sábado, 4 de febrero de 2012

(30 libros) 10. Uno con una pésima adaptación cinematográfica: El Siciliano - Mario Puzo


En  una entrada anterior me referí a El Padrino de Mario Puzzo, una novela cuyos argumentos sirvieron para desarrollar no una, sino dos de las mejores películas de todos los tiempos. Desafortunadamente no puedo decir que haya corrido con igual suerte El Siciliano del mismo autor, la cual fue llevada a la pantalla en 1987 bajo la dirección de Michael Cimino y con un reparto que incluyó a Christopher Lambert en el papel de Salvatore Giuliano, Terence Stamp, John Turturro, Joss Ackland, Richard Bauer y Barbara Sukowa.

Debo confesar que hace muchos años que no veo esta película, la vez que lo hice fue en una de esas emisiones televisiones dominicales en Venevisión o RCTV, pero aún recuerdo la pobreza general de la producción, empezando por la calidad de las actuaciones, incluida la del mismo Lambert en el rol principal, quien se supone debía encarnar a un personaje desbordante de carisma pero que en la práctica nos muestra a un tipo excesivamente acartonado hablando con un acento siciliano de medio pelo.

El ritmo de la historia es bastante lento y se pierde entre la complejidad de las tramas, conspiraciones, insidias y venganzas, típica de una historia de mafiosos como ésta. Pero para mí, lo que en realidad termina de matar la película es el hecho de que sea la versión hollywoodense de la versión novelada de la historia original.

Salvatore Giuliano y su banda existieron en la vida real: Giuliano era un contrabandista, bandido y asesino que luchó por varios años contra el gobierno italiano como parte del brazo armado del grupo separatista MIS (Movimiento Independentista Siciliano). Si bien compartía parte de sus botines entre los pobres del noreste de Sicilia, lo cual le valieron fama de ser una especie de Robin Hood moderno, también es cierto es que su visión política era conservadora y luchó contra comunistas y socialistas en alianza con elementos del status quo local: la mafia, los terratenientes y los demócratas cristianos. Difícilmente podemos plantearnos fuera de la ficción la visión de un Salvatore Giuliano propulsor de una reforma agraria en Sicilia.

Como bien lo dijo Aspanu Pisciotta, primo y lugarteniente de Giuliano, durante el juicio que se le siguió luego de la muerte de éste: "Somos un solo cuerpo: los bandidos, la policía y la mafia, tal como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo".

En su versión, Puzzo crea una historia interesante y compleja acerca de la Cosa Nostra desde el origen, en la que intervienen además personajes y tramas de El Padrino, su obra más famosa. Giuliano recibe una tratamiento romantizado que lo hace simpático entre los lectores, sobre todo porque uno tiene la posibilidad de conocer de forma novelada su lado más humano, sus amores, sus aspiraciones.

La versión de Cimino lleva este romanticismo a niveles ridículos. Dos ejemplos, Giuliano no llevaba grano para vender en el mercado negro cuando mata a su primer carabiniero sino para alimentar a los pobres hambrientos y  trata de detener la matanza de Portella della Ginestra cuya responsabilidad, dicho sea de paso, recae injustamente en el film en los hombros del Terranova en lugar de su otro caporegime, el sanguinario Passatempo. Además, es partícipe de una incongruente sub-trama amorosa junto a una duquesa enamorada a la que ha asaltado en su propia villa. Pero la guinda sobre el pastel se la lleva la escena final en la cual aparece Giuliano sobre un caballo encabritado delante de un sol poniente... en su propio funeral.