las creencias de otros, sobre todo cuando éstos configuran políticas públicas que afectan a terceros.

La difusión de métodos anticonceptivos y la planificación familiar; la asignación de recursos económicos para el estudio de las ciencias o la experimentación con células madres; la separación del Estado y la iglesia, y el poder que tenga ésta para controlar cuestiones sociales o recibir dineros públicos; son todas cuestiones que deberían poder estar bajo el escrutinio público. No hablemos siquiera de acciones como la ablación de clítoris, el apedreamiento de adúlteras o el ahorcamiento de homosexuales, que se cobijan bajo el manto de la extremismo religioso.

Yéndonos a cuestiones más mundanas ¿Cómo tratar cuestiones como la prostitución, la eutanasia, los sistemas políticos y económicos, la lucha contra las drogas? Lo justo debería ser que si un grupo de personas puede juzgar y atacar las creencias de otro grupo, éstos últimos puedan a su vez juzgar a los primeros en igualdad de condiciones.

Habida cuenta de esto, no debería haber ideas tan sagradas que sea un tabú confrontarlas y contradecirlas. Incluso cuestiones que puedan resultar ofensivas o de mal gusto para terceros o que puedan ser tachadas de teorías conspirativas: ¿el cambio climático tiene su origen en las actividades del hombre? ¿existió o no el holocausto? ¿es la democracia representativa el sistema político idóneo? ¿es la pornografía buena para la sociedad? ¿la caida de las Torres Gemelas fue producto de una conspiración? Lo que sea...

En última instancia las ideas deberían poder defenderse a sí mismas a través de la fuerza que les confiere la razón misma, con argumentos y evidencias sólidas, no con la testarudez del fanatismo ciego.


IV. Algunas ideas finales:
1. La falacia, sobre todo cuando se trata de aquellas que ataquen el carácter de las personas para demeritar el valor de sus argumentos, constituye un irrespeto hacia éstas. En situaciones ideales, el debate de las ideas no debería admitir la falsedad.

2. Las personas deben ser responsables de sus actos y de sus ideas. Si, por ejemplo, estás a cargo de una emisora de radio, por decir algo la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas, y tu programación de odio contribuye al genocidio de millones de tutsis en un país como Ruanda, pues entonces debes pagar por tu responsabilidad en la muerte de esas personas.

3. Por último, poner a prueba las ideas no debe suponer la penalización del pensamiento. Por el contrario, debe alentarse la generación de todo tipo de ideas, incluso aquellas que puedan no agradarnos aunque no sean más que simples ejercicios de pensamiento. A través del debate y el cuestionamiento permanente de los paradigmas bajo los cuales se sustentan las instituciones es la única forma en que podemos avanzar hacia sociedades más avanzadas y más justas.

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