lunes, 19 de marzo de 2012

Pink Floyd y el espíritu de Macondo

Nunca pensé que puediera llegar a mezclar en un misma oración las palabras "Pink Floyd" y "Macondo" en una misma oración hasta hace como cinco minutos aproximadamente. 

Es cerca de la medianoche. Mi hija tiene algo de quebranto y mi esposa la acompaña en su habitación, tratando de aliviar con su presencia los leves males del cuerpo que le aquejan. He estado trabajando intermitentemente desde tempranas horas frente a este computador, poniendo en orden asuntos que probablente debieron haber sido resueltos hace tiempo y me pregunto, a medida que voy tecleando, si no hiciera mejor en acostarme yo también. Poner punto final a un día domingo como tantos otros.

La música me acompañó a lo largo de la jornada. Por los audífonos fluyeron géneros variados: desde el rock progresivo, oscuro y enigmático, contenido en el album Lateralus de Tool (en la versión denominada The Holy Gift, en la que los temas han sido reordenados de acuerdo con las particularidades de la serie de Fibonacci); pasando por los sonidos del world music y el new age del disco Cosmopoly de Andreas Vollenweider, uno de sus trabajos más recientes y experimentales; hasta los épicos compases de la banda sonora de How to Train Your Dragon del compositor británico John Powell.

Ya entrada la noche busqué algo de Pink Floyd y decidí armar una selección variada de canciones: Astronomy Domine, Shine on You Crazy Diamond, Whish you Were Here, See Emily Play... todo estuvo muy bien hasta que le llegó el turno al tema High Hopes

Permítanme explicarles, High Hopes es un tema que verdaderamente me encanta pero de alguna forma siempre me hace sentir un poco miserable. Tiene el poder de evocar de forma profundamente nostálgica mi vida pasada: mis aciertos y desaciertos, las alegrías y los amores que tantas veces experimenté y el dolor que me acompañó otras tantas veces, la realidad de mi vida presente y los infinitos hipotéticos caminos que pudo haber tomado mi existencia pero que sólo pueden ser reales en mi mente o en algún universo paralelo. Me pregunté nuevamente si no estaría mejor en cama acompañando a mi esposa y a mi pequeña.
Agobiado por siempre por el deseo y la ambición
Hay un hambre todavía insatisfecha
Nuestros ojos cansados aún se desvían hacia el horizonte
Aunque bajando por este camino que hemos visto ya tantas veces

El pasto era mas verde
La luz era más brillante
El sabor era más dulce
Con amigos que nos rodeaban
La bruma del alba brillando
El agua fluyendo
El río sin fin
Se me ocurrió de repente que High Hopes, en su espíritu, resulta perfecta para acompañar el universo macondiano creado por Gabriel García Márquez en el cual se desarrolla buena parte de su producción literaria y en particular su obra  más afamada, Cien años de Soledad. Es más, casi puedo imaginar el solo de guitarra de David Gilmour mientras Mauricio Babilonia se da cuenta de que "las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra".

Creo que ya es hora de dormir.

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